Ver a una familia realizar actividades tan normales como sembrar flores, jugar en la alberca, hablar con amigas o tener un picnic junto al lago, podría sonar como algo soso, sin embargo, en The Zone of Interest (o Zona de interés) de Jonathan Glazer, cada una de estas acciones tiene una dimensión profundamente perturbadora. Cenizas en el aire, constantes ladridos de perros, gritos y hasta disparos no parecen perturbar la tranquila y alegre vida de esta familia. Todo indica que la maldad que ocurre al otro lado de la pared de su jardín, en el campo de concentración de Auschwitz, es algo común y corriente para Rudolf Höss (Christian Friedel), comandante nazi responsable de más de 1 millón de muertes, su esposa Hedwig (Sandra Hüller) y sus cinco hijos.

Ya sea haciéndote empatizar con un criminal retirado cuando un psicópata colega llega a su puerta en Sexy Beast, causando empatía incómoda por una viuda que cree que un niño de 10 años reencarnó en su esposo en Birth, o una alienígena que encuentra humanidad cuando comienza a empatizar con otros en Under the Skin, el cine de Jonathan Glazer siempre ha jugado con el elemento de la empatía de maneras fascinantes e inusuales. En The Zone of Interest, su primera película en 10 años, explora la aterradora realidad que el ser humano es capaz de crear cuando forma parte de una cadena carente de empatía en donde se siguen órdenes sin racionalizar sobre sus consecuencias: es una meditación de la “banalidad del mal”, concepto acuñado por Hannah Arendt en su obra Eichman en Jerusalén (estudio del Holocausto a partir del juicio a Adolf Eichmann, uno de los principales planificadores de los campos de concentración).

La magnífica dirección de Glazer toma su distancia y se enfoca en subrayar lo mundano principalmente a través de planos generales de la familia haciendo su vida normal. La fotografía de Łukasz Żal (Cold War) emula a un documental para dar una sensación de naturalidad al seguimientos de los personajes; por momentos parece que alguien puso cámaras de vigilancia en la casa de los Höss y la película es una simple colección de momentos capturados por las mismas. Prácticamente sin score que acompañe las escenas, algo tan simple como ver a Rudolf recorriendo cada cuarto para apagar la luz se convierte en algo inquietante. Por supuesto, el diseño sonoro es brutalmente efectivo pues acompaña en todo momento al aspecto visual para crear una yuxtaposición entre lo cotidiano y el horror del genocidio.

Glazer nunca muestra violencia o el horror dentro de los campos ―de hecho solo hay una breve toma dentro de los mismos―, sino que la sugiere y con ello potencializa lo que está ocurriendo del otro lado del jardín: un niño examina una colección de dientes de oro; un sirviente en andrajos lava un par de botas manchadas de sangre; un niño escucha un ruido y deja de jugar para asomarse por la ventana pero inmediatamente aparta la mirada; un resplandor rojo y el olor que lo acompaña despiertan a la madre de Hedwig. No lo vemos, pero en nuestra cabeza le damos forma a lo indescriptible; los perturbadores sonidos y el score minimalista de Mica Levi le dan un empujoncito a tu imaginación, pues parecen algo que escucharías en el infierno.

Aunque aquí no existe el nivel de experimentación que vimos en Under the Skin, por supuesto que Glazer añade algunos toques inusuales para nutrir su meditación: un montaje de flores que acaba en rojo, el ya mencionado uso del infernal score de Mica Levi y, más notablemente, escenas filmadas en negativo fotográfico de una joven judía que, por las noches, esconde alimento en las canteras en donde trabajarán los prisioneros al día siguiente; la técnica es utilizada para acentuar cómo este personaje pareciera pertenecer a un mundo ajeno al de Rudolf y Hedwig, uno en donde sí existe la empatía. 

Las conductas, el lenguaje y la frialdad que exhiben los personajes de The Zone of Interest resuenan de manera escalofriante cuando analizamos la postura de los líderes y medios de comunicación ante el genocidio que Israel plantea en Gaza y el lenguaje que su gente en el poder utiliza para referirse a los palestinos: las víctimas ahora son perpetradores y otra vez existe un sistema político cuyos eslabones se niegan a ver, y mucho menos aceptar, la maldad de sus actos. Desde la primera toma del lago hasta su audaz cambio temporal, Jonathan Glazer no juzga, sino que silenciosamente nos desafía a reflexionar en cómo nuestra actualidad no está tan lejos de lo que vemos en su película. La historia nos persigue y parece que no aprendemos de ella.

“The Zone of Interest” o “Zona de interés formó parte del programa del Festival Internacional de Cine de Morelia 2023 y es la selección de Reino Unido para el Oscar a Mejor Película Internacional 2024. Será distribuida por Diamond Films en México.