No se siente bien tocar fondo, llegar a un estado en el que nada puede salir peor porque ya estás en lo peor. No siempre es fácil levantarse después de una caída, pues a veces sientes que tú mismo buscaste ese destino y castigo, de manera deliberada o indirecta. The Outrun, de Nora Fingscheidt (System Crasher), presenta a un personaje que siente y vive todo lo anterior, pero que busca ser mejor por más golpes que la vida le da. Basada en las memorias de Amy Liptrot (quien también sirve como coguionista) y protagonizada por Saoirse Ronan, la cinta retrata a una chica que regresa a su país natal para sanar las heridas acumuladas a lo largo de su vida.

Contada de manera no lineal, con un par de diferentes estilos de cabello y narración que nos guian, Rona (Ronan) nos muestra el camino de su vida, desde su infancia hasta su adultez. Amante de la naturaleza desde pequeña, Rona dice que su padre confesó tener control sobre el viento, como si ese amor hacia la naturaleza se compartiera entre generaciones; suena poético, pero en realidad su padre padece de bipolaridad y eso es algo que Rona teme tener.

Durante su estancia en Londres, Rona se enamora, cae en el alcoholismo y es abusada sexualmente. A pesar de que suene como una historia llena de sensacionalismo, el guion de Fingscheidt y Lipton prefiere enfocarse en hacer que el público tenga empatía con Rona: su pasado no ha sido gentil con ella y está dispuesta a hacer lo que sea para poder sanar.

Después de salir de rehabilitación, Rona no tiene otro remedio que moverse de Londres para volver a su hogar en las Islas Orcadas en Escocia. Se supone que debería ser un refugio, pero reflexionar sobre el pasado y extrañar la toxicidad del mismo hace que le cueste mucho seguir en esa batalla. No obstante, su roca es la naturaleza y el respeto que le tiene a la misma: lo podemos notar cuando interactúa con la misma, principalmente la escuchamos hablar de metáforas científicas en torno al mar, a los animales, a la flora y al clima.

Puede que escuchar lo anterior no suene del todo atractivo, pero Fingscheidt y Lipton se apoyan de narraciones poéticas y de la delicada dirección de fotografía de Yunus Roy Imer, la cual busca poner en primer lugar a la naturaleza que acompaña a Rona en su viaje de redescubrimiento. Estas metáforas forman gran parte de The Outrun y la protagonista las utiliza para explicar situaciones y emociones humanas, además de que sirven como una forma para reflexionar sobre su vida. 

Los flashbacks llegan a ser cansados debido a la repetición de escenas en donde abundan las luces estroboscópicas, sin embargo su uso es efectivo porque permite que te adentres en las rumiaciones de Rona, del dolor y del éxtasis que sentía en sus buenos y malos ratos. El diseño sonoro a cargo de Oscar Stiebitz y Dominik Leube le da un énfasis a las fuerzas de la naturaleza como el mar o las aves, pero también a los raves que fueron hogar de Rona por mucho tiempo, una combinación que representa la catarsis de la protagonista.

La tremenda actuación de Saoirse Ronan (Mira cómo corren) proyecta la inmensa gama de emociones que tiene un alma salvaje como Rona, quien resulta ser un personaje sumamente identificable. La irlandesa se luce, pero la cúspide de la película es su hermoso y electrizante montaje final: es una celebración a la determinación humana, la capacidad de no rendirse a pesar de que las olas puedan volverse más grandes y peligrosas. The Outrun es una declaración de perseverancia que entiende lo difícil que es volver a intentarlo a pesar de tantos errores cometidos.

“The Outrun” tuvo su estreno mundial en el Festival de Sundance 2024 en la sección de Premieres.