The Mean One: Un siniestro cuento de navidad de Steven LaMorte es la versión terrorífica de El Grinch en la que predomina el absurdo, una mala edición y exageradas actuaciones. Esta película es otro fallido intento por adaptar al terror la historia de un personaje icónico, ya en el dominio público, de la cultura popular. 

Años después del asesinato de su madre en Nochebuena, Cindy (Krystle Martin) regresa a su lugar de origen en un poblado en las montañas con la novedad de que la Navidad ya no se festeja más, pues un espeluznante ser nombrado como The Mean One (David Howard Thornton), de aspecto verdoso, ataca a los habitantes sin cesar durante la temporada. 

La tendencia de darle un giro de terror a propiedades intelectuales de dominio público está en ascenso (¿se acuerdan de Winnie the Pooh: Miel y sangre?), sin embargo, las ideas no han llegado a buen puerto debido a la zozobra en el desarrollo de las historias y la poca creatividad de los elementos técnicos. The Mean One: Un siniestro cuento de navidad no es la excepción.

¿Sería alocado pensar que muy en el fondo las verdaderas intenciones de El Grinch sin las reflejadas en esta película (el odio a la Navidad que lo llevó a matar personas)? Obviamente los otros productos, como la película protagonizada por Jim Carrey y la versión animada del 2018, son adaptaciones cercanas a la idea de Dr. Seuss, pero si echamos a volar la imaginación maquiavélica o tal vez nos clavamos en el subtexto del personaje, podemos concluir que las motivaciones y la personalidad de este ser gruñón no distaban de lo que en este filme podemos apreciar, pero la torpe dirección de LaMorte echa por la borda una idea jugosa.

Actualmente la falta de presupuesto no es suficiente para justificar el fracaso de una cinta a nivel técnico (véase The Terrifier 2). The Mean One nunca consigue generar una atmósfera sofocante, pues los espacios y sus decorados son genéricos y sin vida; los abruptos cortes en la edición provocan que las escenas no tengan fluidez y por consiguiente todo se sienta aletargado, una pena por las escasas secuencias de acción que podían haber hecho un poco más disfrutable la experiencia. 

Otro de los problemas de la película es que mezcla géneros de una manera atropellada y sin coherencia: por momentos es un filme de terror con jumpscares por doquier, después se convierte en una comedia que roza lo absurdo (pegándole al estilo Carrey) y al último se torna en una propuesta de acción (sobre todo en el enfrentamiento final), en donde sin mucha explicación aparece un arma de francotirador, granadas y la protagonista se convierte en una especie de Jean-Claude Van Damme. 

Uno de los pocos aciertos de esta propuesta, sobre todo cuando la poca iluminación lo envuelve, es el diseño de The Mean One (nombrado así como referencia a una canción hecha para la película animada de 1966). Cuando la fotografía de Christopher Sheffield juega con poca luz y planos abiertos, el personaje encuentra sus mejores momentos visuales.

The Mean One: Un siniestro cuento de navidad desperdicia las ideas de violencia y desastre en torno al personaje y por eso resulta ser una propuesta aletargada pese a su hora y media de duración. Nunca encuentra su tono y en consecuencia el espectador puede perder rápidamente el interés. Un fallido intento por darle un giro a la historia de un personaje reconocido de la cultura popular. ¿Cuál será el siguiente víctima?

“The Mean One: Un siniestro cuento de navidad” ya está disponible en cines mexicanos.