La adolescencia es un periodo de descubrimiento, de construcción de la identidad en la cual los cambios físicos y emocionales pueden resultar sumamente abrumadores. ¿Qué pasa si a estos cambios, ya de por sí confusos, le sumas un entorno represivo y lleno de prejuicios? Tienes la receta perfecta para una explosión, la cual en el caso del protagonista de Todos los incendios, ópera prima del director Mauricio Calderón Rico, es bastante literal.

El joven en cuestión es Bruno (Sebastian Rojano), un piromaniaco quien, tras la muerte de su padre, vive encerrado en su computadora y subiendo a YouTube videos de objetos quemándose. Incapaz de lidiar con el hecho de que su madre (Ximena Ayala) esté reconstruyendo su vida, decide irse de la ciudad a visitar a su novia en línea, Daniela (Natalia Quiroz), otra joven piromaniaca a quien nunca ha visto en persona, pero al hacerlo deja abandonado a su mejor amigo, Ian (Ari Lopez).

El fuego no solo es una obsesión para Bruno, es el único vehículo para dejar salir todas sus emociones reprimidas. A lo largo del filme vemos distintas representaciones de la masculinidad y cómo ésta genera expectativas de cómo deben comportarse las personas (ya sea de forma violenta o más sutil). El protagonista, por ejemplo, siempre está enojado y siente la necesidad de expresar mediante violencia su descontento ante la nueva relación de su madre, desquita su frustración como ira, y siente que tiene la autoridad de controlar las decisiones de ella y “cuidar” el lugar de su padre.

Estos patrones también se repiten en el hogar de Daniela, pues allí el patriarca, si bien es cariñoso con Bruno y ayuda a su esposa, también impone sus creencias de qué debe hacer cada quien en la casa de acuerdo a su género: a su hija le pide ayudar a su mamá con la mesa, mientras a su yerno lo lleva a jugar fútbol con sus amigos para conectar; en esta última secuencia incluso le da una cerveza, “pero sólo una, porque las mujeres nos están esperando con la comida en casa”, le recalca.

Todas estas imposiciones machistas heredadas de los padres contrastan con los personajes de Ian y Daniela, quienes son más libres y buscan formas nuevas de explorar la sexualidad y su identidad. Ambos obligan a Bruno a cuestionarse sus tabúes mentales y a entender sus propios deseos, algo remarcado por la soltura con la cual están filmadas las escenas que comparten juntos. Esta lucha entre el cariño y devoción a la figura paterna contra el buscar la felicidad propia lejos de los principios heteropatriarcales es lo que mueve la cinta.

Los incendios que dan título a la película son atractivos y a ratos imponentes, sobre todo en dos escenas en las cuales ya no se tratan de pequeños objetos en llamas. La fascinación de los personajes de Todos los incendios por las flamas no solo queda clara por sus acciones, sino por cómo es grabado este elemento: es mostrado incluso con cierta sensualidad en escenarios oscuros, donde siempre resulta fascinante a la vista pero se siente su potencial destructivo si no se les controla, como los sentimientos de los adolescentes.

La actuación de Sebastián Rojano, quien debuta en el cine, es impecable. Es capaz de hacernos empatizar con Bruno pero también volverlo insoportable cuando está con su madre, logra pasar del hartazgo a la ternura de forma muy sencilla, revelando cómo detrás de esa fachada falsa de macho hay un joven sensible y bastante inocente quien esconde sus grietas en la masculinidad tóxica.

La ambientación también es muy acertada. La cinta se desarrolla en algún punto incierto de inicios de los 2000: hay Internet y celulares, pero éstos todavía son de teclas y mandan mensajes de texto. El eliminar las redes sociales y las herramientas más sofisticadas de comunicación actual hacen creíbles las decisiones de los protagonistas, así como su incapacidad de encontrar con quien conectar. A la vez, el desarrollar la historia en el pasado aporta al mensaje de que esta forma cerrada de ver el mundo debería ser cosa del ayer.

Así como lo han hecho recientemente Garra de hierro o Todos somos extraños, Todos los incendios nos hace cuestionar los “valores” enseñados por nuestros padres y la importancia del dejar atrás los prejuicios del deber ser de la masculinidad. Este coming-of-age orgullosamente queer es una invitación a encontrar tu libertad antes de que tus deseos reprimidos te consuman a ti y a quienes más quieres.

“Todos los incendios” está disponible en cines mexicanos.