Ya sea documentando el terror dentro de un hospital durante el pico de la pandemia en The First Wave, siguiendo a vigilentes que luchan contra los cárteles en Cartel Land, o cubriendo el regreso de los talibanes en Afghanistan en Retrograde, el nombre de Matthew Heineman está asociado con la palabra “peligro”. Sin embargo, en su más reciente documental, American Symphony, Heineman no tuvo que arriesgar su vida para entregarnos uno de sus mejores y más íntimos trabajos. Aquí sigue al músico y compositor Jon Batiste mientras prepara la obra más importante de su carrera al tiempo que enfrenta un desafío muy delicado en su vida privada.

Aunque no estés al tanto de la industria musical moderna, es probable que hayas escuchado la música de Jon Batiste, ganador del Oscar a Mejor Score Original por Soul y ganador del Grammy 2022 a Álbum del Año por We Are. Y si nada de esto te suena, no importa porque este documental cumple con la tarea de mostrarte, con lujo de detalle, exactamente quién es Batiste: su gigantesco talento, su proceso creativo y su filosofía y, el aspecto diferenciador, sus desafíos personales. 

El día en el que Jon Batiste recibió 11 nominaciones al Grammy, su pareja, la escritora y artista Suleika Jaouad, tuvo su primera sesión de quimoterapia: después de años en remisión, su leucemia regresó. Es así que Heineman nos muestra  la intimidad de un artista balanceando su carrera con su relación amorosa, pues mientras Suleika va y viene de hospitales, Batiste está en proceso de componer la histórica sinfonía que presentará en el Carnegie Hall, legendario reciento musical.

La labor de Heineman y su equipo de edición fue titánica, pues redujeron 1500 horas de pietaje a hora y 42 minutos de poesía fílmica a través de la cual observamos una historia de amor y un proceso creativo en tiempos de incertidumbre. En un maravilloso montaje vemos a Batiste preparar su sinfonía pero lo que esuchamos son sus conversaciones telefónicas con Suleika, quien desde el hospital relata sus desafíos y miedos. En otra escena pasamos de manera totalmente orgánica de la conmovedora boda de los sujetos a una melancólica escena en la que Batiste rapa a Suleika en preparación para su tratamiento. Y es que American Symphony constantemente se balancea con total soltura entre la incertidumbre y la esperanza, el dolor y el amor, sin dejar del lado cómo todos estos elementos están relacionados a la creación del arte.

Hay una inolvidable escena en la que Batiste, durante un concierto, dedica una canción a Suleika. Aquí, con exquisita fotografía que potencializa la energía del momento, Heineman captura el poderío musical de su artista y cómo utiliza el arte para procesar su dolor. Me recordó a los minutos finales de A Beautiful Day in the Neighborhood cuando el Mr. Rogers de Tom Hanks parece estar desahogando todas sus emociones en el piano. La diferencia es que Batiste convierte todas esas complejas emociones en una pieza artística que te quita el aliento: el piano se convierte en un arma para comprender lo que siente el artista, pues transmite algo que no se puede expresar con palabras.

Durante la sinfonía que le da el título a la película, un apagón pone en riesgo la velada pero Batiste responde con un formidable solo de piano que Heineman utiliza para ilustrar todos los obstáculos que el artista y su esponsa han superado para crear un lazo inquebrantable. Esto es American Symphony: una inolvidable demostración del poder del arte para conectar, empatizar y curar.

“American Symphony” ya está disponible en Netflix.