En su primera dirección de un largometraje de ficción, “Under the Fig Trees”, la cineasta franco-tunecina Erige Sehiri utiliza un huerto como escenario para realizar una sencilla y ligera exploración de opresión patriarcal.

La película sigue las interacciones, diálogos y conflictos entre un grupo de trabajadoras y trabajadores agrícolas que, bajo la sombra de su jefe Saber (Fedi Ben Achour), se dedican a recolectar higos en un extenso huerto ubicado cerca de un pequeño pueblo tunecino. La historia se desarrolla a lo largo de un día, tiempo suficiente para comprender las distintas, y a veces complejas, relaciones entre estas personas.

Aunque éste es un esfuerzo coral, Sehiri se enfoca principalmente en los y las jóvenes. Fidé (Fide Fdhili) es intensa, demuestra tener ideas progresistas y sostiene un pequeño romance con Saber; su hermana Melek (Feten Fdhili) tiene el corazón en conflicto debido a un reencuentro en el huerto con su exnovio Abdou (Abdelhak Mrabti), quien fue forzado a madurar antes de tiempo; y la conservadora Sana (Ameni Fdhili) está enfrascada en un romance con Firas (Firas Amri), un joven frustrado que anhela una vida más grande. 

Por momentos, “Under the Fig Trees” parece un documental y eso no es coincidencia, pues Erige Sehiri cuenta con amplia experiencia como cineasta de no ficción, misma que aquí utiliza para darle una cualidad naturalista al filme. Es a través de la atenta observación y escucha de las muchas conversaciones sostenidas por los personajes mientras trabajan, que paulatinamente comprendemos el tono e intenciones de la historia. 

Además de ser una necesaria fuente de ingreso, los higueras son como pequeños refugios que protegen a Fidé, Melek y Sana del sol, del calor y de los oídos ajenos, sin embargo, esa pequeñez no es suficiente para protegerlas de la opresión de su entorno. Poco a poco, las interacciones entre el grupo forman una exploración de la cultura conservadora y patriarcal en la que viven las jóvenes. Saber, por ejemplo, utiliza su posición de poder como jefe para manipularlas y ejercer control sobre ellas: las ve como su propiedad y esa conducta tóxica parece estar normalizada en el huerto.

Pero Fidé, Melek y Sana simplemente no pueden rechazar el apoyo económico de Saber, darle las espaldas a los higueras y buscar otra alternativa laboral. La presencia de señoras y ancianas entre el grupo de trabajadores sirve para recordarnos que no existen grandes oportunidades para las jóvenes del pueblo y es posible que muchas de ellas crezcan para convertirse precisamente en esas señoras ya cansadas de tanto trabajar, pero obligadas a hacerlo por necesidad. Esto se combina con pláticas en relación a la represión de padres a hijas para reforzar la noción de que nuestras jóvenes protagonistas viven en una sociedad patriarcal y conservadora que se niega a brindarles más opciones de vida.

Las cualidades técnicas refuerzan las sensaciones de opresión. La directora de fotografía Frida Marzouk utiliza primeros planos para retratar a los personajes y generar intimidad entre ellos, pero estos planos contrastan con aquellos usados para capturar los amplios paisajes naturales del huerto, sugiriendo así que, no importa la amplitud del espacio en donde trabajen, estas mujeres no pueden escapar de la mentalidad cuadrada y conservadora de su entorno. 

También destacado es el sencillo y efectivo uso de vestuario para comunicar la personalidad de las jóvenes: Fide, la más progresista y atrevida, utiliza el velo islámico de manera laxa y constantemente se le cae. Por otro lado, Sana, la joven rígida que sueña con un matrimonio tradicional, lo porta de manera impecable: parece que nunca se le va a caer.

El elenco está conformado por actrices y actores no profesionales, muchos de ellos con experiencia en los campos, un factor que facilitó la tarea de imprimir realismo al filme. El guion, escrito por Sehiri, Ghalya Lacroix y Peggy Hamann, fue utilizado como una base para dar pie a la improvisación de muchos diálogos; esto agrega otra capa de naturalismo al desenvolvimiento narrativo, pero no siempre funciona, pues ciertos diálogos carecen de impacto, sumando así a la carencia de tensión general que existe en la película. 

Con la atención dividida entre tantos personajes, Sehiri tiene problemas desarrollando a algunos de ellos. Abdou, por ejemplo, es un ser misterioso y conflictuado cuya historia está rodeada por la melancolía de una tragedia familiar y la obligación de convertirse en un adulto, y con el joven Abdelhak Mrabti haciendo un trabajo estupendo en el rol, no pude dejar de sentirme frustrado ante lo poco que aprendemos de tan fascinante personaje.

“Under the Fig Trees” es un cachito de vida bajo opresión. Sin necesidad de escenas ostentosas, Erige Sehiri explora dinámicas patriarcales y cómo afectan la cotidianidad de mujeres en una ruralidad, pero lo hace con un toque de optimismo y asegurándose de darle luz a los lazos de hermandad utilizados para enfrentarlas.

“Under the Fig Trees” tuvo su estreno mundial en el Festival de Cannes 2022 en donde formó parte del Directors’ Fortnight.