Nikki Giovanni es una poeta estadounidense que denunció fuertemente el racismo a través de composiciones audaces durante la segregación, cuyas obras causaron controversia por ser directas y confrontativas. A modo de retrato y homenaje, los directores Joe Brewster y Michèle Stephenson buscan capturar la esencia de esta fascinante mujer en su nuevo documental, Going to Mars: The Nikki Giovanni Project, un trabajo ambicioso cuyos riesgos no siempre le hacen justicia a su interesante protagonista.

En lugar de seguir la vida de Giovanni en orden cronológico y de forma superficial, como lo hacen Julia o Mr. Dressup: La magia de la fantasía, el guion navega de forma aleatoria a través de distintos momentos importantes para la poeta, los cuales son intercalados con sus poemas (narrados por Taraji P. Henson) acompañados de tomas abstractas como el espacio o figuras de estilo acuareloso. Este acercamiento original evita la convencional estructura de la biografía documental.

Esta decisión narrativa rinde frutos cuando la película se enfoca en cómo Giovanni relaciona la experiencia de las mujeres afrodescendientes en Estados Unidos con las de ir al espacio: ellas son perfectas para ser astronautas, asegura la poeta, porque conocen la dureza que se necesita para abandonar el hogar y ser alejadas de todo. La voz de Henson y las imágenes de las estrellas llevan a reflexiones muy interesantes, tanto del racismo en Estados Unidos como de la visión de la propia autora sobre los hombres y la sociedad.

Sin embargo, aunque se agradece que los directores no caigan en una estructura clásica y gastada, los recursos técnicos usados fallan en capturar la esencia disruptiva de su personaje. Las tomas espaciales o secuencias abstractas son relajantes y meditativas, contrario al aura confrontativa y polémica que supuestamente deberían transmitir. Hay una disonancia cognitiva entre la personalidad de la artista frente al tono adoptado para plasmarla.

Este ritmo soporífero también hace algo difusa la narrativa. Por un lado, la cinta trata de sumergirnos en la obra de la artista más allá de su vida, un poco como lo hizo maravillosamente Moonage Daydream; pero los creadores aún así sienten la urgencia de señalar ciertos acontecimientos históricos relevantes que no entran de forma orgánica, lo cual hace atropellado a ratos el salto entre lo poético y lo literal. Por ejemplo, en un momento la historia muestra una opinión controversial que Nikki tuvo sobre el apartheid, acompañada de gráficos con titulares amarillistas en su contra, pero se siente más como algo metido de la nada y no un punto dramático importante.

Esta falta de compromiso con su visión evita que conozcamos bien a Nikki Giovanni y su arte. Hay varios chispazos reveladores sobre lo interesante que es esta mujer, como sus respuestas directas y su sentido del humor, sobre todo en el material grabado por los documentalistas, pero las florituras técnicas de Going to Mars: The Nikki Giovanni Project terminan por poner un velo impenetrable entre su personaje y la audiencia.

“Going to Mars: The Nikki Giovanni Project” es finalista al Oscar a Mejor Documental 2024 y formó parte del programa FallDocs 2023 de la IDA.