Entre granjas, rivalidades juveniles, romance y el proceso artesanal de hacer queso comté, Holy Cow (o Vingt Dieux) es un ligero coming-of-age en el cual la directora Louise Courvoisie explora el proceso del duelo a través de las tradiciones del campo. Grabada con actores no profesionales y ambientada en el pueblo de la infancia de su creadora, este es un relato íntimo contado desde una perspectiva muy particular.

La historia sigue a Totone (Clément Faveau), quien de manera inesperada, a sus 18 años, tiene que hacerse cargo de su hermana pequeña, Claire (Luna Garret). Sin saber qué hacer, decide, con ayuda de sus dos mejores amigos, participar en un concurso de quesos comté y así ganar 30 mil euros.

La maduración de Totone va de la mano de la del queso, es un proceso lento con varias dificultades, y a veces doloroso, pero cuyo resultado es gratificante. El personaje es terco, impulsivo e irresponsable, y su evolución en hermano mayor preocupado por el bienestar de Claire nunca se siente forzado o abrupto. Es más, en varios momentos de la cinta el chico sigue sin saber bien qué hacer, es torpe, egoísta y toma pésimas decisiones, pero todo esto hace que el personaje y su proceso de crecimiento se sientan reales.

La directora crea personajes poco habladores pero muy comunicativos mediante sus expresiones o rudeza. La vida del campo es retratada como algo duro, lo cual dificulta que los jóvenes puedan procesar y expresar sus emociones, pero lo hacen a través de acciones concretas, como la camaradería de los amigos de Totone al apoyarlo en su empresa de hacer queso, o los gestos de cariño de la tosca pero a la vez sensible Marie-Lyse (Francis Maïwène Barthelemy), el interés romántico de nuestro héroe.

El queso es en sí mismo un personaje en la historia y su proceso de creación es explicado a detalle en la cinta. Conforme el personaje (y nosotros) aprendemos más de él, el interés por hacerlo pasa de ser monetario a algo emocional, una forma del joven de lidiar con lo ocurrido en su vida y crear una conexión con su hermana. De cierta forma, todos los personajes en la historia se mueven alrededor de la fabricación de este ansiado producto, lo cual ayuda a que la audiencia forme un vínculo emocional con esta tradición.

Se nota el amor de la directora por su pueblo natal, pues hay especial detalle en retratar lo que lo hace único, desde las expresiones de la gente (como la que le da el título a la película) hasta experiencias como carreras de autos en las cuales éstos tienen que dar volteretas para sumar puntos. El campo se siente lleno de vida y con personajes reales, cada viñeta, aunque sea cotidiana, se siente auténtica y permite que nos dejemos llevar por la historia.

Holy Cow es una experiencia llevadera que utiliza tradiciones y vivencias de un contexto muy específico para llevarnos a través de un viaje de crecimiento. Su contexto rural y enfoque en la creación del queso comté lo distinguen de otras historias similares y le da un sabor especial que deja una sensación placentera.

“Holy Cow” formó parte de la sección Un Certain Regard en el Festival de Cannes 2024.

Foto de portada cortesía de THE PR FACTORY.