Ultraman es uno de los personajes de la cultura pop japonesa más amados y conocidos gracias a sus múltiples series y películas en live action. Ahora, tras veinte años de luchar por traer la historia a la vida, el director y animador Shannon Tindle nos entrega su propia versión del personaje en Ultraman: El ascenso (Ultraman: Rising), cinta animada en la que podemos ver un gran amor por el personaje y el género Tokusatsu.

Kenji Sato (Christopher Sean/Carlo Vázquez) es un arrogante y egoísta jugador de baseball. Tras años de no ver a su padre (Gedde Watanabe/Rubén Trujillo) y luego de la desaparición de su madre (Tamlyn Tomita/Cony Madera), Kenji regresa a Japón para tomar el manto del héroe Ultraman, un gigantesco ser que se dedica a proteger a la humanidad de los ataques de los kaijus. Mientras intenta balancear su vida como héroe con sus responsabilidades de superestrella del deporte, Kenji termina haciéndose cargo de una kaiju recién nacida, lo cual le traerá problemas colosales.

Los primeros quince o veinte minutos de Ultraman: El ascenso son bastante caóticos pues nada se explica: no nos dan un origen para Ultraman (como si lo hace, por ejemplo, Shin Ultraman), no se definen sus poderes o habilidades; tampoco sabemos exactamente quiénes son los personajes, cómo Kenji pasó de idolatrar a su padre a odiarlo o qué sucedió con su mamá. Los guionistas, el propio Tindle junto a Marc Haimes (Kubo y la espada samurai), nos lanzan al ruedo y nos piden inferir grandes cantidades de información en muy poco tiempo. Afortunadamente, después de conocer a Emi (nombre dado por la familia Sato a la Kaiju) la cinta adquiere un ritmo más pausado que nos deja disfrutar tanto de la historia como de los increíbles visuales.

La cinta va hacia lugares comunes de las historias de padres e hijos: él no sabe cómo relacionarse con la pequeña pero al final terminan encariñándose y aprenden una gran lección familiar, sin embargo las cosas no son tan sencillas cuando tienes por “hija” a una kaiju de seis metros de alto cuyo reflujo es un rayo destructivo capaz de derretir tu casa. Emi es el corazón de la cinta, pues a través de ella Kenji avanza como personaje: ella mejora las relaciones de su padre adoptivo con quienes lo rodean y le da una razón para salir a luchar y ganar cada batalla.

Al inicio, la personalidad de Kenji choca mucho con el concepto de héroe pues es bastante grosero, egocéntrico y narcisista. Esto es a propósito pues el guion contrapone la crianza estadounidense del personaje con los valores y herencia que encuentra en su regreso a Japón; este contraste está presente tanto en su carrera de beisbolista como en su faceta heroica: para él, ser Ultraman implica solamente golpear kaijus cuando en realidad se trata de mantener un balance entre el mundo natural y los seres humanos, un concepto que solamente entiende después de conocer a Emi y aprender a cuidarla.

El apartado visual y la animación son los elementos más destacados. Similar a lo hecho por el equipo de artistas de Spider-verse, el arte de la película imita los medios tonos presentes en los cómics de los años sesenta y setenta para darle mayor volumen y profundidad tanto a los personajes como a los fondos. Los colores de los poderes de los kaijus y los del propio Ultraman son brillantes y parecen salir de la pantalla; pese a la animación en 3D, elementos como el agua, el humo, el fuego y las lineas de movimiento durante las trepidantes batallas tienen toques de animación tradicional que las hacen destacar.

Pese a no ser una película live action cargada de efectos especiales, Ultraman: El ascenso encuentra distintas formas para mostrarnos su amor por el cine Tokusatsu. Los diseños de cada kaiju, Emi incluida, están pensados para respetar las proporciones que tendrían si fueran seres humanos dentro de botargas; para las peleas se emplean planos abiertos similares a las maquetas llenas de edificios de las viejas cintas de Godzilla y Ultraman; por otro lado, además de la presencia de humanoides gigantes y kaijus tenemos, hacia el final, dos impresionantes mechas que le rinden homenaje tanto a los inicios de estos robots en la televisión japonesa de los años setenta como a las cintas de monstruos. Junto a todas estas referencias visuales tenemos el sonido clásico de la transformación de Ultraman, guiños a sus enemigos en la serie, el uso del score original compuesto por Kunio Miyauchi y hasta alusiones a Godzilla bailando. Las referencias son sutiles y no interfieren con la narrativa, más bien son dulces para los amantes tanto del personaje como de este famoso género de películas. 

Ultraman: El ascenso es una buena introducción para las nuevas audiencias al mundo de este famoso personaje japonés. La historia no es perfecta, pasa por varios lugares comunes y por momentos acelera el ritmo, sin embargo, cuando se detiene nos permite apreciar el extraordinario apartado visual, los bellos vínculos entre sus personajes y el cariñoso homenaje al género que vio nacer a este amado personaje de la cultura popular japonesa.

“Ultraman: El ascenso” ya está disponible en Netflix.