Frida Kahlo es, probablemente, la artista plástica mexicana más reconocida a nivel mundial debido a su gusto por el arte popular mexicano de raíces indígenas, a su trágica vida y a su tórrido romance con el muralista Diego Rivera. La historia de la pintora ya fue llevada a la pantalla grande por la directora Julie Taymor y Salma Hayek en 2002, sin embargo, ahora la editora Carla Gutiérrez (RBG), en su ópera prima como directora, le da una perspectiva más íntima y cruda a la vida de la artista en Frida, documental que mezcla animación con pietaje de los años treinta en México. 

Frida nos cuenta la vida de Frida Kahlo (voz de Fernanda Echeverría) desde su infancia hasta su muerte, a través de sus diarios personales, cartas y los testimonios de quienes la conocieron, todo esto mientras sus obras cobran vida en la pantalla a través de distintos procesos de animación. 

La estructura de Frida es similar a la de Imágenes de (mi) una madre de Melanie Lischker: la cinta se compone de fotografías, videos (a algunos se les agrega color a través de métodos digitales), stills de las cartas y diarios de la artista acompañados de una narración en primera persona, pero el mayor atractivo de la película es ver las pinturas y dibujos de Frida Kahlo animados en la pantalla. Algunas imágenes aparecen como manchones de tinta, otras lucen borrosas y muchas más se construyen a partir de pequeños detalles hasta formar la totalidad del cuadro en movimiento.

Los diarios de Frida le dan una mayor profundidad a la figura de la artista y le permiten al espectador una visión más íntima de su vida y sus pensamientos; por ejemplo, es impactante leer cómo vivió el accidente de tranvía de 1925 en el que un tubo de metal le atravesó el cuerpo: las palabras de Frida logran transmitir miedo y dolor, la incertidumbre ante los diagnósticos médicos contradictorios y la tristeza de estar postrada en cama, todo esto mientras La columna rota, pintura de 1944, toma forma frente a nuestros ojos con todos sus clavos, grietas y lágrimas.

Es interesante cómo el documental le permite a Frida hablar por ella misma pero no solamente de su vida sino también sobre sus obsesiones, sus amores, sus inclinaciones políticas, la familia mexicana, su experiencia en Estados Unidos, la superficialidad de la élite europea y el arte: Frida nos habla sobre teoría del color, composición, las tendencias artísticas y la manera en que el arte y la vida se entremezclan para formar una obra universal a partir de la experiencia personal.

La edición de Carla Gutiérrez y la interpretación de Fernanda Echeverría son fundamentales para construir la cinta. Gutiérrez recontextualiza las obras de Frida Kahlo y las organiza para que funcionen de acuerdo a la narración, a un momento histórico específico o a las emociones de la protagonista. Gutiérrez utiliza fotografías, vídeos y encabezados de noticias para situarnos en una época y lugar determinados, como los viajes a Estados Unidos y Francia, pero también para presentar a figuras importantes en la vida de Frida, como León Trotsky, por ejemplo. 

Por otra parte, Fernanda Echeverría (Celeste soledad) le da vida a las palabras de Frida de una manera solemne; por medio de su voz y una entonación específica podemos interpretar las palabras escritas sobre la pantalla, pero la directora no le permite a la actriz caer en el melodrama o exagerar el tono para hacer un énfasis especial, más bien permite que las palabras y frases más contundentes golpeen al espectador por el contenido, no por quién lo está diciendo.

Desgraciadamente Gutiérrez quiere abarcar en su totalidad a Frida Kahlo y por lo mismo brincamos de su vida a su pintura, de su romance con Diego a los amoríos y su divorcio, de sus viajes a su experiencia personal como artista. Esto es cansado pues no terminamos de profundizar en nada específico y en ocasiones, durante los momentos más impactantes de la vida de la artista, la directora acelera el ritmo y no nos permite sentir el impacto de lo que vemos en pantalla.

Frida se siente como una larga conversación amistosa en una cafetería y desmitifica a la figura inalcanzable del artista para centrarse en la persona con miedos, inseguridades, celos, dudas, alegrías, enojos y tristezas. El formato animado es necesario en este caso y crea composiciones bellas a través de los recursos pictóricos de los cuadros de Frida e incluso les da un nuevo significado cuando escuchamos en voz de Fernanda Echeverría los pensamientos de la autora de todo lo que vemos en pantalla. Frida es un autorretrato de una mujer encontrando su lugar en el mundo.

“Frida” forma parte de la programación del Sundance Film Festival CDMX 2024.