Hace poco, Wim Wenders nos dio un tour por los magníficos baños públicos de Japón en Perfect Days, una película sobre los pequeños placeres de la vida. Podríamos decir que el maravilloso documental brasileño Eros es un pariente lejano, solo que aquí no recorremos baños sino los moteles del amor de Brasil, y en vez de pequeños placeres, aquí se medita sobre uno de los más grandes placeres de la vida: el sexo.

Ir a un motel es algo bastante común, pero ¿alguna vez te has detenido a pensar qué hay más allá de los gemidos que se escuchan en habitaciones contiguas? ¿Quiénes son estas personas y qué representa para ellas tener una experiencia íntima en un motel? Cuando una cita dejó plantada a la directora Rachel Daisy Ellis, esta comenzó a hacerse dichas preguntas y con ello planteó la idea de este filme, integrado por pietaje de diversas parejas (o tríos) que accedieron a grabarse a sí mismas en su visita a un motel.

En Brasil existen más de 5,000 moteles de amor, pero como podrás ver en Eros, hay una enorme variedad de estilos es estos lugares. No solo se trata de una cama y un baño; este recorrido nos lleva a moteles con elementos únicos: una estructura rocosa con vista a las estrellas alberga un jacuzzi, un cuarto cuenta con grillete y jaula para lxs gustosxs del BDSM y hasta visitamos un motel para swingers con la tecnología ideal para interactuar con otras parejas.

Pero esto va más allá de la arquitectura de los moteles. A través de cada una de las 10 historias que Eros presenta, aprendemos sobre las distintas maneras de disfrutar el sexo y lo que simboliza el motel del amor en una relación. Algunas personas se graban directamente a la cámara para platicar sobre su vida, identidad y el papel que ha tenido el motel en sus vidas; de otras aprendemos a través de encantadoras conversaciones mientras cenan después de tener relaciones sexuales.

Todos los encuentros nos dejan diferentes reflexiones en torno al amor, el sexo y hasta la sociedad brasileña. La ideas de represión y cristianidad están muy presentes en algunas conversaciones; también escuchamos sobre liberación, condiciones sociales, la necesidad de ir a un motel con tu pareja para escapar de la cotidianidad y la importancia de satisfacer tus deseos y/o fantasías sexuales: relaciones pueden acabar cuando una de las partes no está interesada en satisfacer en toda faceta a su pareja.

Cada participante de este experimento cinematográfico tuvo la libertad total de filmar sus encuentros eróticos y el resultado es enriquecedor tanto en forma como en fondo. Cada persona controla qué es lo que quiere que veamos y cómo quiere que lo veamos; la propia arquitectura de los moteles le da un toque único y distintivo a cada encuentro. La pareja BDSM, por ejemplo, coloca la cámara de manera que el cepo de madera de la cama quede en primer plano y los obstruya mientras cenan, como para recordarnos que una parte importante de su relación, algo que los une, es el bondage.

Y así hay muchas y geniales expresiones de creatividad, desde la utilización de espejos en el techo para filmar cuerpos desnudos hasta la dirección de todo un juego de rol, con confesionario y disfraz de monja incluidos, como preludio a la acción. Uno de ellos, tal vez el sujeto más enigmático e interesante de todo el filme, no está precisamente interesado en el sexo, sino en platicar con la escort que lo acompaña sobre su vida de adicción.

Eros funciona a partir de la creatividad y amor de sus múltiples sujetos. Es un brillante estudio de la cultura del motel del amor en Brasil en donde un grupo de desconocidos nos abre las puertas a su intimidad para meditar sobre el papel del sexo en nuestras vidas, para cuestionar prejuicios y para explorar nuestros propios apetitos y deseos. 

“Eros” tuvo su estreno mundial en la sección NEXT:WAVE de CPH:DOX 2024.