Además del factor especista de tratar a otros seres vivos como si su existencia no fuera valiosa, está comprobado que la industria ganadera produce una alarmante cantidad de emisiones que contribuyen al calentamiento global. Es por ello que se agradecen películas como Pollitos en fuga: El origen de los nuggets que, además de entretener, intentan llevar a las infancias un mensaje de concientización sobre nuestro trato a los animales.

Han pasado muchos años desde el escape de Ginger (Thandiwe Newton/Carola Vázquez) y Rocky (Zachary Levi/Humberto Solórzano) de la granja de los Tweedy. Ahora llevan una vida idílica en una pequeña isla junto a otros emplumados y su joven hija Molly. Sin embargo, su burbuja de tranquilidad se rompe cuando, ignorante de los peligros del ser humano, la curiosa Molly escapa de la isla para conocer el mundo exterior y averiguar qué significan todos esos camiones que prometen una vida llena de diversión en una granja cercana. Para rescatar a Molly, Ginger y compañía deberán infiltrarse en el peligroso lugar.

Pollitos en fuga: El origen de los nuggets decepciona porque no intenta nada nuevo y su historia es predecible. Sabes que Molly irá a esa granja, sabes que la granja será un matadero y que, eventualmente, será rescatada por su familia. La dirección de Sam Fell (ParaNorman) sigue la línea de la antecesora y no toma riesgos creativos.

El guion, escrito por Karey Kirkpatrick, John O’Farrell y Rachel Tunnard, tampoco es un faro de innovación pero plantea una interesante idea sobre manipulación: mucha gente se traga la mentira de que las granjas le dan una vida digna a sus animales antes de llevarlos a mataderos cuando en la mayoría de los casos, los animales llevan una existencia deplorable, hacinados, maltratados, viviendo entre su propio excremento, sin espacio para moverse o siquiera poder darse la vuelta, eso además de todos los químicos que se les inyectan, el robo de sus crías y la violación a las que son sometidos. Por supuesto que Pollitos en fuga no muestra tales extremos, pero el guion hace un buen trabajo desarrollando esta idea de que ningún matadero es humano.

Fuera de eso, aquí encontramos héroes muy heroicos y villanos muy malvados. Los personajes son poco interesantes y como consecuencia el mensaje animalista tiene poca fuerza. Si, por el contrario, Fell y compañía hubieran logrado que de verdad nos encariñáramos con Molly, entonces la noción de triturarla para el efímero disfrute humano tendría más poder en su audiencia. A esto le sumamnos que el guion desaprovecha la oportunidad de llevar  a nuevas alturas el factor coming-of-age relacionado a la búsqueda de Molly por aventuras e independencia. Todo a nivel narrativo se siente como un esfuerzo flojo.

Sin embargo, al final del día es difícil enojarse con Aardman Animations y su cumplidora receta: una historia linda e infantil llevada a la vida mediante excelente animación stop motion y una jugosa gama de comedia física. La película tiene el corazón en el lugar indicado y sin duda alguna provee una sólida dosis de entretenimiento. Lamentablemente, tal vez sus buenas intenciones no sean suficientes para cautivar a un público adulto.

Aunque Pollitos en fuga: El origen de los nuggets definitivamente no va a hacer que niños corran y le digan a sus papás que quieren dejar de comer pollo para así luchar contra el inhumano sistema especista y capitalista que nos está matando a todos, espero que al menos sirva para plantar una semilla de empatía que más tarde crezca en una consciencia de que los seres vivos con los que compartimos el planeta también merecen una vida digna.

“Pollitos en fuga: El origen de los nuggets” ya está disponible en Netflix.