Kelly Reichardt tiende al discurso social a través del minimalismo y su nueva obra “Primera Vaca” (First Cow) no es la excepción. Aquí entrelaza una silenciosa crítica al capitalismo y una pacífica historia de amistad, resultando en un filme sorpresivamente profundo y digno de una larga meditación.

“Primera Vaca” abre en el presente. Un enorme barco comercial se desplaza por un río mientras un perro escarba algo a las orillas: encontró huesos humanos. Como si fuese paleontóloga, su dueña escarba hasta descubrir dos esqueletos juntos. ¿De quién son? Inmediatamente Reichardt nos transporta al Oregon de 1820. Aquí conocemos a Cookie (John Magaro), un panadero que por cuestiones de dinero, se ve forzado a trabajar como recolector junto a un grupo de cazadores. En su búsqueda de alimento, Cookie encuentra a un hombre asiático, desnudo y hambriento, se llama King Lu (“Orion Lee”) y es un inmigrante chino huyendo de un grupo de violentos rusos. Cookie lo alimenta y le da refugio. 

Tiempo después, cuando Cookie y King Lu se vuelven a encontrar, los papeles se revierten y es el asiático quien ofrece hospitalidad. Así nace una bonita amistad. Cookie es tranquilo y Lu es más ambicioso, pero ambos son de la misma clase social y buscan una vida mejor. Una oportunidad se les presenta cuando encuentran a una solitaria vaca. De hecho, es la primera vaca de la región y le pertenece a un adinerado imperialista. Cookie es un panadero y Lu es un comerciante nato, así que juntos se dan a la tarea de escabullirse por las noches y ordeñar a la vaca para producir galletas y panecillos destinados a la venta en el mercado local. Su pequeño negocio es un éxito, así que cada vez que es necesario, repiten el arriesgado crimen para obtener leche fresca y seguir generando dinero.

La relación entre Cookie y Lu es simple pero dulce. Te encariñas de ellos y comienzas a compartir sus sueños de abrir un negocio en San Francisco, así que la amenaza latente de que sean descubiertos cobra mayor significado. Pero el riesgo es necesario para personas como ellos. Aún en 1820, con pantanos en vez de pavimento, la división de clases sociales es muy marcada y los dos compadres deben de aprovechar la oportunidad dorada que la vaca provee para asegurar su futuro.

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En esta narrativa hay un conflicto social sobre disparidad. Podríamos compararlo con “Parasite” de Bong Joon-ho; las circunstancias y la ejecución son distintas, pero la idea es similar: personas de clase baja se aprovechan de la riqueza de alguien de clase alta.

Y el elemento central de la crítica nos lo dice el título. La vaca llega al territorio en una pequeña balsa en el río; venía acompañada de su familia, un toro y un becerro, pero ambos fallecieron en el camino. Y así, este adorable mamífero con manchas va flotando en el agua, solitaria y sin saber que está a punto de ser la precursora del capitalismo en la zona. Sin saber que está a punto de perder toda identidad para convertirse en una herramienta de explotación, un recurso y una fuente económica más de un cruel sistema capitalista. 

A partir del momento en el que llega a Oregon, la vaca va a ser explotada hasta el fin. Para el capitalismo, la vaca es carne, leche y transporte. Solo representa dinero. Hay un contraste imponente en la vida de esta vaca. Al ordeñarla, Cookie habla con ella, la acaricia y le provee con un trato respetuoso y humano. La empatía proviene de la personalidad humilde de un buen hombre y es el opuesto a la manera en cómo su verdadero dueño se expresa de ella, como si no fuera más que un símbolo de dinero con cuatro patas.

Durante el transcurso de una escena particularmente interesante, un adinerado cacique (Toby Jones) charla con un amigo militar sobre cómo mantener a raya a la servidumbre y evitar motines. “Un castigo más estricto puede ser el mejor camino”, aconseja. Este hombre es un capitalista con poder adquisitivo que utiliza un control violento para aumentar su poder. Es la misma violencia a través de la cual el ser humano ha establecido un control desalmado sobre otras especies: un sistema en donde el animal no tiene opción. Un sistema en donde solo importa el dinero. 

La primera toma de la película es la de un barco comercial tranquilamente flotando en el agua. Todo empezó con una primera vaca, hoy es una industria tan dura y deshumanizada como el metal de esa embarcación. 

“Primera Vaca” es una selección oficial del Black Canvas Festival de Cine Contemporáneo 2020.