Con Bad Luck Banging or Loony Porn y ahora Do Not Expect Too Much of the End of the World (No esperes demasiado del fin del mundo), es claro que Radu Jude se ha convertido en uno de los autores que mejor saben retratar la desquiciada modernidad en la que vivimos. En su nuevo largometraje, ganador del Premio Especial del Jurado en Locarno, Jude utiliza la odisea mundana de una mujer explotada para hacerte reír pero también reflexionar sobre los discursos en las redes sociales, la hipocresía de las grandes empresas, la explotación laboral, la burocracia, los fantasmas del comunismo, el deterioro de las ciudades, entre muchos otros temas. Es una épica absurdista sobre todas esas pequeñas cosas que nos están llevando hacia el fin del mundo.

La película sigue a Angela (Ilinca Manolache), una asistente de producción explotada que conduce por todo Bucarest para realizar pequeños castings a personas que quedaron discapacitadas como consecuencia de accidentes laborales. El objetivo de la casa productora para la que trabaja es realizar un video sobre seguridad en el ambiente de trabajo, o más bien propaganda para que una poderosa empresa pueda limpiarse las manos de sus negligencias.

Ilinca Manolache es divertidísima, auténtica y también un tanto impredecible en un papel lleno de matices cuya genialidad radica en lo ordinario que es. Angela es una persona común que, como tanta gente alrededor del mundo, es explotada por sus jefes. Hay una tremenda ironía en su misión a lo largo de la película: para colaborar en la realización de un video sobre seguridad laboral, ella es sometida a agotadoras jornadas de 16 horas al día detrás del volante que la ponen en peligro de un accidente. Pero esto también la hace tanto víctima como perpetradora en este círculo de explotación. El carro es un símbolo dual que representa la libertad de ir a todos lados pero la represión de no poder escapar del tráfico, los insultos de otros conductores y el mandato del jefe.

Perpetuamente cansada, Angela se divierte y se desahoga de la trivialidad de su trabajo cuando saca la cámara frontal de su celular y graba videos para sus seguidores de TikTok en los cuales, utilizando un filtro que la hace ver como un hombre calvo que tiene una grasienta uniceja, se transforma en “Bóbita”, un materialista fan de Andrew Tate que dice muchísimas groserías, lanza grotescas amenazas misóginas, alaba a Putin y despotrica contra todo. Jude utiliza estas provocaciones para acentuar cómo es que algo tan estúpido y que la misma Angela se toma como broma, puede convertirse en una forma de dividir y normalizar conductas abominables. Manolache saca adelante todas estas escenas con mucho humor para seguir empujando el brillante absurdo construido por su director.

Si bien su primera hora puede ser confusa y desafiante, Do Not Expect Too Much of the End of the World paulatinamente te hipnotiza. No hay conformismos en la dirección de Jude, quien plasma con hilarante precisión el tedio que vive su protagonista y rompe reglas cinematográficas una y otra vez para tomarte desprevenido con tomas enigmáticas, chistes perversos y mixturas inesperadas, tales como el uso del documental durante un montaje en el que, por momentos, parece que Jude te va a mostrar las 600 tumbas a las que Angela alude durante una genial conversación con su jefa Doris Goethe (Nina Hoss).

Este repentino tono sombrío da pie a un cambio de ritmo impuesto por la segunda parte de este “Relato de Cine y Economía” (subtítulo de la película) en donde el rodaje del comercial por el que Angela tanto ha trabajado conduce a una secuencia tan larga como graciosa e implacable en su manejo sociopolítico. Hay nervios, negligencia, descaro y, por supuesto, videos de Bóbita.

El cameo del director Uwe Boll (interpretándose a sí mismo) es otro ejemplo de la funcional impredecibilidad del filme. Además de sacar risas, esta bienvenida sorpresa acentúa la gran sapiencia cultural de Angela que le permite conectar con todo tipo de personas, incluyendo las familias de clase trabajadoras a las que visita y con quienes elegantemente sostiene charlas sobre detalles sociopolíticos que en conjunto pintan un cuadro completo de las fallas sistémicas de Rumania.

Jude entrelaza la historia de Angela con pietaje de la película rumana Angela Goes On de 1981 sobre la rutina solitaria de una taxista (Dorina Lazar) que recorre las calles de Bucarest. Fue una obra sutilmente transgresora que superó los censores del régimen de Nicolae Ceaușescu y que Jude relaciona con la narrativa de su Angela para dejar en claro que, a pesar de los drásticos cambios políticos, muchas cosas siguen iguales. 

Aunque la película le habla a todo el mundo, mexicanos (como yo) van a conectar mucho con Do Not Expect Too Much of the End of the World porque los conflictos que Jude retrata de su país también son cosa cotidiana en México. Entre la risa de ver cómo una exasperada Angela lidia con el caos del tráfico de Budapest, verás plasmada la descortesía y alarmante agresividad normalizada de conductores en CDMX; en los mandatos al estilo “ponte la camiseta” que recibe Angela por parte de sus jefes, recordarás esa compañía nefasta para la que trabajaste (o trabajas); las charlas sobre caminos descuidados evocan la corrupción de autoridades. Si bien el discurso de Jude va encaminado hacia cómo la sociedad post-caída soviética sigue siendo defectuosa en Rumania, hay muchísimos paralelismos con esta distopía mexicana en donde la impunidad y la corrupción son reinas. Es increíble cómo algo tan surreal logra capturar con tanto realismo nuestro mundo.

Las imágenes más relacionadas al “fin del mundo” suelen ser ataques nucleares, grandes inundaciones, plástico en los mares y el derretimiento de glaciares, pero todas estas desgracias tienen bases mucho más sencillas que aquí Jude, en calidad de maestro, retrata a través del absurdo, elementos como la avaricia capitalista, la normalización del odio o hasta un hombre neurótico gritándote desde su carro por no ir a la velocidad qué él quiere, y es que es precisamente este egoísmo y falta de empatía lo que nos está acercando a la extinción. Do Not Expect Too Much of the End of the World nos recuerda que el fin no llegará de repente. Las autoridades, los gobiernos y los poderosos ya nos dejaron solos y simplemente van a seguir destruyendo el planeta con pequeñas acciones mientras seguimos adelante con nuestras vidas, lentamente aceptando y abrazando nuestro inevitable fin.

“Do Not Expect Too Much of the End of the World” o “No esperes demasiado del fin del mundo” es la selección de Rumania para el Oscar a Mejor Película Internacional 2024. Tuvo su premiere mexicana en Black Canvas 2023 y ya está disponible en MUBI.