“The Whale” cuenta con los elementos que han definido, de una manera u otra, la carrera de Darren Aronofsky: autodestrucción, gente dañada, obsesión bíblica, tensión, el regreso de un gran actor y una dirección que inevitablemente será divisiva. 

Adaptada de la obra teatral de Samuel D. Hunter, “The Whale” sigue, a lo largo de cinco días, a Charlie (Brendan Fraser), un hombre con obesidad mórbida, condición que desarrolló de manera paulatina a partir del suicidio de su novio Alan. El hombre nunca sale de su departamento en Idaho, trabaja como maestro virtual de inglés y su único contacto real con el exterior es a través de Liz (Hong Chau), su mejor amiga y enfermera que además de traerle comida chatarra, comparte una conexión muy importante con él. 

Charlie pesa más de 250 kg, necesita una andadera para caminar y algo tan simple como una risa lo induce a ataques de tos. Tiene una presión arterial de 238 sobre 134 y es evidente que sus días están contados. Después de una experiencia cercana a la muerte, Charlie intenta reconectar con su hija Ellie (Sadie Sink), una rebelde y grosera adolescente que lo odia por haberla abandonado, y a su madre Mary (Samantha Morton), durante su infancia para escapar con Alan. 

Esta es la historia de un padre optimista inundado por culpas que intenta abrir sus heridas para sanarlas. Antes de morir, quiere demostrar que su vida tuvo valía y hacer algo bueno por su malvada hija, quien solo accede a visitarlo a cambio de $120 mil dólares. “The Whale” juega con nociones de salvación y la necesidad de cuidar a otros: Charlie quiere salvar a Ellie y hacerle entender lo inteligente que es, pero a su vez tenemos al personaje de Thomas (Ty Simpkins), un joven misionero de un culto llamado New Life que desarrolla una obsesión por salvar a Charlie a través de sus ideas espirituales. Liz, a su vez, cuida, acompaña y le ruega a Charlie que vaya al hospital, pero también le lleva toda su comida chatarra; es una relación tóxica fascinante que juega con el concepto de “salvación”. 

Para la realización de este complejo estudio de personaje, Aronofsky crea un entretejido de temas: culpa, obesidad, homosexualidad, redención, espiritualidad, salvación, religión, compasión y abandono paternal. No todos salen a flote con fuerza pero es fascinante la manera en cómo el director logra unir todos estos temas utilizando a un puñado de personajes y un solo escenario. 

El personaje de Thomas parece solo existir para insertar, con poca sutileza, las ideas religiosas a la narrativa, sin embargo a partir de él se desprende una poderosa escena en donde Charlie defiende con determinación su amor por Alan. Aquí, Aronofsky aborda las malinterpretaciones de la Biblia y las ideologías hipócritas que ni siquiera logran entender el concepto clave del libro: el amor. Pero además, este momento destaca por el interesante contraste entre la feroz resolución de Charlie en relación al amor y la nula voluntad que tiene para controlar sus hábitos alimenticios.

Pero estamos hablando de Aronofsky así que por supuesto que va a haber controversia y división. La película quiere que veas más allá de la masa de Charlie para encontrar su bondad y compasión. Sin embargo, existe cierta crueldad al retratar la obesidad del protagonista, en particular durante las escenas de comida. Aronofsky dirige a Fraser devorando pollo frito, pizza y sandwiches como si fuera una película de terror: potencializa el sonido húmedo de la boca de Charlie al masticar, utiliza música inquietante y lentos push in. En el afán por señalar cómo la sociedad suele ser cruel hacia la obesidad, la mirada voyeurística de Aronofsky se siente irresponsable porque reduce una compleja afección a un espectáculo grotesco y a una cuestión puramente moral y emocional que sugiere que todas las experiencias con la obesidad parten de un mismo punto (depresión, en el caso de Charlie), cuando, por supuesto, pueden existir muchos elementos involucrados. 

Sin embargo, “The Whale” funciona porque, incluso en estos momentos de humillación, la actuación de Brendan Fraser rebosa con emotividad. En un principio parece que estamos ante otra actuación maximalista hollywoodense potenciada por plastas de maquillaje y prostéticos, pero Fraser sobrepasa todas esas barreras estéticas para entregar un trabajo absorbente, conmovedor y sutil; limitado en movimiento, el actor exitosamente transmite calidez, compasión, tristeza y dolor utilizando sus ojos y expresiones faciales. Fraser ha hablado sobre sus experiencias traumáticas y problemas relacionados al aumento de peso, y por ello, no es sorpresa que su empatía y respeto hacia el personaje de Charlie se siente siempre auténtica. 

Aunque diferente en naturaleza, la actuación de Hong Chau (“Showing Up”) alcanza los mismos niveles de excelencia que la de Fraser, con quien comparte enorme química. Sus escenas conllevan una potente carga emocional y las actuaciones transmiten el dolor de sus personajes sin necesidad de exposición. Los temas de abandono personal son efectivos en gran medida gracias a una cruel y efectiva actuación de Sadie Sink (“Stranger Things”), mientras que, en una escena clave, Samantha Morton (“The Walking Dead”) deja su marca con un trabajo de altísima calidad.

Al final, los elementos gorodofóbicos y un guion irregular que tiene problemas desarrollando los temas que propone no son suficientes para sofocar a un Brendan Fraser excelente que, con apoyo de un fortísimo elenco, hace de “The Whale” una experiencia cautivadora en donde es imposible sentir indiferencia.
“The Whale” fue la película inaugural del Festival Internacional de Cine de Los Cabos 2022.