“I Comete – A Corsican Summer” es una cinta que te hace dudar sobre la naturaleza de lo que estás viendo. ¿Es documental o ficción? Y es que, en su largometraje debut, Pascal Tagnati nos da una rebanada de vida veraniega en una aldea de Córcega. Es una ficción en donde la observación es reina.

La película está compuesta por una serie de escenas cotidianas que no parecen estar unidas por la lógica, pero que juntas conforman una historia de comunidad muy auténtica. 

Al darnos diversas voces y puntos de vista como referencia, Tignati logra crear una pintura inmersiva. 

Con una cámara estática observamos a gente platicando por las calles, al novio neurótico peleando con los locales, la charla de un plomero soñador, discusiones apasionadas sobre fútbol internacional, masturbación junto a un precioso lago, juegos de fútbol, conflictos amorosos, bailes y hasta una procesión por las calles.

En medio de todo esto, Tignati presta especial atención a Franje (Jean-Christophe Folly), el único habitante negro del pueblo, cuya relación con su propio origen es el tema mejor desarrollado de “I Comete”. Fascinantes conversaciones sobre maternidad e identidad intentan formar al personaje de Franje y de paso enriquecer su relación con la comunidad.

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“I Comete – A Corsican Summer” | Cortesía: THE PR FACTORY

La mayoría de las escenas son amenas y al estar acompañadas por deslumbrantes paisajes naturales de fondo, conforman una experiencia exquisita de paz. A veces me encontré más atento del sonido de un río que de los diálogos. Tal vez sea el aislamiento hablando, pero viendo “I Comete” dan ganas de dejar todo y viajar a Córcega para relajarse. 

Sin embargo, no todo es tranquilidad. También encontramos burdas tradiciones y tensiones que lentamente van burbujeando hasta culminar en el sufrimiento de animales que nada tienen que ver con el egoísmo humano. La presencia de la cacería es también un elemento que no está en primer plano, pero sí en segundo. Mientras alguien está en lo suyo, escuchamos balazos a lo lejos o incluso vemos trampas; es como si Tignati nos estuviera recordando que la tranquilidad de estos escenarios tan hermosos no es para todos los seres que ahí viven.

El error de Tagnati fue forzar la longitud del filme. 128 minutos es un exceso para lo que estaba intentado hacer. A pesar de que toda escena suma al factor de autenticidad de “I Comete”, varias de ellas terminan siendo innecesarias. De haber sido recortadas, estaríamos ante un producto más digerible para todo tipo de audiencias. 

Aunque su duración es excesiva, “I Comete – A Corsican Summer” es una ligera y enriquecedora película sobre comunidad y libertad que te permite viajar hasta Córcega para disfrutar de sus paisajes y vislumbrar la vida cotidiana.

“I Comete – A Corsican Summer” tuvo su premiere mundial en el Festival Internacional de Cine de Róterdam 2021. En este enlace puedes encontrar más detalles sobre fechas de proyecciones.