La primera media hora de Evil Does Not Exist la pasamos casi enteramente en medio de la naturaleza. Ryusuke Hamaguchi nos invita a admirar su belleza y su imponencia, así como la cotidianidad de las personas que viven rodeada de ella, para comprender qué es lo que podría perderse con el proyecto de glamping que una agencia quiere construir en la zona. Pero también hay algo más. Pareciera que la misteriosa música de Eiko Ishibashi quiere transmitir otras emociones, independientes a la belleza del medio ambiente. Y es que conforme avanza la historia, estas imágenes irán adquiriendo otros significados que a su vez impactan la creciente prominencia del propio título de la cinta: El mal no existe.

Durante esos primeros minutos también observamos a Takumi (Hitoshi Omika), un silencioso todólogo que conoce a la perfección el pequeño pueblo de Mizubiki, mientras lleva a cabo sus tareas cotidianas de recolectar agua y cortar leña. También pasea con su curiosa hija Hana (Ryo Nishikawa) y le enseña sobre la vegetación y los animales ―un encuentro con los restos de un venado es particularmente importante y se relaciona al sonido de un disparo que escuhamos momentos antes. 

La elegante y paciente fotografía de Yoshio Kitagawa muestra la belleza del entorno, como invitándonos a pensar en la degradación que podría sufrir con la llegada de turistas buscando un fin de semana de descarga. Aunque en la introducción todavía no es claro, su lente también captura la inmensidad del bosque; más tarde, estas mismas imágenes nos recuerdan que a la imponente naturaleza se le debe respetar.

El filme comienza a tomar forma con la llegada de dos agentes, Takahashi (Ryuji Kosaka) y Mayuzumi (Ayaka Shibutani), quienes explican los planes del proyecto de glamping durante una reunión en el pueblo. Pero los locales inmediatemente encuentran y explican los graves fallos del plan: “lo que hagan río arriba afectará a los que viven río abajo”, explica amablemente el jefe del pueblo. Es evidente que el glamping está diseñado de manera pobre y apresurada; los responsables solo quieren maximizar ganancias y ahorrar dinero sin importar si eso perjudica a la naturaleza y el pueblo. 

Esta comunidad está muy unida y comprende las necesidades de todos; cuando expresan sus preocupaciones a los agentes, lo hacen sin alzar la voz, siempre de manera elocuente, organizada y con la intención de ayudar. Esta descripción podría sugerir que la secuencia en cuestión es relativamente serena, pero en realidad es muy tensa: las espectaculares escritura y dirección de Hamaguchi (Drive My Car) logran crear estrés a partir de tranquilidad. Algo incluso más fuerte ocurre durante el enigmático final del filme, cuando el director inesperadamente pasa de la calma a un horror asfixiante.

Por supuesto que Evil Does Not Exist no se decanta por una simple disputa de “aldeanos buenos contra empresa mala”. Estamos hablando de Ryusuke Hamaguchi, así que a continuación nos encontramos con que Takahashi y Mayazumi legítimamente se sienten avergonzados de la pésima preperación del proyecto e intentan convencer a su jefe de replantear todo por el bien del medio ambiente y la comunidad; a través de una breve secuencia en un carro, la película brillantemente desarrolla a estos dos personajes y le da una nueva dimensión a ellos y a la historia. Sin embargo, pese a sus intenciones, lo que no entienden ni ellos ni su ávaro jefe (quien por supuesto se niega a ceder), provenientes de la urbe y contextos capitalistas, es que están frente algo más grande e incontrolable: la Madre Tierra.

El glamping se construiría en medio de un sendero de venados, pero, Takumi explica, no habría problema con turistas porque los animales salvajes no se acercarían a ellos… a menos que uno de ellos se encuentre herido y no pueda escapar: entonces inevitablemente haría lo necesario para sobrevivir. Con su título, Hamaguchi nos dice que la maldad no existe en la naturaleza: los animales salvajes no van a dañar al hombre, a menos de que tengan que actuar en defensa propia. Del mismo modo, los aldeanos ya intentaron razonar con los agentes de manera calmada, ya explicaron sus preocupaciones y necesidades: ¿qué puede ocurrir si son ignorados? ¿qué pasa si el proyecto amenaza su modo de vida y su salud? La maldad no existe inherentemente en sus almas, pero puede manifestarse como mecanismo de autodefensa. 

Estas reflexiones quedan volando en el aire como gas hasta que una chispa, anunciada sutilmente a lo largo del filme, crea una explosión. La Madre Tierra hace lo suyo porque el ser humano alteró su existencia; y en un espejo de nuestra gris realidad, las víctimas que pagan los platos rotos no son los ultraricos, egoístas o violentos que están provocando esa alteración, sino los más vulnerables o incluso los que más deseos tienen de cuidar su existencia. Aunque el mal no exista, por naturaleza, los seres vivos optarán por la supervivencia sin importar quién esté en el camino.

“Evil Does Not Exist” o “El mal no existe” ya está disponible en cines españoles a través de Caramel Films. Imagen de portada cortesía de Caramel Films.