Miranda July es una artista multidisciplinaria cuya corta filmografía busca explorar y comprender los lazos que unen a la raza humana. Esa visión es más clara que nunca en “Kajillionaire”, película que ofrece una historia íntima y original sobre la necesidad de dar y recibir afecto.

Aquí seguimos a los Dyne, una familia pobre que se dedica a realizar pequeños robos para subsistir. Robert (Richard Jenkins) y Theresa (Debra Winger) son unos padres paranoicos, insensibles y extraños que nombraron a su hija “Old Dolio” (Evan Rachel Wood) en honor a un vagabundo que ganó la lotería porque tenían esperanzas de que les diera un poco de dinero por hacerlo (no lo hizo). 

Old Dolio es una chica callada que porta ropa extraña y siempre camina con hombros derrotados. Es explotada por sus padres, quienes controlan todo aspecto de su vida y nunca le han mostrado afecto. Viven en una oficina abandonada junto a una fábrica de burbujas en donde todos los días deben limpiar la espuma rosa que rezuma de las paredes. Este elemento casi surreal ayuda a sentar el tono de “Kajillionaire”, pues July juega con ideas de fantasía para contar su historia.

Durante la ejecución de un extraño fraude involucrando maletas perdidas, Robert y Theresa conocen a una alegre chica llamada Melanie (Gina Rodríguez) y la aceptan como parte del grupo criminal, pues tiene acceso a ancianos vulnerables y sus chequeras. Esto conflictúa a Old Dolio, pues la personalidad de Melanie es completamente opuesta: es independiente, jubilosa y siempre se viste bien.

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“Kajillionaire” | Los Cabos 2020

July te sumerge en un mundo brillante al borde del surrealismo que esconde enorme melancolía detrás de su simple premisa. Old Dolio debe encontrar su identidad, pues sus padres le han arrebatado hasta la oportunidad de tener un nombre normal. Literalmente vive escondida detrás de su cabello y es claro que su personalidad es derivada de una profunda tristeza y carencia de afecto. Sin embargo, ella no conoce otra cosa y no puede dejar de seguir las órdenes de sus padres, quienes ha creado un pequeño culto de paranoia y crimen; al robarle la personalidad a su hija, es más fácil utilizarla como herramienta para robos, pues pasa desapercibida. La absurda frialdad de la familia provoca disconfort y alimenta las dificultades de la protagonista en su búsqueda por madurez.

Tras un encuentro con un viejo moribundo, Old Dolio comienza a exhibir emociones profundas y las ganas de expresarlas, pero ¿cómo hacerlo? Está completamente reprimida y no sabe cómo salir de su caparazón. Es aquí donde entra Melanie, quien ofrece su apoyo y sutilmente intenta abrirle los ojos. Es claro que este no es un viaje individual y Old Dolio va a necesitar de Melanie para salir de su vida tóxica y finalmente experimentar amor. La relación nos lleva por caminos sorprendentes y una inolvidable escena cósmica.

La estética es grandiosa. Encontramos una burbujeante paleta de colores en donde resalta el rosa y una exquisita atmósfera auditiva cortesía del compositor del momento Emile Mosseri (“The Last Black Man in San Francisco”); su score nos coloca en una nube para permitir fluir nuestras emociones.

“Kajillionaire” tiene elementos de drama social, comedia, heist, fantasía y coming-of-age, pero Miranda July nunca pierde de vista el tema afectivo que le da vida a la historia. Es una película extravagante que gradualmente se introduce a tu corazón para firmemente plantar sus ideas de anhelo y cariño.

“Kajillionaire” es la función inaugural del Festival Internacional del Cine de Los Cabos 2020.