Aquaman y el reino perdido marca el fin del Universo Extendido de DC como lo conocemos, pues debido a la estructuración hecha por los directores de DC Studios, James Gunn y Peter Safran, Aquaman y Jason Momoa no entran por lo pronto en planes futuros. Esta secuela del Rey de los Siete Mares es dirigida nuevamente por James Wan y es un triste cierre para el personaje, debido al atropellado manejo de la narrativa, el humor que no funciona y los efectos visuales plastificados. 

Aquaman (Jason Momoa) está en una nueva etapa de su vida: es padre y tiene muchos problemas para dirigir a Atlantis, sin embargo, Black Manta (Yahya Abdul-Mateen II) ha regresado y con él un sentimiento enorme de venganza en contra de Arthur. Gracias al poder del Tridente Negro, Manta es ahora muy superior a cualquier otro ser marino, es por ello que Aquaman debe pedirle ayuda a su hermano Orm (Patrick Wilson), quien está encarcelado y solo él sabe cómo detener el poder de ese tridente. 

Cinco años tuvieron que pasar para ver una secuela de Aquaman, pero no hay duda que todo lo que hubo alrededor de su producción terminó por disminuir las ansias del público: el tema legal de Amber Heard, la pandemia por COVID-19 y la decisión creativa de reiniciar el universo de DC. Un hecho claro es que si la película fuera apenas buena, algunas cosas se hubieran olvidado, pero lamentablemente no es así: es un producto de muy baja calidad con nada que aportar, ni a la historia del personaje ni a la franquicia.

El estudio y James Wan consideraron que la mejor decisión era reutilizar a personajes determinantes de la primera película como Orm y Manta, pero en esta propuesta se sienten forzados, ¿acaso no hay más villanos? Esta segunda parte se centra en la relación entre Arthur y Orm, quienes se odiaban a muerte y ahora se reconcilian a través del humor y el sentimentalismo familiar; Manta regresa como el villano principal y lo hace sin fundamentos sólidos, ya que es conducido (otra vez) por el ego y la venganza, nada más. Realmente la historia que plantea David Johnson (La huérfana) no se interesa por desarrollar a los personajes y resulta hasta cliché si consideramos la parte final donde el villano se desquita del héroe mediante el secuestro de un familiar. 

Si bien los efectos visuales de la anterior cinta no fueron perfectos, en especial en las secuencias bajo el agua, al menos tenían la calidad necesaria en los momentos de acción; El reino perdido es tan desinteresada que se olvida del detalle y la mayor parte de los efectos lucen plastificados, ya que los movimientos de los personajes, tanto al correr como al hacer acrobacias, se notan lentos y como si estuvieran dentro de un videojuego de Playstation 2. A estas alturas, y con lo que han hecho otros directores con el agua como James Cameron con Avatar: El camino del agua y Ryan Coogler con Black Panther: Wakanda por siempre, es imperdonable y risible la calidad visual de esta película, como si en vez de costar 205 millones de dólares, hubiera costado 20.

El humor es otro de los apartados que tristemente falla por la tremenda ambición de hacer reír a como dé lugar. Cierto sector del público ha protestado constantemente sobre el humor tipo Marvel, pero al menos ese tipo de comicidad funciona y hasta la fecha lo hace, pero el que ha implementado DC desde hace algunas películas rompe completamente con el ritmo y tono de las escenas. Este humor ni siquiera raya en lo inteligente y creativo, más bien es construido desde la pereza y nunca deja de ser bobo; ¿El rey de Atlantis riéndose de que su hermano prueba por primera vez insectos?

Aquaman y el reino perdido es una fallida secuela y un triste final para esta primera etapa del Universo Extendido de DC. El desdibujado rumbo que tomó la franquicia le sigue dando la razón a Gunn y compañía de haber decidido reiniciar y hacer una limpia del universo. DC ha tocado fondo, lo que sigue es subir a través de mejores decisiones y una dirección más enfocada.

“Aquaman y el reino perdido” ya está disponible en cines mexicanos.