El miedo es la reacción natural de los seres humanos ante lo desconocido. La desconfianza que genera el miedo puede protegernos pero también impedirnos disfrutar de muchas cosas nuevas. Orión y la Oscuridad (Orion and the Dark), la nueva película animada de Dreamworks dirigida por Sean Charmatz, habla sobre nuestros miedos más profundos y cómo sobreponernos a ellos.

Orión (Jacob Tremblay/Sammir Hernández) es un niño de once años con miedos que van desde equivocarse al responder en clase y los perros hasta la preocupación de no entender el concepto abstracto de la nada y ser absorbido por un vórtice hacia lo desconocido; sin embargo, el miedo más grande de Orión es la oscuridad. Una noche, cansado de los gritos y quejas del niño, la Oscuridad (Paul Walter Hauser/Noé Velázquez) se presenta en una forma corpórea y se ofrece a llevarlo en un viaje para superar sus temores y conocer las maravillas que ofrece el mundo cuando cae la noche.

El guion escrito por Charlie Kaufman (escritor de El ladrón de orquídeas y director de Pienso en el final), basado en el libro de ilustraciones de Emma Yarlett, jamás subestima a la audiencia y constantemente reta a los espectadores mediante recursos como el monólogo interior del personaje o la metanarración para darle más capas de profundidad al relato, además, no pierde el tiempo sobreexplicando todo e incluso se burla de las películas animadas que concluyen todo de forma apresurada y muestran a los personajes bailando en la escena final.

La animación puede parecer simple, sin embargo conforme nos adentramos en la cinta podemos encontrar una mezcla de varios estilos: los personajes, cuyos diseños son derivativos y sencillos, están animados en 3D, los fondos son planos pero están estilizados para dar la ilusión de imitar las pinceladas de una pintura; los elementos como sonidos o los poderes específicos de los distintos seres mágicos tienen una animación 2D y las secuencias en las que Oscuridad vuela para llevar la noche a distintos lugares, son hermosas y recuerdan a las acuarelas mezcladas con agua sobre un lienzo.

Orión y la oscuridad toca temas complejos a través de sus personajes principales. Orión, por ejemplo, al comienzo puede parecer algo neurótico, sin embargo lentamente nos damos cuenta de que sufre de ansiedad y esto lo lleva a sobrepensar todo el tiempo. Las secuencias iniciales de la cinta, en donde los artistas utilizan distintas técnicas de animación para mostrarnos los miedos del niño, nos ayudan a entender de forma visual cómo funciona la ansiedad y la creación de escenarios catastróficos en nuestra mente. Oscuridad, por otra parte, es bastante inseguro y constantemente necesita recibir la aprobación de otros para sentirse bien. Esto podemos verlo cuando tiene frente a él a Luz (Ike Barinholtz/Dan Osorio), otra entidad antropomorfizada con la cual se compara todo el tiempo.

Los personajes secundarios son divertidos y representan otras entidades de la noche. Dormir (Natasia Demetriu) e Insomnio (Nat Faxon) tienen gags bastante divertidos y utilizan un humor adulto, sin embargo Silencio (Aparna Nancherla) y Ruidos Misteriosos (Golda Rosheuvel) tienen poco que hacer. Quien tiene un rol más activo durante el tercer acto y funciona como una guía moral para el grupo es Sueño (Angela Bassett): ella orienta a todos y entiende la importancia de su trabajo.

Orión y la oscuridad nos enseña que la ansiedad no desaparece mágicamente si te enfrentas a tus miedos, siempre estará ahí, latente, pero si avanzamos, de a poco, todo estará bien. El corazón de la cinta está en la relación entre Orión y Oscuridad, ninguno de ellos es perfecto y llegan a herirse el uno al otro, sin embargo crecen juntos y consiguen sobreponerse a los obstáculos. El guion de Kaufman puede no ser perfecto y toma ciertas conveniencias narrativas (de las cuales él mismo se queja) al final, pero sin duda logra trasladar su particular estilo a una película familiar bastante original y divertida.

“Orión y la oscuridad” ya está disponible en Netflix.