Las películas de ataques de tiburones se popularizaron a finales de los años setenta gracias a Steven Spielberg y su Tiburón; muchos de los recursos de este tipo de cintas provienen de ese brillante génesis, sin embargo, con el paso del tiempo, han pasado de ser blockbusters impresionantes a filmes de clase B con muy bajo presupuesto y tramas ridículas: tiburones fantasma, tiburones de arena e incluso tiburones nazis; lo hemos visto todo con tiburones ¿qué más se puede hacer con ellos? El director Xavier Gens (Hitman) nos plantea una idea novedosa con su nueva cinta En las profundidades del Sena, película que ubica la acción en el corazón de la capital francesa.

París está bajo el ataque de un misterioso tiburón. Para detenerlo antes del comienzo de un importante evento internacional llaman a Sophia (Bérénice Bejo), una científica cuyo pasado está relacionado con la criatura, y a Adil (Nassim Lyed), un policía pluvial. Las cosas se complican cuando un grupo de activistas del medio ambiente liderados por Mika (Léa Léviant) buscan proteger al escualo a costa incluso de su propia vida.

Podría parecer un error tomar en serio a En las profundidades del Sena, pero por desgracia el guion comienza con lo que pudo ser un brillante eco-thriller: un grupo de científicos investigan el daño causado a la vida marina por el exceso de residuos plásticos en los océanos. Este enfoque me parece bastante valioso para una cinta de acción, lastimosamente es desechado de inmediato y solo sirve como pretexto para mal justificar las mutaciones presentes en los tiburones a lo largo de la película; sí, leyeron bien: los tiburones aquí poseen mutaciones debido a la contaminación y cada una de ellas es como un deus ex machina para seguir avanzando la historia.

La idea de trasladar la acción del mar abierto a un río contenido por una ciudad es interesante y novedosa, pero Xavier Gens no hace nada interesante con ella. Al inicio genera mucha tensión el ir siguiendo al tiburón por el cauce del río, ver la vida nocturna de la ciudad y a todas las personas cuyas vidas giran alrededor de este cuerpo de agua; de cierta forma estas secuencias funcionan para mostrarle a la audiencia todo lo que está en juego, desgraciadamente todo esto también se deja de lado para darle paso a las secuencias de acción y los ataques del animal.

El guion nunca justifica la presencia del tiburón en las aguas del Sena, los científicos tienen teorías pero jamás dicen la verdadera razón. Los funcionarios del gobierno son retratados de forma mediocre y su presencia es idéntica a la del alcalde del pueblo en la película de Spielberg: no creen en la existencia del tiburón y tampoco quieren detener un evento deportivo internacional pues “miles de periodistas estarán en la ciudad”. De igual forma el animal es capaz de moverse por todo el sistema de alcantarillado sin ser detectado pues pasa de nadar en el río a internarse a las catacumbas sin una explicación de cómo lo hizo. 

Todos estos agujeros terminan convirtiéndose en un hoyo gigantesco pues En las profundidades del Sena carece de un final: ningún arco de personaje se resuelve, el problema inicial no encuentra una solución, el destino de varios personajes es incierto y la toma final es un cliffhanger para una futura segunda parte donde todo concluya, lo cual deja una sensación bastante insatisfactoria. 

La película le da un pésimo trato a los ambientalistas: al inicio parecieran ser los héroes de la cinta, Sophia incluso pertenecía a una organización a favor de salvar los océanos, pero el grupo liderado por Mika es retratado como un montón de jóvenes desquehacerados, berrinchudos e inconscientes capaces de hacer locuras con tal de probar un punto. Esto es bastante contradictorio con el comienzo de la cinta pues prácticamente se convierten en los antagonistas a vencer por parte de la policía y la misma Sophia. Asimismo, la imagen de los tiburones en la cinta es bastante irresponsable pues todo el tiempo los trata como bestias sedientas de sangre; los ambientalistas hacen hincapié en el hecho de que los tiburones solo atacan cuando se sienten agredidos pero nadie les hace caso, ni siquiera Sophia quien debería ser la experta, y la primera solución de la policía es dispararles y matarlos.

La interpretación de Bérénice Bejo (Nothing to Hide) es interesante pues se nos muestra el contraste de su vida antes y después del ataque del tiburón, esto nos ayuda a entender las decisiones del personaje y seguirla en esta extraña venganza contra el animal. A lo largo de la cinta podemos ver su impotencia al no poder salvar a todos de los ataques y también su desesperación con los empleados del gobierno queriendo tapar el sol con un dedo. Nassim Lyed (Birds of Paradise), por otra parte, entrega a un policía bastante divertido y querido con un pasado trágico que lo motiva a siempre salir adelante. La interpretación de Nassim es agradable de ver y su mirada nos transmite guiños a ese pasado doloroso. Desgraciadamente el guion corta de forma abrupta los arcos de redención de ambos personajes y nos deja en un limbo donde no sabemos si lograrán sobrevivir. 

Los apartados técnicos son impresionantes. Las secuencias debajo del agua te mantienen en tensión constante gracias al diseño sonoro y al score de Alex Cortés, Anthony d’Amario y Edouard Rigaudiére. Los efectos visuales de los tiburones son bastante buenos, especialmente durante la secuencia de las catacumbas en la que vemos decenas de ellos, sin embargo, cuando los movimientos son rápidos, es decir, giros muy bruscos en el agua o saltos imposibles, pueden llegar a sentirse antinaturales y sacarte un poquito de la dinámica de la cinta. El maquillaje utilizado para simular los miembros mutilados por los dientes de las criaturas tras cada ataque es impresionante; este elemento combinado con el CGI de los tiburones y el opresivo trabajo de la fotografía de Nicolas Massart (Lupin) da como resultado secuencias atrapantes llenas de suspenso y desesperación. 

En las profundidades del Sena me recuerda bastante a Oso Intoxicado en cuanto al retrato irresponsable que da de un animal en un contexto diferente al de su estado natural. Las interpretaciones, los apartados técnicos y el planteamiento inicial son interesantes y novedosos, desgraciadamente la alocada idea de tener un tiburón en el río Sena no es divertida, el director Xavier Gens no hace nada atractivo con el material y termina por brindarle al espectador una experiencia insatisfactoria y hasta errónea del ambientalismo y las asociaciones protectoras de animales. 

“En las profundidades del Sena” ya está disponible en Netflix.