La esperada conclusión de la saga de Ti West y Mia Goth llega a su fin en una tercera entrega cargada de vibra ochentera que da cierre a varios de los temas tratados antes en X y Pearl: la obsesión por la fama, el ambiente despiadado de Hollywood y la hipocresía del puritanismo del pasado. Sin embargo, aunque cuenta con muertes más elaboradas y es mucho más ambiciosa, algo de su esencia parece haberse perdido en el camino.

Esta película sigue a Maxine Minx (Mia Goth), quien tras los eventos de X ha logrado hacerse de fama en la industria para adultos, pero ya está lista para dar el siguiente paso al estrellato en el cine hollywoodense. Esta oportunidad llega cuando una arriesgada directora (Elizabeth Debicki) la elige para protagonizar su siguiente película, Puritana II, una transgresora cinta de horror con temas de satanismo. Todo parece ir increíble para Maxine, pero los fantasmas del pasado y un misterioso asesino en serie amenazan con arruinarlo todo.

En esta trilogía, Ti West ha disfrutado mucho jugando con la forma: en X mezcló elementos de La masacre de Texas con el estilo porno de los 70, mientras que en Pearl (la más arriesgada de las tres), tomó el technicolor de los melodramas de los 50 y lo tergiversó en un macabro estudio de personaje. Por ende, no es sorpresa que MaXXXine siga esta fórmula y nos dé una muy buena imitación de los slasher baratos de los 80, tanto en técnica como estructura. Todos estos tipos de cine eran considerados basura en su tiempo, cine con “c” minúscula, y West trata de reinvindicarlos en algo con sustancia sin dejar de ser fiel a su estilo.

El problema con MaXXXine es que la imitación diluye los mensajes y termina transformándose justamente en los slashers a los cuales hace referencia. Hay secuencias ridículas y sacadas de la nada (una involucrando a un asesinato en un coche viene a la mente), cabos sueltos que no llevan a ningún lado, un giro exagerado y predecible a la vez, todo hecho intencionalmente pero sin mucho para sostenerlo.

En este sentido, la película de West me recuerda muchísimo a The Paperboy, una cinta que alguna vez vi a alguien llamar “fascinante basura”. Este trabajo igual emulaba a las películas de bajo presupuesto sesenteras al punto de casi ser una de ellas: es un ejercicio de rigurosidad técnica, ciertamente, ¿pero en qué punto dejas de solo copiar a una mala película y te conviertes en una? MaXXXine levanta una duda similar, ¿cuál es el propósito detrás de toda la imitación?

La superficialidad de MaXXXine se hace más clara cuando notamos cómo los temas tratados son una repetición de sus dos entregas anteriores, pero sin ningún añadido. Ambas usaban su ambientación para dar un discurso sobre el choque generacional en Estados Unidos, sobre todo de la represión puritana del pasado frente a la liberación sexual. Pearl era un monstruo creado por las expectativas de la sociedad, una mujer cuya libertad era un sueño inalcanzable. Cuando ve a Maxine grabando películas porno en X, su envidia despierta su instinto asesino y busca privar a otros de la libertad que ella jamás tuvo (temas muy relevantes con el regreso cada vez más presente en nuestros tiempos de “los valores tradicionales” y la pérdida de derechos).

Pero MaXXXine repite estas observaciones sin la innovación o el colmillo del pasado. El villano es una encarnación demasiado obvia de estos temas y las referencias a la hipocresía de Hollywood se sienten menos mordaces, pese a estar ambientada en un estudio con grandes y elaborados sets. Parecería que el aumento de presupuesto fue proporcional a la disminución de creatividad.

De hecho, la cinta brilla más cuando hace referencia a su pasado. Las mejores escenas son cuando el fantasma de Pearl todavía persigue a Maxine, y esto se presenta de formas muy inteligentes: desde referencias sutiles, como la protagonista parada en la estrella del paseo de la fama de Theda Bara (actriz favorita de Pearl) o el mejor amigo de la chica viendo una película de cocodrilos asesinos (como la mascota de la villana), hasta llegar a verla en la ventana del set del Motel Bates o una aparición brillante durante una prueba de maquillaje. La película protagonizada por Maxine incluso es descrita como un trabajo que “quiere mostrar cómo detrás del tecnicolor de los 50 todo estaba igual de podrido”, ¿suena familiar, no? Pero esto solo nos recuerda la superioridad de las precuelas.

Aun con las limitaciones del papel frente a las entregas pasadas, Mia Goth es increíble como siempre en esta saga, mientras que  Kevin Bacon es igual de memorable como un corrupto detective privado. También hay mucho para disfrutar en cuanto al aspecto visual, así como la selección de música. En general es un trabajo bastante entretenido, los fans del género seguro encontrarán muchas referencias y probablemente admiren su compromiso con traer a la vida la vibra de la época. Pero para ser la conclusión de una saga con ideas tan interesantes, MaXXXine se conforma con ser buena cuando pudo llegar a las estrellas.

“MaXXXine” ya está disponible en cines mexicanos.