En su ópera prima, “Claroscuro”, la también actriz Rebecca Hall (“La casa oscura”) aborda con impresionante confianza el complicado y poco conocido fenómeno del passing (también el título original de esta cinta), un término que, en contexto histórico, se refiere a una persona de color, con la piel lo suficientemente clara, asumiendo la identidad racial blanca, es decir, haciéndose pasar como alguien blanco para obtener las ventajas y seguridades sociales de dicha cultura.

Conocemos a nuestra protagonista Irene (Tessa Thompson) mientras intenta realizar este acto de passing en un vecindario blanco de Nueva York a finales de los años veinte. Utiliza un sombrero grande para ayudar a esconder su tono de piel mientras compra un juguete para su hijo en una tienda blanca. 

Después de la compra y ante el abrasante calor, Irene decide refrescarse en un restaurante. Pero, aún en el vecindario blanco, Irene sigue incómoda; sus ojos recorren nerviosamente a los y las ocupantes de las otras mesas. ¿Qué pasaría si la descubren?, parece pensar. Su temor es reemplazado por sorpresa cuando una de estas personas, aparentemente blanca, se acerca a ella: es Clare (Ruth Negga), su amiga de la infancia que, como Irene, es birracial. 

Pero hay una enorme diferencia entre las vidas actuales de estas dos amigas afroamericanas. Mientras Irene vive acomodadamente en Harlem con su esposo de piel oscura Brian (André Holland), Clare ha decidido hacer un acto total de passing y está casada con John (Alexander Skarsgård), un hombre blanco y racista quien pronto entra a cuadro para crear una escena con desbordante tensión.

John no tiene idea que su esposa tiene sangre negra y por ello, tampoco sospecha sobre la verdadera identidad racial de Irene. Es así que procede a expresar libremente su racismo y, de paso, revelar las actitudes adoptadas por Clare con tal de mantener el acto. Mientras John casualmente desahoga su odio racial, Irene forcejea por también mantener viva la mentira. La cara de Tessa Thompson (“Sylvie’s Love”) dice una cosa pero su lenguaje corporal, otra. Mientras tanto, Ruth Negga (“Loving”) tiene una confianza en el rostro que disfraza el casi imperceptible miedo en sus ojos. ¿Qué pasaría si Irene lo revela todo ahí mismo? Pero no lo hace y las amigas parten por distintos caminos.

El problema es que haber visto a Irene desata una especie de añoranza en Clare, quien comienza a mandar cartas a su amiga con la esperanza de reencontrarse con ella y su identidad negra.. Un inicial sentimiento de lástima hacia su amiga se convierte en gusto de Irene por verla alegremente conviviendo con otras personas afroamericanas, sin embargo, esto dura poco. Hay miedo hacia Clare y también sentimientos de celos e incomodidad.

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“Claroscuro” | Netflix © 2021

Después de convivir en fiestas y reuniones casuales, tanto Brian como sus hijos están encantados con Clare quien, llevada a la vida por una irresistible Ruth Negga, deslumbra con su belleza y roba miradas por su encanto. La mujer se adapta fácilmente a la sociedad negra y blanca. Pero esa comodidad tiene un lado problemático y peligroso. El apego hacia Irene parte del deseo de reconexión con aquello que ella mismo rechazó para poder tener una vida acomodada y libre de opresión. O tal vez, solo sea aburrimiento. Como sea, la creciente obsesión es proporcionalmente directa al peligro esperando a la vuelta de la esquina.

La incomodidad de tener a una mujer aparentemente intentando usurpar su vida y relaciones amorosas, aunado a las inquietudes raciales de sus hijos y la extensión de la brecha entre ella y Brian, orillan a Irene a adoptar una posición protectiva: tiene miedo a perder la seguridad y confort que existía antes de la llegada de Clare. 

También relevantes son los tintes homoeróticos en la relación Irene-Clare. Pequeñas miradas y un apretón de manos sugieren que Irene está practicando otro tipo de passing, en este caso, el hacerse pasar como heterosexual. Esta necesidad de mentir para sobrevivir en una sociedad opresora podría influir con mayor fuerza en la trama y la silenciosa desesperación de Irene, pero Hall desarrolla el tema de manera pobre. Solamente lo deja flotando en el aire.

La estética en blanco y negro de “Claroscuro” es utilizada para oscurecer o esclarecer los tonos de piel de las protagonistas y así conllevar el realismo detrás del fenómeno del passing. Asimismo, el director de fotografía Eduard Grau juega con la iluminación para contrastar realidades; la escena introductoria entre Irene, Clare y John es un buen ejemplo. Aquí, el cuarto es inundado por un color blanco que llega con fuerza desde las ventanas, resaltando en los objetos blancos ahí presentes. En contraste, esta sobreexposición desaparece cuando visitamos la casa de Irene en Harlem.

En esta adaptación del libro de Nella Larsen de 1929, Rebecca Hall, quien ha sido muy franca con respecto a su herencia birracial, logra un gran balance dramático y un buen manejo técnico y actoral para generar tensión e inmersión a la época. Sin embargo, el malabareo temático de clases sociales, racismo y sexualidad carece de claridad. Asimismo, Thompson, quien en general hace un buen trabajo, llega a distraer a través de pequeñas reacciones excesivamente melodramáticas y poco naturales. 

“Claroscuro” es un sutil y elegante estudio de políticas raciales y colorismo en donde Ruth Negga entrega una actuación memorable y Rebecca Hall, un debut notable. Algunos pecados técnicos le quitan poder al filme como un todo pero no lo suficiente para restarle impacto emocional.

“Claroscuro” ya se encuentra disponible en Netflix.