Este año llegó a cines la desastrosa Winnie the Pooh: Miel y Sangre, una película que prometía ser una entretenida experiencia, cuyo bajo presupuesto se iba a ver compensado por su ridícula premisa. El resultado en realidad fue una terrible cinta hecha sin alma ni cuidado. Los creadores de dicho producto podrían tomar algunas notas de Slotherhouse, del director Matthew Goodhue: un divertido slasher sin muchas pretensiones con un tierno y letal oso perezoso como protagonista.

Tras ser raptada de la selva en Panamá, una osa perezosa es adoptada por Emily (Lisa Ambalavanar), una chica noble pero cuyo mayor deseo es ser popular. Debido a esto, usa a la perezosa (a la cual llama Alpha) para conseguir votos en su campaña a presidenta de su sororidad. Sin embargo, Alpha tiene otros planes: movida por el rencor de haber sido arrebatada de su hogar, planea una sangrienta venganza contra Emily y sus amigas.

La estrella del show es la marioneta que da vida a Alpha, acompañada de los divertidos sonidos de Rudi Rok para la voz. El hecho de que sea un títere recuerda inmediatamente a películas clásicas del género comedia/terror como Gremlins, a la vez que ayuda a mantener el tono ridículo que se busca. Su tierna carita y apariencia de peluche contrastan con chistosísimas escenas en las que apuñala con sus largas garras o se teletransporta en medio de la noche.

Esto último lo leyeron bien: la película no tiene miedo a llevar su premisa a los extremos más absurdos. Sus creadores (el guionista Bradley Fowler y la productora Cady Lanigan) en ningún momento pensaron en que esta historia tuviera algún tipo de veracidad. En lugar de esto aceptan lo boba que es su idea y juegan con ello: Alpha no solo mata gente, también sabe usar computadoras, abre cervezas, frunce el ceño como señal de venganza y hasta maneja un automóvil. Slotherhouse no es el tipo de filme al que vas esperando algo serio y profundo.

En cuanto a los valores de producción, lo más destacable son los efectos prácticos y cómo resuelven las muertes con humor: la película pudo haber caído en el error de mostrar demasiada sangre o hacer masacres muy elaboradas, lo cual hubiera matado un poco su tono divertido y pudo haberse visto muy falso. No hay una propuesta fotográfica, actoral o sonora muy compleja (de hecho, hasta se ve televisiva), pero lo compensa con muchas risas y hasta algunos homenajes a clásicos del género como Halloween, The Shining y Psycho.

También hay un mensaje interesante sobre la importancia de respetar la vida animal y no sacar a estas criaturas de su hábitat para tenerlas de mascotas. La película integra de forma ligera y entretenida este tema sin nunca resultar abrumador para la audiencia, lo cual tal vez haga que más gente reflexione sobre ello sin sentirse señalada.

Slotherhouse no es una obra maestra, pero es una divertida cinta para ver con amigos y pasar un buen momento. Su tierna y letal protagonista es memorable, su tono es llevadero y está hecha con mucho cariño. Si bien no llega a los niveles de trabajos como M3gan en cuanto a calidad técnica se refiere, realmente cumple con todas las expectativas de una película sobre un perezoso asesino suelto en una sororidad.

“Slotherhouse” está disponible para la renta en Estados Unidos.