Películas recientes como “Hereditary”, “A Monster Calls” y “Over the Moon” han utilizado elementos fantásticos (y aterradores) para abordar el tema del duelo. Iván Fund hace una exploración temática similar, pero apoyándose de la peculiar idea de un kaiju en “Piedra noche” (o “Dusk Stone” en inglés), una excepcional cinta argentina que tuvo su estreno mundial en la Giornate degli Autori del Festival de Venecia 2021.

El filme inicia con el primero de muchos recorridos por una playa. Aquí, una familia – Bruno (Marcelo Subiotto), Greta (Mara Bestelli) y su hijo (Jeremías Kuharo) – tiene su casa de verano; juntos juegan en la arena y utilizan un halcón milenario inflable para revolcarse en las olas. La unión es palpable incluso dentro de la casa, cuando Denis le muestra a su padre Bruno un videojuego en donde toma el rol de un kaiju. Pósters de Godzilla y Iron Man adornan las paredes.

Una noche, Denis se sale de casa para ir explorar una plataforma cercana que, según rumores locales, es constantemente visitada por un monstruo gigante. Pero Denis ya no regresa. Un año después, Greta y Bruno intentan vender la casa de verano con apoyo de Sina (Maricel Álvarez), una amiga cercana de la familia. Pero la mudanza es interrumpida por extrañas apariciones de lo que parece ser un kaiju.

Desde el primer cuadro, Iván Fund cuidadosamente construye una atmósfera de misterio y fantasía para guiar su narrativa. Largos y poéticos planos secuencias nos dejan ver una locación solitaria que solo la familia central y algunos perros callejeros parecen habitar. Siempre a lo lejos podemos ver una gigantesca plataforma, fuente de relatos fantásticos sobre desapariciones y criaturas marinas al estilo del Monstruo del Lago Ness. Un empresario local (Alfredo Castro) habla sobre negocios saqueados y la necesidad de utilizar los rumores para generar turismo. También vemos y escuchamos mensajes sobre crisis y protestas hacia la plataforma. ¿Qué está pasando en este lugar? 

Con toques de surrealismo, “Piedra noche” explora las maneras en cómo los seres humanos intentan procesar su dolor. Fund centraliza su narrativa en el paulatino desarrollo emocional de dos padres afrontando la pérdida y su realización de que vender la casa de verano, sería aceptar el adiós. Ante la desesperanza, se aferran a una idea absurda pero reconfortante para ellos: una manifestación total de la infancia e inocencia de su hijo. 

La cámara captura la belleza del lugar, sin apartar a la melancolía de la historia. Ocasionalmente, los lentos movimientos generan inquietud y sugieren la presencia de algo siniestro. Sin embargo, la magnífica música de Francisco Cerda disuelve toda noción de terror: arpas y flautas abundan en este dulce score decantado hacia la fantasía que por momentos recuerda al trabajo de Alexandre Desplat en “The Shape of Water” y es utilizado para ubicarnos dentro de las intenciones narrativas. El sonido es otro elemento utilizado con enorme precisión; ya sea con ladridos de un perro para alertar la presencia de una criatura, la contrastante tranquilidad de las olas en medio de un paisaje incierto o un deprimido Bruno bloqueando las conversaciones a su alrededor, no hay desperdicio. Todo cumple con la misión de desorientar al espectador y apoyar la exploración de trauma propuesta por Fund.

“Piedra noche” es un relato realista situado en la fantasía de un duelo. Con elegancia, Iván Fund orquesta un filme único y melancólico que pondera sobre los mecanismos individuales para lidiar con el trauma de una tragedia. Es cine que encumbra a Fund como un realizador fascinante y propositivo.