Dreamworks Animation es un estudio conocido por explotar sus franquicias hasta el cansancio. No importa el brillante trabajo en animación, desarrollo de personajes o creación de mundos que hayan conseguido en las películas originales, los ejecutivos siempre encuentran algún pretexto para seguir exprimiendo sus propiedades. Kung Fu Panda 4, dirigida por Mike Mitchell, es una de esas secuelas que solamente sirven para seguir explotando a los personajes y el renombre de la franquicia, ya que no cuenta con la chispa de las primeras cintas.

En Kung Fu Panda 4, Po (Jack Black/Omar Chaparro) debe dar el siguiente paso en su camino como maestro de artes marciales y elegir al siguiente Guerrero Dragón, pero antes de encontrar un sucesor debe enfrentarse con la Camaleona (Viola Davis/Aida López), una hechicera cambiaformas que busca abrir un portal al reino de los espíritus para robar las habilidades de kung fu de los villanos de las películas anteriores. Para detenerla, Po cuenta con la ayuda de Zheng (Awkwafina/Verónica Toussaint), una astuta y divertida ladrona.

El guion de Kung Fu Panda 4, escrito por Glenn Berger, Jonathan Aibel y Darrel Lemke, es bastante predecible y poco interesante. Después del primer acto y la presentación de los nuevos personajes la historia sigue un molde derivativo fácil de seguir: sabes qué personaje va a traicionar al protagonista, quién se va a redimir y cuál será el desenlace. Por otro lado, la decisión de elegir un nuevo Guerrero Dragón no se siente orgánica dentro de la historia pues no hace sentido quitarle el título a Po cuando esté aún tiene muchas cosas por aprender y sigue cometiendo errores, más bien pareciera tratarse de un capricho de los guionistas para forzar la evolución del panda; el desarrollo de los personajes en las películas anteriores es desechado y en muchos casos sus personalidades cambian solo para generar más chistes y situaciones cómicas.

Además, los guionistas reciclan las escenas y momentos emotivos de las cintas anteriores, como el abrazo entre Po y Tigresa de la segunda película o la conversación entre Po y el Señor Ping antes de la pelea con Tai Lung, pero al no tener todo el peso dramático que los vuelve especiales se sienten vacíos y carecen de fuerza.

Las escenas de acción están llenas de coreografías impresionantes y movimientos de cámara alocados: por momentos la película busca imitar los planos secuencia de cintas estilo John Wick y esto le da un toque distintivo a las peleas. Lo que vuelve únicas las batallas es el diseño y la mezcla de sonido gracias al cual podemos escuchar el impacto de cada golpe y patada entre los héroes y sus múltiples adversarios. La pelea en la taberna es una delicia por todos los gags visuales y lo ridículo de la locación.

La falta de un motor emocional para la aventura evita que el desarrollo de Po se lleve a cabo de forma orgánica. En la primera cinta, el panda debía encontrar en su interior el valor suficiente para convertirse en Guerrero Dragón y las siguientes películas exploraron los orígenes del personaje a profundidad. Aquí, Po aprende una lección básica sobre la importancia de los cambios a través de un meloso diálogo con su papá ganso pero no llega a nada más. Omar Chaparro (Demonio Negro) hace un gran trabajo interpretando a Po: su voz captura la intensidad, sensibilidad y nobleza caracteristica del personaje.

Para todos los fanáticos de Los Cinco Furiosos les tengo una mala noticia: el guion los elimina rápidamente de la trama con un pretexto bastante ridículo y busca sustituir su presencia con la introducción de personajes nuevos que no llegan a ser tan entrañables o divertidos como Tigresa o Mantis, por ejemplo. El guion busca hacer de Zheng la nueva mejor amiga de Po: su personalidad contrasta con la del Guerrero Dragón y Verónica Toussaint (Oso Polar) le da una chispa especial al personaje gracias a su gran trabajo de doblaje, pero su historia es un misterio para el espectador y es difícil conectar con ella pues no sobresale entre el abanico de personajes de la saga.

La Camaleona está completamente desperdiciada y palidece en comparación con los villanos de las entregas anteriores. El diseño del personaje es maravilloso y su palacio está repleto de motivos escamosos y reptilianos por todos lados, no obstante sus poderes jamás son explotados al máximo y la personalidad de la villana es muy plana, no tiene una secuencia que la haga destacar o sentir como una amenaza real (al estilo del escape de Tai Lung en la primera película o el General Kai matando pandas en la tercera cinta) y ni siquiera se explota la anatomía particular de los camaleones para hacer algo interesante con la fisicalidad del personaje.

Kung Fu Panda 4 es una secuela desafortunada. No es mala y tiene momentos muy divertidos, pero es imposible no compararla con las películas anteriores que dejaron la vara muy alta en cuanto a la calidad de la historia y de desarrollo de personajes se refiere. Aquí muchas cosas suceden por mandato del guion y no se sienten orgánicas, los personajes aprenden muy poco y jamás sentimos la urgencia por detener a la villana principal. El doblaje hace mucho más disfrutable la experiencia pero no dejo de pensar que esta película se une al club de las secuelas innecesarias y sobreexplotadas de Dreamworks.

“Kung Fu Panda 4” ya está disponible en cines mexicanos.