“Bigbug”, primera película en casi nueve años de Jean-Pierre Jeunet (“Amélie”), es una sátira que a pesar de ser futurista, se siente anticuada en muchos aspectos. Sin embargo, entre comedia pesada, personajes desagradables y torpe manejo de sus temáticas, encontramos mucha personalidad.

La película nos lleva a un 2045 en donde existen carros voladores, robots que hacen las tareas domésticas y androides con Inteligencia Artificial llamados Yonyx (interpretado por François Levantal). Los libros son arcaicos y prácticamente toda noción relacionada al mantenimiento de la casa es controlada por tecnología. Y esto le cuesta caro a los humanos cuando los Yonyx comienzan una cruzada por erradicarlos. 

Casi toda la historia de “Bigbug” se desarrolla dentro de una casa en una zona residencial. Su dueña Alice (Elsa Zylberstein) está intentando emprender un amorío con un artista perpetuamente calenturiento llamado Max (Stéphane De Groodt) cuyo hijo adolescente Léo (Hélie Thonnat) se la pasa en el celular. Pronto aparecen el exesposo Victor (Youssef Hajdi) y su nueva novia Jennifer (Claire Chust), la vecina Françoise (Isabelle Nanty) y la hija adolescente Nina (Marysole Fertrard), quien fue adoptada cuando “se inundaron los Países Bajos”. Todos estos personajes quedan atrapados dentro de la casa cuando el apocalipsis robótico comienza y el propio sistema de seguridad de la vivienda impide su escape.

En los primeros minutos del filme, vemos a la robot sirvienta Monique (Claude Perron) inspeccionar la personalidad de Max a través de métricas digitales: “erección: 100%” dice su pantalla. Este chiste se repite tres veces en los siguientes minutos, cada vez con menos efectividad. Y éste es un problema recurrente en esta película, pues Jeunet nunca sabe cuando parar con un chiste o idea. Si surge un nuevo conflicto, Jeunet lo extiende hasta el hartazgo y si hay algo gracioso, Jeunet lo recicla hasta que las risas no existan más. La exageración es total.

Da la impresión de que Jeunet y su coguionista Guillaume Laurant se encerraron durante un mes en su casa viendo Los Supersónicos y todas las películas de Terminator e inmediatamente comenzaron a escribir el guion de “Bigbug” sin nadie que pudiera detenerlos o darles consejos sobre cómo funciona el mundo contemporáneo y las nuevas generaciones.

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El filme entero es una advertencia sobre nuestra dependencia tecnológica y el inminente peligro de desarrollar inteligencias artificiales. También hay una crítica sobre el capitalismo y el autoritarismo. Pero todo esto es abordado de manera tosca y con un entendimiento muy pobre del presente o de cómo se comportan los jóvenes, así como un sentido del humor inconsistente, dando como resultado una exploración insatisfactoria y básica de todas sus temáticas. Su intento por relacionar el predicamento de sus personajes con el aislamiento del COVID-19 tampoco aterriza. En realidad, la película no tiene nada nuevo o inteligente que decir.

Entre una insufrible mujer obsesionada con sus vacaciones, una adolescente rebelde sin carisma y un interés amoroso unidimensional cuya única cualidad es siempre querer tener sexo, es muy difícil empatizar con los personajes de Jeunet y pasar tiempo con ellos no es agradable.

Sin embargo, a pesar de quedarse estancada como comedia exasperante, “Bigbug” tiene mucha personalidad. Además de tener un diseño creativo, los robots domésticos son ingeniosos y tiernos; son ellos quienes se encargan de proveer momentos de verdadera simpatía, así como pequeñas reflexiones sobre su labor de solidaridad hacia el humano. Asimismo, la vibrante paleta de colores, el endemoniado ritmo de la edición y la cantidad de extravagantes invenciones tecnológicas en la casa son casi hipnóticas y evitan el aburrimiento. Siempre hay algo ocurriendo en la película. 

Al final, la comedia es el elemento crucial para que disfrutes o no de “Bigbug”. Si tu sentido del humor empata con la sensibilidades de las irreverencias de Jeunet, es probable que pases un buen rato con las locuras narrativas y extravagancias visuales, de lo contrario te encontrás con chistes exagerados y una historia débil que fallidamente intenta hablar sobre la importancia de siempre conservar la humanidad en nuestra sociedad.

“Bigbug” ya se encuentra disponible en Netflix.