Frody y Sam rumbo a Mordor, Pee-Wee en busca de su bicicleta, Bonny y Clyde evadiendo a la justicia por las carreteras americanas, Jack Sparrow y Will Turner recorriendo los 7 mares. Todos estos son ejemplos de aventuras épicas que hemos vivido a través del cine, pero tal vez ninguna de ellas tenga los testículos, literalmente, de Spermageddon, película animada musical noruega dirigida por Tommy Wirkola y Rasmus A. Sivertsen sobre una de las aventuras más universales de la vida: la fecundación.

Simen (Aksel Hennie) y Cumilla (Mathilde Storm) son dos espermas que, como millones más a su alrededor, se preparan para el Spermageddon, el glorioso día en el que podrán fecundar un óvulo. Tal vez no tengan que esperar mucho ya que Jens (Christian Mikkelsen), el humano en cuyo escroto habitan, pronto pasará un fin de semana junto a su crush Lisa (Nasrin Khusrawi).

La historia sigue dos hilos narrativos chuscamente interconectados: la aventura de Simen y Cumilla rumbo al óvulo (misma que atraviesa por territorios muy “inesperados”) y el faje entre Jens y Lisa. Este último, con elementos de coming-of-age, provee divertidas reflexiones en relación a lo torpe e incómodo que puede ser el sexo, así como las falsas expectativas que la pornografía ha instaurado en la juventud.

Estos dos mundos y su relación recuerdan al episodio “Lice Capades” de South Park con una pizca de Inside Out lanzada a la mezcla. Dentro del escroto de Jens, las células tienen su propia sociedad y preocupaciones; también tienen un entendimiento limitado del mundo externo así que cuando las cosas no salen de acuerdo al plan durante una eyaculación, la aventura se vuelve todavía más caótica, complicada y asquerosa para nuestros espermas protagonistas.

Los personajes son básicos y cada uno está definido por una o dos características promimentes. Simen es inteligente pero tiene miedo de salir del escroto, caso contrario a la audaz y desesperada Cumilla que está lista para la gran aventura; el villano Jizzmo (Christian Rubeck) es un malo genérico, grande y arrogante. Jens y Lisa son adolescentes nerds, vírgenes y calenturientos cuya falta de experiencia los hace honestos. Esta unidimensionalidad generalizada no afecta en demasía la diversión que uno tiene viendo la película, pues al fin y al cabo cada uno cumple con su papel cómico dentro de la historia, sin embargo sí ocasiona que sus niveles de emotividad no logren escapar de lo superficial.

Spermageddon es vulgar e insolente en todos los buenos sentidos. A diferencia de Sausage Party que simplemente parecía contenta con decir albures y groserías a lo loco, aquí Wirkola y sus coguionistas Jesper Sundnes y Vegar Hoel no se apenan y utilizan con efectividad y mucho humor esa vulgaridad para construir el peculiar mundo de sus personajes y así desarrollar su básica pero 100% funcional historia. Si bien no hay muchas ideas originales, es refrescante la audacia y despreocupación con las que son ejecutadas. 

La comedia, que es una mezcla de humor escatológico, chistes visuales, albures y juegos de palabras, puede ser desde muy simplona hasta bastante elaborada. Algunos chistes funcionan por su sencillez y coherencia con el mundo, por ejemplo, personajes se refieren como “cumrades” entre sí o exclaman “¡Jizzus!” en vez de “¡Jesús!”; pero también hay divertidos actos musicales que, además de brillar por su irreverencia, sirven para introducirnos a algunos personajes o hasta aterrizar un bienvenido mensaje social. Aunque algunos chistes fallan, principalmente por el uso cliché de la cultura nerd o los débiles intentos de abordar la temática de lo “políticamente correcto”, la realidad es que tu disfrute de Spermageddon dependerá de tu tipo de humor. 

No encontrarás innovación en el departamento animado, pues la película utiliza un estilo 3D que ya hemos visto en muchas otras producciones. La buena noticia es que este elemento de familiaridad ayuda a exacerbar la naturaleza atrevida de Spermageddon, pues entre gemidos, heces y semen, Wirkola y Sivertsen rompen con la inocencia que nuestro cerebro relaciona a películas que utilizan este estilo. Asimismo, la animación de los personajes espermatozoides es muy destacada, pues además de darle dinamismo a lo visto en pantalla, también permite ejecutar efectivos chistes visuales.

Spermageddon es un ejemplo de que no importa lo grueso, sino lo travieso. Es una película que llega al clímax porque utiliza con picardía e ingenio la sencillez de su historia y personajes para crear una experiencia altamente divertida que cumple exactamente con lo que promete.

“Spermageddon” tuvo su estreno mundial en la sección Midnight Specials del Festival de Annecy 2024.

Imagen de portada cortesía de THE PR FACTORY.