El documental noruego Phantoms of the Sierra Madre, dirigido por Håvard Bustnes, comienza como una aventura con tintes de western pero gradualmente se transforma en un retrato de arrogancia y egoísmo blanco frente al prospecto de reconocer la apropiación cultural. Es un producto que te lleva a la reflexión dada su peculiar mezcla de historia, morbo y planteamiento de dilemas éticos.

El guionista Lars K. Andersen siempre ha estado obsesionado con los apaches, producto de su fascinación por el aventurero nórdico Helge Ingstad, quien en 1937 encabezó una expedición para comprobar los rumores de que, pese a reportes de su extinción, algunos apaches aún vivían en la Sierra Madre en México. 80 años después, Andersen intenta continuar la labor de su ídolo y emprende una expedición propia para encontrar a los apaches desaparecidos.

Por supuesto, las preguntas que te surgirán de inmediato son: “¿Tienen derecho estos hombres blancos a contar la historia de los apache? ¿Tienen derecho a buscar a una comunidad que, de existir, claramante no quiere ser encontrada?”. Andersen y Bustness dejan entrever que dicho dilema está en sus cabezas pero solo lo dejan flotando y se aventuran al sur de Estados Unidos para investigar el caso. Aquí reciben ayuda de Pius, descendiente del legendario líder apache Gerónimo, quien al igual que Lars está interesado en encontrar a la tribu perdida.

La colaboración Pius-Lars deriva en tensas conversaciones telefónicas con un agente de inteligencia que se rehusa a darle información a Lars y una confrontación que exude morbo entre Pius y un par de señoras que, sin evidencia dura alguna, aseguran también ser descendientes de Gerónimo. 

Pero Phantoms of the Sierra Madre cambia radicalmente cuando Amanda, una asesora Cree-Métis-Saulteaux, le intenta hacer comprender a Lars que su película es sumamente problemática y que tanto él como Bustness no tienen derecho a contar la historia de los apache. Sin embargo, Lars se rehusa a escuchar: cree de corazón que tiene todo el derecho de contar esta historia porque ser aventurero es un legado escandinavo. Ella le explica que todas esas historias colonialistas, como la de su ídolo Ingstad, tienen mentiras y que ahora le toca a los pueblos indígenas del mundo contar su propia historia, pero un claramente ofendido Lars argumenta que esa es una “actitud peligrosa”. 

Debates sobre la dirección del filme entre Bustnes y Lars, correos de rechazo por parte de potenciales financiadores y el descubrimiento de que en realidad Ingstad hizo la expedición para encontrar oro, generan esta noción de que la película se está cuestionando a sí misma. ¿Es éticamente correcto lo que están haciendo? 

Pese a la buena edición y las bellas tomas, hay una falsedad oculta en las venas de Phantoms of the Sierra Madre. Tal vez sea porque las conversaciones entre sujetos estén sobreproducidas, pero muchos encuentros o rencillas se sienten escenificadas y da la impresión de que, en cualquier momento, la película podría convertirse en un ejercicio meta sobre la apropiación cultural, pero eso nunca ocurre. De hecho, se vuelve un producto descarado que intenta enmascarar la ignorancia y egoísmo de sus creadores. 

Bustnes y Lars utilizan a Pius como la excusa para seguir adelante y eventualmente lo convierten en una especie de héroe que les enseña a ellos, los hombres blancos, a darle luz a las voces indígenas. Después de descubrir más fechorías de Ingstad y tomar acción para corregirlas, Lars decide, en una escena que parece sátira, que esta no es su historia, sino la de Pius. A través de esto, el documental intenta lavarse las manos y justificar todo el viaje: los hombres blancos aprendieron su lección y salvaron el día porque ayudaron a un apache a corregir los pecados de un explorador problemático. 

Pese a su manejo, Phantoms of the Sierra Madre es entretenida porque, además de contar con un genuino espíritu aventurero en donde la curiosidad es reina, no sabes hacia dónde se encamina y no sabes si su protagonista se va a dar cuenta de su ignorancia y privilegio blanco. Sin embargo, el mensaje se queda en tan solo un intento de sus creadores por redimirse, pero es plasmado con un tono condescendiente que deja en claro que, en realidad, Lars no aprendió absolutamente nada sobre colonialismo y la importancia de dejar a comunidades no blancas contar sus historias. Al final, Phantoms es otra película más en donde los hombres blancos se dan palmaditas en la espalda por hacer y aprender lo mínimo.

“Phantoms of the Sierra Madre” tuvo su estreno mundial en CPH:DOX 2024.