Las familias son complicadas. Cada miembro es distinto, tiene sus propios intereses, problemas, ideas y opiniones, por eso las reuniones, fiestas o comidas son un escenario ideal para el caos, las discusiones y peleas por viejas rencillas. El director Rodrigo García entiende esto a la perfección y lo demuestra en Familia, una cinta que representa la cacofonía de voces presente durante un fin de semana familiar.

Cada mes, León (Daniel Giménez Cacho) y sus hijas, Rebecca (Ilse Salas), Julia (Cassandra Ciangherotti) y Mariana (Natalia Solián), acompañadas de sus respectivas familias, tienen una comida en el rancho de olivos de su padre, sin embargo está ocasión es diferente pues el viejo patriarca quiere discutir con ellas la posibilidad de vender el rancho, su empresa de aceitunas y la casa familiar.

El guion, escrito por el mismo director y Bárbara Colio, parte de un lugar común: las discusiones familiares alrededor de los terrenos, y lo utiliza para hablar sobre la pérdida y el apego. Cada miembro de la familia tiene sus propios problemas individuales (un nuevo trabajo, enfrentarse a un divorcio o un embarazo, por ejemplo) pero los guionistas inteligentemente los direccionan hacia los temas centrales de la cinta y crean una telaraña con la cual exploran de forma minuciosa las dinámicas familiares.

Desgraciadamente Familia se siente como una obra de teatro filmada: la mayoría de los diálogos están compuestos por largos monólogos cuya finalidad es darle el foco de atención a cada una de las poderosas interpretaciones de los miembros del elenco. La acción se detiene y vemos una larga conversación tras otra, cada monólogo es interesante, nos permite conocer a los personajes y su forma de pensar, pero no dejan de sentirse artificiales, llenos de palabras rebuscadas que nadie diría en una conversación o discusión normal con su familia.  

Daniel Giménez Cacho (Bardo) entrega una extraordinaria interpretación del patriarca de esta familia. El personaje es complejo: lucha constantemente con los fantasmas de su pasado mientras intenta mediar las disputas entre sus hijas en el presente. Giménez Cacho transmite todo el cansancio de León, como si la vida del personaje pesara sobre él; podemos verlo interesado en la vida de cada una de sus hijas pero sin entrometerse en su toma de decisiones, es amoroso con sus nietos y abierto respecto a su relación con su nueva pareja, sin embargo demuestra firmeza y se impone ante los demás cuando es necesario. Ilse Salas (Maquíllame Otra Vez), por su parte, interpreta a la hija mayor de León, la voz de la razón y la lógica, quien además es una autoridad para sus hermanas; durante sus monólogos está contenida, pasa de la risa al llanto, del enojo a cantar contenta, y utiliza solamente sus miradas y lenguaje corporal para transmitir toneladas de información, ya sea sobre su matrimonio o la relación con sus hermanas.

Natalia Solián (Huesera) sobresale y sigue demostrando sus grandes habilidades histriónicas, especialmente durante su monólogo hacia el final de la cinta donde rompe en llanto conforme la escena se vuelve más intensa. Lastimosamente Cassandra Ciangherotti (Las niñas bien) y Maribel Verdú (Invitación a un asesinato) se sienten desperdiciadas: la primera tiene momentos duros, cuestiona constantemente a su padre y lo lleva a explotar, sin embargo el guion pocas veces pone el foco central sobre ella; a Maribel Verdú, quien interpreta a la nueva novia de León, la podríamos sacar de la película y no sucedería nada.

Familia es un ejercicio interesante sobre las dinámicas familiares mexicanas, la pérdida y el aprender a soltar. Puede no llegar a sentirse tan íntima como Tótem, por mencionar una cinta con una temática similar, pero sus personajes, las interpretaciones de la mayoría del elenco y los momentos que se construyen con ellos, conforman  una cinta entretenida con la cual es fácil identificarse. 

“Familia” ya está disponible en Netflix.