Después de King´s Man: El origen, Matthew Vaughn regresa a la silla de director con Argylle: Agente secreto, una película que no escatima en tener un elenco plagado de celebridades y que logra su objetivo de entretener a partir de la mezcla de humor y acción, pese a su decepcionante y turbulento tratamiento narrativo.

Elly Conway (Bryce Dallas Howard) es una reconocida escritora de varios best-sellers sobre espías y conspiraciones gubernamentales protagonizados por el agente Argylle (Henry Cavill). Durante el lanzamiento de su cuarto libro, se convierte en el blanco de una organización llamada The Division que busca incansablemente acabar con ella, debido a que a través de sus escritos ha predecido y revelado, sin querer, los ataques mundiales del grupo. Aidan Wilde (Sam Rockwell), un espía aparentemente bueno, hace hasta lo imposible por proteger a Elly, ya que la información que escribe en sus libros son el resultado de su vida pasada. 

Si reducimos a Argylle: Agente secreto a un simple entretenimiento lleno de testosterona y estrógenos, con estrellas de Hollywood por doquier y mucho humor, la verdad es que el producto resultaría cumplidor y sobresaliente, sin embargo, su ambicioso tratamiento narrativo provoca que todo se salga de control y en vez de sorprender al espectador con los constantes giros de tuerca, lo confunde porque pocas cosas tienen sentido. 

La película tiene una primera parte fenomenal en la que plantea las reglas del juego: el rol de la escritora, el rol de la organización, la aparición de Henry Cavill (Enola Holmes 2), Dua Lipa (Barbie) y John Cena (Fast X) e incluso una secuencia de acción arriba de un tren protagonizada por Sam Rockwell y el mismo Cavill en el que intercambian posiciones al ritmo de la música y los pestañeos del personaje de Dallas Howard. Pero esa efectividad poco a poco desaparece por la complejidad que Jason Fuchs le impregna a la historia a partir de los giros de tuerca poco convincentes; es como si la narrativa hubiera sido armada durante una fiesta llena de alcohol y las decisiones de los personajes fueron dictados por cartas escogidas al azar. 

Por otro lado, los efectos visuales no logran ser lo suficientemente atractivos, pues lucen plastificados sobre todo en las escenas de acción ambientadas en espacios abiertos. En general no ayudan a crear un entorno creíble y que soporten de forma adecuada las exageraciones del director Matthew Vaughn; el ejemplo más conciso es la escena en la que Elly patina desenfrenadamente por un cuarto que alberga petróleo y la silueta del personaje no contrasta con el escenario, restando valor a la experiencia. 

Queda claro que la aparición de Cavill, Dua Lipa, John Cena y Samuel L. Jackson es mera estrategia mercadológica, ya que además de aportar muy poco a la trama, no gozan de muchos minutos en pantalla. Sin embargo, es de recalcar el soberbio trabajo actoral y físico de Bryce Dallas Howard y Sam Rockwell, quienes tienen una química llamativa y transitan sin esfuerzo entre el drama y el humor desenfrenado. Una pareja que no sabíamos que necesitábamos ver juntos en la pantalla. 

“Argylle: Agente secreto” es una película que en términos prácticos es funcional y entretenida, pero sus constantes baches y sus excedentes giros narrativos evitan que se logre una mejor experiencia.

“Argylle: Agente secreto” ya está disponible en cines.