En Brotherhood, cortometraje nominado al Oscar, Meryam Joobeur exploró la relación entre autoritarismo, masculinidad tóxica y radicalización a través de la historia de un joven que, tras una larga ausencia, regresa con su familia en el norte de Túnez, pero ahora en compañía de una misteriosa esposa. En su primer largometraje, titulado Who Do I Belong To, Joobeur inicia con ese mismo concepto pero lo desarrolla con un enfoque distinto. Esta no es una simple extensión de un corto, sino un largo más complejo y enigmático.

Mientras que Brotherhood se centraba en la revelación de que el primogénito se fue para unirse a ISIS y en comprender por qué lo hizo en primer lugar, Who Do I Belong To no tiene la intención de ocultar tal revelación y además tiene a personajes adicionales que transforman radicalmente la dinámica familiar. En esta ocasión, Joobeur le quita el foco al patriarcado y se dedica a explorar a los personajes femeninos.

Desde un principio Aicha (Salha Nasraoui) y Brahim (Mohamed Hassine Grayaa) sospechan que sus dos hijos mayores, Amine (Chaker Mechergui) y Mehdi (Malek Mechergui), se convirtieron en terroristas. Cuando solo Mehdi regresa, en compañía de Reem (Dea Liane), una mujer embarazada que porta un niqab y nunca habla, las interrogantes obvias son: “¿en dónde está Amine?” y “¿Quién es exacatemente Reem?”. Pero mientras Aicha lidia con la dicha del regreso de Mehdi, la incertidumbre de su nueva nuera y el dolor de la ausencia de Amine, cosas extrañas y oscuras comienzan a ocurrir en la comunidad.

Hacia su último tercio la película adquiere una atmósfera de terror pero también se sumerge de manera inorgánica en una especie de whodunit que busca ilustrar los estragos que la radicalización y la guerra pueden tener no solo en los individuos que la sufrieron, sino también en su comunidad.

Joobeur orquesta memorables secuencias que plasman la brutalidad de la experiencia vivida por Mehdi y Reem, así como poéticos sueños que profetizan oscuridad para la familia, sin embargo todo lo que ocurre entre dichos momentos, es inconsistente y pese a su aura de misterio, no hay algo verdaderamente revelador en su narrativa. Definitivamente es difícil no compararla con la reciente Four Daughters, una película también tunecinca que toca el mismo tema, pero con mayor sensibilidad y tino.

La película fácilmente pudo haber durado media hora menos. En el primero de los tres capítulos que integran el filme, por ejemplo, vemos a la familia lidiando con la ira y el dolor de la partida de sus hijos, sin embargo fuera de la introducción de un personaje clave, las escenas son reiterativas y no ilustran mucho más allá de lo evidente. 

La fotografía de Vincent Gonneville distorsiona la belleza de los campos tunecinos, pues satura los colores para darle un toque de terror a las escenas de realismo mágico, además utiliza encuadres claustrofóbicos para transmitir de manera paulatina la sensación de agobio y desesperanza de sus personajes. El problema es que, como muchos elementos de este filme, estos encuadres son demasiado repetitivos y al combinarse con el melodramático score, su uso cansa rápidamente.

Si bien Who Do I Belong To se siente como un retroceso de Joobeur con respecto a Brotherhood debido a la inconsistencia de su guion y a su uso pesado de elementos técnicos, también es una exhibición del control lírico de la directora y su capacidad para crear atmósferas enigmáticas y cautivadoras, así como para trabajar con elencos no profesionales. En este caso, la filosofía “menos es más” le hubiera ayudado a aterrizar mejor las ideas porque, entre toda la paja, hay una fascinante exploración de la relación entre creencias, familia y extremismo.

“Who Do I Belong To” tuvo su estreno mundial en la Competencia Internacional de Berlinale 2024.