París es mundialmente conocida como la ciudad de la luz y del amor, pero esa concepción no es compartida por todos sus habitantes. Para algunos, este lugar puede ser una jungla desmoralizadora e inmisericorde. En The Story of Souleymane, Boris Lojkine utiliza al género del thriller para ponernos en los zapatos de un migrante que vive esto todos los días y a prácticamente toda hora.

Faltan dos días para la crucial entrevista de solicitud de asilo de Souleymane (Abou Sangare), un hombre proveniente de Guinea que trabaja clandestinamente como repartidor de comida (para un app al estilo Uber Eats) en París. La película sigue a Souleymane mientras trabaja arduamente para conseguir dinero que lo ayude a prepararse mejor para la entrevista.

Por supuesto que las cosas no son tan sencillas como la premisa sugiere. A lo largo de estos dos días, vemos todos los obstáculos y dificultades a las que se enfrenta nuestro protagonista migrante. Al peligro de pedalear a toda velocidad por las calles parisinas, la presión de tener que entregar muchos pedidos a tiempo y el estrés de lidiar con clientes exigentes o hasta con policías, le agregamos estafadores que se quieren aprovechar de él y la nostalgia de estar lejos de casa, de alejarse cada vez más de sus seres queridos. Y en medio de esta locura sin cuartel, Souleymane tiene que encontrar tiempo para preparar su entrevista y memorizar exactamente qué dirá para convencer al oficial en turno.

The Story of Souleymane es una experiencia absorbente que busca transmitir la asfixia por la que atraviesan miles de trabajadores indocumentados en tierras ajenas a las suyas. Con una dirección que recuerda a filmes como Playground y Happening, Lojkine utiliza brillantemente sus elementos técnicos para crear una atmósfera tan íntima como estresante que te ayuda a empatizar con Souleymane. El director de fotografía Tristan Galand hace buen uso de su experiencia en cine documental para darle una cualidad realista y áspera a las imágenes. Galand utiliza planos medios y cámara en mano para capturar al protagonista y hacer un seguimiento íntimo de sus vivencias y la desesperación por la que ataviesa; son contadas las ocasiones en las que Souleymane sale de cuadro. Asimismo, la edición de Xavier Sirven mantiene el ritmo frenético y la sofocante sensación de que los problemas se están apilando; incluso en los momentos más callados e íntimos, nuestro protagonista atraviesa por una situación emocionalmente agotadora.

Lojkine no utiliza un score musical, sino que se apoya de una excelsa atmósfera sonora. Podríamos decir que la música son los sonidos de la vida parisina, los sonidos de una ciudad caótica que amenaza con tragarse vivo a Souleymane. Las escenas en bicicleta a toda velocidad son altamente agobiantes porque, además de la fotografía temblorosa, el diseño sonoro hace parecer a París como un monstruo: en cada entrega se siente peligro por la vida del protagonista y temes que en cualquier momento un carro le ponga fin a su recorrido.

El manejo narrativo de la preparación de la entrevista le da una dimensión interesante al filme. Guíado por una especie de tutor (pagado, por supuesto), Souleymane decide que para pedir asilo contará una historia ajena a la suya, una en la que es un exiliado político. La verdadera razón por la que Souleymane decidió emigrar la conocemos hasta el tercer acto y por ello existe una brillante ambigüedad alrededor de su personaje a lo largo del metraje. ¿Qué lo hizo querer emigrar? Si no es por razones políticas, ¿qué lo llevó a tal extremo de tener que abandonar a su madre y novia? Con esto, Lojkine y su coguionista Delphine logran dos cosas muy inteligentes: en primer lugar, aciertan con una pequeña crítica al sistema de migración y asilo, uno que parece estar interesado únicamente en víctimas políticas cuando en realidad pueden existir un cúmulo de razones que obligan a alguien a emigrar. Y esto a su vez te hace cuestionar tus prejuicios hacia los migrantes y el significado de una frontera. Sea cual sea el motivo de Souleymane, ¿deberíamos juzgarlo por querer emigrar? ¿Por qué existen tal grado de control en las políticas migratorias? ¿Deberían los países solo aceptar a quienes sufrieron un infierno en su país? 

El elenco está integrado en su mayoría por actores no profesionales y eso incluye al excelente Abou Sangare, quien transmite la desesperación y desesperanza del personaje mediante un trabajo contenido; en los momentos más problemáticos, Sangare no cae en el melodrama o en expresiones grandilocuentes, sino que utiliza una silenciosa intensidad para plasmar el peso del momento. Esto mejora todavía más en la emocionalmente demandante escena de la entrevista.

El director construyó la película a partir de un trabajo de investigación en el que entrevistó a verdaderos inmigrantes y repartidores parisinos, y tuvo la oportunidad de asistir a entrevistas para solicitud de asilo reales. Sin embargo, el resultado final no está libre de pecado, pues sin siquiera saber el nombre del director es bastante fácil adivinar que se trata de un hombre blanco. Desde una mirada de compasión de una señora blanca en el metro hasta una oficial de protección de asilo dispuesta a dar segundas oportunidades, la dirección de Lojkine (Camille) tiene pequeños detalles que parecieran romantizar el papel del hombre blanco en la crisis migratoria. Por el contrario, los grandes obstáculos a los que se enfrenta Souleymane son otros hombres africanos que aquí son retratados como ávaros y egoístas.

Pese a estos problemas, no hay duda de que The Story of Souleymane es una herramienta sumamente efectiva para empatizar con la experiencia migrante, un filme compacto y sin respiro que hábilmente utiliza su atmósfera de estrés para visibilizar la otra cara de la moneda parisina. 

“The Story of Souleymane” tuvo su estreno mundial en la sección Un Certain Regard del Festival de Cannes 2024.