Aunque la filmografía de Mark Waters ha sido de calidad variable, tiene varios títulos envidiables: Viernes de locos, el clásico moderno Chicas pesadas y la infravalorada Spiderwick. Su nombre como director de La madre de la novia parecía prometer una entrega distinta a las genéricas romcoms usualmente ofrecidas por la plataforma. Sin embargo, pese a varias buenas ideas, esta nueva cinta tiene mucho más en común con su poco memorable Alguien como él (igual hecha en conjunto con el servicio de streaming).

La cinta sigue a Lana (Brooke Shields), quien viaja a Tailandia por la boda de su hija influencer, Emma (Miranda Cosgrove). Aunque no está muy de acuerdo con el compromiso, decide apoyarla en todo, hasta que descubre que el padre del novio es Will (Benjamin Bratt), su antiguo gran romance de la juventud con quien las cosas no acabaron tan bien.

Con una premisa que promete muchos enredos y un elenco encantador, había mucho potencial en esta película. De hecho, hace un par de años Pasaje al paraíso, una romcom con una historia bastante similar, probó ser bastante entretenida y llevadera. Incluso la reciente Con todos menos contigo, aun con todas sus fallas, logra sacar a flote esta idea de examantes que se odian en una boda ajena. Sin embargo, esos dos ejemplos poseían algo inexistente en la nueva comedia de Marks: química entre sus protagonistas.

Aunque Shields (El lago azul) y Bratt (Miss Simpatía) no son malos y a ratos tienen buen instinto para la comedia, realmente no había mucho qué hacer con un guion plagado de diálogos artificiales y sobresaturado de situaciones innecesariamente distractoras. Si la cinta se hubiera enfocado en la relación de Emma y Will con la boda como telón de fondo (como hacen los dos ejemplos arriba mencionados) tal vez le hubiera dado tiempo de pulir más el romance de ambos, pero al introducir otros conflictos no hacen más que llenarlo de subtramas a medio cocer.

La historia de Emma y su novio RJ (Sean Teale), por ejemplo, es aburrida y predecible. Teale (Rosalina) es tierno, pero su personaje es relegado a ser poco más que un adorable maniquí. Por el contrario, el de Cosgrove es insoportable: se pasa quejando de su difícil madre y de lo estresante de la boda, pero nunca vemos esto. La única desesperante es ella, obsesionada por tener la ceremonia perfecta para sus seguidores de redes sociales sin importarle el resto, todo con la excusa de promover una fundación de la cual nunca vemos nada. Si bien hay un arco de personaje, su desarrollo es abrupto y no se llega a generar interés ni empatía por el personaje.

Otro elemento distractor es el intento de crear otro interés romántico para Lana, interpretado por el galán de los 2000 Chad Michael Murray (La nueva Cenicienta), pero pese ser muy atractivo y virtuoso, jamás es un obstáculo para la pareja protagonista. Su inserción en la historia parece algo más mecánico, como si el guion y el director tuvieran afán de cumplir una serie de requisitos de una romcom sin pensar en si realmente son necesarios para ésta.

Lo mismo ocurre con la técnica: hay breves momentos en los cuales la cinta quiere separarse de las típicas ofertas televisivas del género, como la propuesta de matrimonio del inicio con un elaborado decorado o el hecho de grabar la película en locación en lugar de los sets artificiales propios de las comedias al estilo de Hallmark. Sin embargo, esto no es suficiente para compensar una puesta en escena poco propositiva en términos audiovisuales: sí, los paisajes son bonitos, pero no hay intención detrás de cómo se arman las tomas para enmarcarlos.

Lo más frustrante es la condescendencia del producto final con la audiencia: La madre de la novia se conforma con hacer lo mínimo e indispensable y confía en que los fanáticos de las comedias románticas se van a satisfacer con ello. Si bien es un género con muchas convenciones preestablecidas, esto no justifica el descuidar el guion, la fotografía y demás apartados cinematográficos. El principal ingrediente faltante es el alma, se siente como un producto intencionalmente vacío hecho para consumo rápido. Si vas a exigirle a tu público hora y media de su tiempo, se merece mucho más que esto.

“La madre de la novia” ya está disponible en Netflix.