Hay muchas cosas que damos por hechas, acciones cotidianas sobre las cuales no nos detenemos a pensar, pero ¿y si algo nos impidiera hacer nuestra vida de forma normal? El director Carlo Sironi reflexiona sobre la libertad y la cotidianidad en My Summer with Irène, una cinta meditabunda y esperanzadora sobre la amistad y las nuevas experiencias de la juventud.

Clara (María Camila Brandenburg) conoce a Irène (Noée Abita) en un retiro para jóvenes con cáncer. Las dos conectan inmediatamente y se vuelven amigas cercanas. Al volver a casa, deciden escaparse de vacaciones a una isla en la costa de Sicilia donde experimentan por primera vez una vida lejos de los hospitales, los tratamientos y la enfermedad.

El guion de Sironi y Silvana Tamma nos revela muy poca información de los personajes, de sus pasados y del momento particular que están viviendo. Los guionistas reducen los diálogos al mínimo, utilizan detalles sutiles para comunicarnos solamente lo estrictamente necesario sobre ambas chicas y al final nos presentan algo muy similar a un slice of life veraniego con playas europeas rocosas, sol y mar. La aproximación de Sironi puede parecer pretenciosa gracias a la falta de diálogos, la propuesta visual limitada del director (la mayoría de los planos de la cinta se componen de cuadros donde vemos a Clara e Irène realizando diversas actividades que rayan en lo ordinario) y la escasa presencia del score, sin embargo, todo esto apoya la situación de nuestras dos protagonistas: toda su vida han vivido entre hospitales y tratamientos médicos, por lo mismo cualquier actividad, ya sea cocinar o entablar conversación con un chico, se siente novedosa: las estamos viendo libres, independientes y felices por primera vez en su vida.

María Camila Brandemburg, quien debuta en el cine con esta cinta, y Noée Abita (The Passengers of the Night) interpretan polos opuestos. Clara es tímida y callada, constantemente se dedica a observar todo y a todos en silencio, pero su mirada es capaz de transmitir cada uno de sus pensamientos. Irène, por otro lado, es aventurera, parlanchina y constantemente empuja a su amiga a lo desconocido para hacer cosas nuevas. Ambas actrices realizan un trabajo extraordinario: se ponen en la piel de personas frágiles que intentan ser fuertes y constantemente evitan pensar en la vida fuera de la isla, en la enfermedad y en las consecuencias de su pequeña aventura. 

El score de Lionel Boutang funciona para acentuar los momentos específicos en los que Irène y Clara están viviendo una experiencia nueva pues la música rompe con el diseño sonoro y los silencios para que los espectadores prestemos más atención. La fotografía de Gergely Poharnok, por otro lado, utiliza planos generales y encuadres abiertos para retratar la cotidianidad como si se tratara de pinturas costumbristas cuya única función es retratar cada acción de las protagonistas.

My Summer with Irène puede parecer lenta e incluso aburrida pero las reflexiones que propone Carlo Sironi sobre la libertad, la amistad y la cotidianidad se sienten frescas. Las actuaciones de ambas protagonistas no caen en lo exagerado y transmiten toneladas de información a través de detalles sutiles, además sus personalidades se complementan a la perfección para crear una cinta entrañable y esperanzadora.

“My Summer with Irène” tuvo su estreno mundial en la sección Generation del Festival Internacional de Cine de Berlín 2024 o Berlinale 2024.

Imagen de portada cortesía de THE PR FACTORY.