Exhuma: La tumba del diablo, del director Jang Jae-hyun, ha sido todo un éxito en su lugar de origen, Corea del Sur, donde ya se encuentra en el top 25 de películas nacionales más taquilleras de su historia (incluso por encima de Parasite). ¿Cuál es el secreto de su éxito? Si bien es una película técnicamente loable y con varios sustos bastante efectivos, lo que realmente la distingue es su capacidad de conectar tradiciones religiosas surcoreanas con el trauma histórico de la ocupación japonesa.

Hwarim (Kim Go-eun) es una chamana que es contratada por una familia rica cuyos varones no pueden conciliar el sueño porque el espíritu de su antepasado los llama desde la tumba mientras duermen. Ella reúne a un equipo de expertos para realizar el ritual de exhumación y darle descanso eterno al espíritu. Entre los miembros están su protegido y asistente, Bong Gil (Lee Do-hyun); un experto que usa el Feng Shui para ubicar las tumbas adecuadas para los muertos de los ricos (Choi Min-sik); y un maestro de pompas fúnebres (Yoo Hae-jin). Sin embargo, el grupo pronto se da cuenta de que están desenterrando algo mucho más oscuro que un simple cadáver.

Contrario a lo sugerido por su desafortunada traducción en español, Exhuma no se trata sobre el diablo o demonios, al menos no en el sentido cristiano de la palabra. En su lugar, la estructura, dividida en varios capítulos, nos lleva al mundo del chamanismo coreano y sus tradiciones. La película se toma su tiempo para explicarnos los elementos fundamentales de su mitología, su funcionamiento y sus reglas, lo cual evita preguntas o dudas una vez que el terror es liberado.

Los rituales están excelentemente ejecutados, con una edición cuyos cortes aumentan acorde al ritmo y la tensión manejados. Los cánticos y golpes del tambor marcan la intensidad del acto, mientras las tomas se alternan de forma abrupta para darnos una visión completa pero a la vez confusa de todo lo ocurrido. El sonido también es clave, con su atmósfera envolvente y más asfixiante conforme avanzan las secuencias ritualisticas. Las secuencias de terror, principalmente las que involucran un espíritu, están también muy bien armadas en cuanto a cómo usan la tensión.

Este realismo viene desafortunadamente acompañado de elementos de maltrato animal, como el uso de gallinas, cadáveres de cerdos y sangre de caballo. Si bien esto es justificado por los personajes, quienes explican el propósito de los animales en medio del ritual, a ratos su inclusión se siente gratuita, pues ver a la chamana con la cara cubierta de sangre o macheteando cadáveres de cerdos no suma mucho a la repulsión que ya se logra de manera efectiva con la construcción de las escenas.

El elenco entrega muy buenas actuaciones, destacando a Kim Go-eun (Hero) y Choi Min-sik (Old Boy). Como la chamana, una imponente, fría, ambiciosa y siempre en control Kim Go-eun ayuda a entender el sentido de peligro incluso cuando ella pierde el temple ante la amenaza sobrenatural. Por su parte, Choi Min-sik es la voz de la prudencia del grupo, es el primer personaje que nos da una idea de lo peligroso del trabajo y es con quien es más fácil conectar gracias a su carisma.

De forma similar a En la piel de mi madre, la cinta usa el terror como una alegoría de la ocupación japonesa en Corea y sus consecuencias. El guion hila de manera inteligente los fantasmas de la películas con los del pueblo coreano, es literalmente una exhumación de una historia dolorosa que todos preferirían olvidar. Para acentuar esto, la trama cambia completamente de tono debido a un giro inesperado de acontecimientos: pareciera casi otra película. Si bien este nuevo enfoque es más efectivo para adentrarse en la historia del país, lo hace a costa de reducir los sustos y el terror. Qué tanto miedo te dé esta segunda mitad dependerá un poco de tus gustos, pero en general el cambio abrupto se sostiene más en el suspenso y la fantasía que en el terror.

Con un gran compromiso técnico y una historia ligada al trauma colectivo de una nación, Exhuma: La tumba del diablo logra balancear bien los elementos del género con su exploración del pasado coreano. Sus esfuerzos por dotar de realismo a los rituales chamanistas rinden sus frutos, pues generan una atmósfera atrapante. ¿Es esta la película más terrorífica de los últimos tiempos? No realmente, pero es una buena opción para asustarte y a la vez adentrarte en la cultura de Corea del Sur.

“Exhuma: La tumba del diablo” ya está disponible en cines mexicanos.