En 2012, el director Nikolaj Arcel nos trajo La reina infiel, un impecable drama de época que lograba encontrar en su historia ambientada hace varios siglos varios puntos relevantes para los tiempos modernos, como el enfrentamiento frente a las estructuras injustas de poder y la violencia económica contra la mujer. Era un trabajo difícil de superar, pero bajo una línea parecida ahora dirige El bastardo (The Promised Land), un impresionante filme de escalas épicas hecho para verse en la pantalla más grande posible.

Este relato de resistencia nos cuenta la lucha de Ludvig Kahlen (un gran Mads Mikkelsen), un exmilitar que se propone a lograr lo que nadie ha podido: tener una cosecha exitosa en los terrenos áridos de Dinamarca. De ser exitoso en su proeza, recibirá un título nobiliario y el reconocimiento del rey. Sin embargo, su mayor problema no es el inclemente clima o los bandidos que azotan la zona, sino un cruel y despiadado terrateniente, Frederik De Schinkel (Simon Bennebjerg), quien usa todo su poder para destruir su sueño.

Con una fotografía imponente de su colaborador habitual, Rasmus Videbæk, Arcel sumerge al espectador en esta batalla cuya victoria parece imposible. El guion de El bastardo mantiene la tensión en todo momento, con obstáculos cada vez más implacables, los cuales son traducidos con efectividad a la pantalla gracias a un apartado técnico muy cuidado. Los paisajes majestuosos resaltan la pequeñez de Ludvig ante la naturaleza indomable, cuyo clima e inclemencia ponen en peligro todo una y otra vez.

Fuera de quedarse en únicamente la pelea de Ludvig frente al privilegio de De Schinkel, el trabajo explora temas como la autorrealización frente a las expectativas sociales de “éxito”, el racismo disfrazado de superstición, la explotación de la mujer en un sistema opresor y la indiferencia de los gobiernos ante las injusticias de los terratenientes (cuyo lugar actualmente ocupan las grandes empresas). Todo esto puede sonar demasiado, pero los acontecimientos están hilados a la perfección para transmitir estas ideas en sincronía con el viaje del protagonista.

Este escenario es poblado con personajes dignos de la majestuosidad de la historia. Mads Mikkelsen (Otra ronda) siempre nos entrega actuaciones memorables, y ésta no es la excepción. Su frialdad y ambición lo mantienen distantes en un inicio, pero poco a poco Mikkelsen va revelando de forma sutil las inseguridades y humanidad detrás de Ludvig. Para cuando la cinta termina, compartimos su dolor y entendemos perfectamente lo que piensa sin necesidad de palabras: un plano sostenido en su mirada es suficiente para conmovernos y ver el peso de esta lucha en sus ojos, desesperados por ocultar emociones imposibles de contener.

Simon Bennebjerg (El pacto) debería pasar a la historia como uno de los mejores villanos de esta década: su despiadada y cruel caracterización convierte a Frederik en un una fuerza antagónica despreciable, odiosa, que te retuerce el estómago con tanta maldad pero sin caer en la caricaturización. Es de esos personajes que solo con su presencia hace temer al espectador: sabes que cuando está en pantalla cosas malas se avecinan y deseas su caída inmediata.

Otra actuación sobresaliente es la de Amanda Collin (Raised by Wolves), la sirvienta y luego compañera de batalla de Ludvig. Su importancia en la historia crece paulatinamente, pasa de ser un personaje de fondo al corazón del relato, nos enamora con su compasión pero también intimida con su fuerza de carácter, y prácticamente se roba el clímax de la película. Melina Hagberg, en su debut, también es encantadora como una pequeña huérfana criada por bandidos, quien aligera la solemnidad propia de la película y saca varias risas sin sentirse fuera de tono en el resto del elenco.

No hay suficientes palabras para expresar lo inmersiva y atrapante que es El bastardo. Arcel, Mikkelsen y el resto del equipo nos traen una obra de gran calidad cinematográfica, altamente entretenida y muy relevante para nuestros tiempos. Su epicidad amerita verla en salas de cine para dejarte llevar a un mundo que, pese a estar ambientado en el siglo XVIII, se siente tan cercano como si estuviera ocurriendo hoy en día.

“El bastardo” o “The Promised Land” está disponible en cines mexicanos.