¿Te ha pasado que hay una anécdota que te parece graciosísima pero que cuando la cuentas nadie se ríe? No sabes qué fue lo que hizo que el resto no comprendiera el chiste, ¿tenía demasiadas referencias locales o tal vez se te fue algún detalle? ¿Se trata del ritmo o quizás no están de humor? Así se siente ver La heredera de la mafia, de la directora Catherine Hardwicke, una comedia con todos los elementos para triunfar pero que termina cavando su propia tumba debido a su caótica ejecución.

Kristin (Toni Collette) es una mujer infeliz e insegura de sí misma que no le encuentra mucho sentido a la vida una vez que su hijo (Tommy Rodger) se ha ido a la universidad. Eso es hasta que un día recibe una llamada con una inesperada noticia: resulta que su abuelo ha muerto y ahora ella ha pasado a ser la cabeza de una de las familias más influyentes de la mafia italiana.

Si a alguien no se le puede culpar del caos de esta película es a Toni Collette (“El callejón de las almas perdidas”), a quien siempre es increíble ver en pantalla, sobre todo cuando se está divirtiendo tanto como en esta historia. Ella es capaz de hacer casi verosímiles los cambios más abruptos de tono o los giros más forzados de la historia. Se mueve con confianza entre la comedia autodespreciativa y la acción, e incluso consigue que su evolución se sienta natural pese a lo apresurado del texto.

Monica Bellucci y Eduardo Scarpetta también salen ilesos de esto, pues saben sacar el mejor provecho de sus unidimensionales personajes y son un gran complemento a la exagerada historia de la mafia. De hecho, si el filme se hubiera centrado en ellos dos y Colette, pudo haber sido una comedia llena de intriga y con una dinámica de poder muy interesante.

Lastimosamente, el guion tiene otros intereses, demasiados intereses para ser exacto: La heredera de la mafia comienza con una premisa interesante y varias ideas buenas, pero trata de abarcar tantas cosas, de presentar a tantos personajes y de forzar tantos chistes que la historia avanza demasiado rápido, sin que dé tiempo de generar una conexión con nadie que no sea Kristin, misma que solo funciona debido al talento de Collette. 

La película hace referencia a El padrino, Bajo el sol de toscana y Comer, rezar, amar, pero al tratar de ser todas al mismo tiempo acaba por no balancear ninguno de los géneros en los que se mueve: el romance se queda chato, la violencia se siente fuera de lugar porque es muy esporádica pero muy gráfica y la comedia se basa en estereotipos ya usados hasta el cansancio. Lo peor es que la trama más interesante, la lucha de poder de las mafias, se desinfla a partir del segundo acto porque queda opacada por todos los otros temas ya mencionados. En lugar de mantener su premisa simple, los creadores deciden abarcar más de lo que necesitan y terminan por sobresaturar.

No ayuda nada que la película carezca de una identidad visual clara que al menos haga provecho de su entorno. Hay algunos intentos en la iluminación y la escenografía de hacer alusión a thrillers sobre mafia, pero todo se ve como una vaga imitación de otras mejores películas. Que la historia sea una comedia no significa que no requiere cuidado en este aspecto, sino que a veces lo requiere incluso más para fortalecer la parodia, como lo han demostrado películas exitosas en este departamento como Spy, Tren bala o Kingsman: The Secret Service.

La heredera de la mafia tiene los ingredientes para llegar a la victoria, pero lo desperdicia por una falta absoluta de enfoque. Toni Collette pasa un buen rato, pero hay muchas más películas y series en las que puedes apreciar su talento con una historia que le haga justicia. Lastimosamente, esta es una oferta que sí puedes rechazar.

“La heredera de la mafia” ya se encuentra disponible en cines mexicanos.