¿Una décima parte de Saw? Si dejamos de lado los resultados de la franquicia a nivel de crítica y nos enfocamos en lo económico, definitivamente todas han sido rentables para Lionsgate, pues han costado en promedio 10 millones de dólares y han recaudado hasta 6 veces más. Y para seguir cosechando dinero llega Saw X: El juego del miedo del director Kevin Greutert, una propuesta interesada en generar una historia poco rebuscada y cuyo foco es retratar emocionalmente a su protagonista: John Kramer o mejor conocido como Jigsaw. 

Luego de los acontecimientos de Saw (2004), en los que John Kramer (Tobin Bell) pone a un doctor y un fotógrafo a debatirse entre la vida y la muerte en un baño, el famoso y misterioso asesino busca una cura para su cáncer cerebral y al parecer la respuesta está en México en manos de una organización médica experimental. Aquí, Kramer se somete al tratamiento, pero con el paso de los días se percata que en realidad todo fue una mentira y ahora los responsables pagarán por sus actos. 

A Hollywood no se le quitan los prejuicios, pues esta película se suma a la interminable lista de propuestas que retratan a México con un filtro color sepia y folklorizando su cultura mediante la hiperbolización de figuras aztecas y el consumo de tequila. Además, a través del armado narrativo, Greutert pinta al país como un lugar casi sin jurisdicción, ya que la farmacéutica que propone curar a Kramer tuvo que irse de Estados Unidos por las regulaciones y la dificultad para operar, ¿a dónde llegó? A donde existe más condescendencia y menos restricciones, según ellos. 

Es importante señalar que la saga perdió el camino cuando en la tercera entrega decidieron matar a John Kramer: como consecuencia de introducir a muchos pero poco relevantes personajes, las historias comenzaron a ser mucho más rebuscadas y desordenadas. La anterior entrega, que funcionó como spin-off, y esta nueva propuesta (que en el engranaje es una precuela), son más concisas y mantienen intacta la esencia de la franquicia. 

Saw X entrega intensas y eficaces secuencias de autolesiones muy al estilo del concepto, sin embargo, están lejos de ser memorables debido a la poca creatividad de sus ejecuciones y porque son variantes de otras trampas mortales vistas en la franquicia. Lo más relevante recae en la construcción de John Kramer porque es humanizado mediante los vínculos que construye con su discípula Amanda (interpretada nuevamente por Shawnee Smith) y un niño con el que comparte un juego mortal. Aquí se explora un poco más acerca de la moral de Kramer y el por qué elige como sus víctimas a personas que no valoran su vida, una vida que a él se le acaba poco a poco. Esto complejiza más al personaje que deja de funcionar sólo como un villano sádico.

La narrativa propuesta por Josh Stolberg y Pete Goldfinger (Jigsaw: El juego continúa) tiene pocos pero efectivos giros de tuerca que complementan y hacen atractiva la experiencia para los gustosos de la saga y el público casual que busque una película de body horror con calidad técnica y sencillez argumental, sin necesidad de historias interconectadas. 

Saw X: El juego del miedo continúa el objetivo de  revitalizar a la franquicia en compañía de su actor insignia: Tobin Bell, quien con su postura desenfadada e inexpresividad, provoca tensión en cada uno de sus diálogos e interacciones. Esta décima entrega es concisa, divertida y cumple con lo que ofrece: sangre, muertes y hasta el regreso de Billy. 

“Saw X: El juego del miedo” ya está disponible en cines.