Hace 7 años los directores DK Welchman y Hugh Welchman nos trajeron Loving Vincent, una especie de biopic/homenaje a Vincent Van Gogh cuya mayor innovación fue darle un giro interesante a la técnica de rotoscopia: cada cuadro estaba pintado a mano en óleo con base en las pinturas del famoso artista. Ahora los directores traen de regreso este impresionante recurso en The Peasants, aunque los resultados son un tanto distintos.

Basada en el clásico literario polaco del mismo nombre, la historia sigue un año en la vida de Jagna (Kamila Urzedowska), una joven campesina a finales del siglo XIX. Ella lucha por su libertad en medio de un ambiente machista. Está enamorada de un hombre casado llamado Antek (Robert Gulaczyk), por lo cual es fuertemente juzgada por la sociedad a su alrededor. Todo se complica cuando es obligada a casarse con el padre de éste, Maciej (Miroslaw Baka). Su espíritu rebelde incrementa las tensiones con el pueblo, cuya agresividad solo va en aumento.

La novela original se divide en cuatro volúmenes escritos a lo largo de un lustro, uno por cada estación del año en el cual se sitúa la historia. Este tipo de narraciones épicas con tantos personajes usualmente se benefician de una duración más extensa y The Peasants es el claro ejemplo de por qué. Con poco menos de dos horas, nunca empatizamos o conocemos a ningún personaje más allá de Jagna: las motivaciones, intrigas, romances y resentimientos surgen de repente, de forma abrupta y afectan el tono de la historia.

Hay un montón de temas y relaciones cuyas intenciones quedan difusas. Por ejemplo, en un momento se muestra cómo los campesinos luchan por proteger sus tierras, sin embargo, es tratado muy por encima y la escena de enfrentamiento entre éstos con los invasores parece interrumpir la trama en lugar de aportarle algo. El no entender al pueblo y su forma de vida deja a Jagna como una mera víctima a merced de una masa malvada y juzgona, lo cual llega a ser poco coherente con la esencia del personaje.

La ejecución es (una vez más) preciosa: cada toma captura la belleza tanto de la técnica como de los campos polacos. Si bien en Loving Vincent la intención de este recurso era más obvia para la audiencia (emular las obras del artista), acá igual funciona para transportarnos a la vida campesina de 1800. Para ello los directores igual utilizaron como referencia múltiples trabajos de varios autores que probablemente reconozcas si eres fanático de la pintura.

Sin embargo, al utilizar unas pinturas hermosas para contar esta historia tan cruda y cruel, hay una contradicción que es imposible sacudirse. Las imágenes atractivas romantizan en cierta medida el estilo de vida mostrado, a la vez que ponen una barrera entre la audiencia y el dolor emocional de Jagna. También hay una estilización de las escenas más crudas, las cuales tal vez pudieron beneficiarse de un tratamiento más sutil o abstracto, algo que la animación te permite, como lo demostró recientemente The Missing, otro trabajo de rotoscopia con temas igual de fuertes pero con mucho más tacto.

En este sentido, The Peasants tiene mucho más en común con obras como Heroico: retratos crudos y un tanto nihilistas sobre la bajeza humana, pero cuyos recursos artísticos provocan cierta fascinación en lugar de la aversión buscada. Es válido usar lo explícito y lo gráfico, pero no dice mucho si no hay un discurso detrás, si el contraste no tiene una intención de reflexión más allá del puro estilo. En el cine la forma es fondo, todo comunica, y en este caso el atractivo visual minimiza el peso de su historia, algo agravado por una extraña decisión por parte del guion en los últimos 5 minutos.

Los cuadros son preciosos, es de admirar el trabajo de los más de 100 animadores que se dedicaron a traer a la vida esta historia a través del óleo. Dicho esto, los directores no aprovechan al máximo el recurso. Casi toda la película está contada de forma lineal y convencional, lo cual hace que incluso nos olvidemos de que es animada. Cerca del final la cinta juega más con transiciones y construcciones únicamente posibles a través de este estilo, pero en general es un poco frustrante lo poco que se aprovecha de una animación tan única.

Incluso con todo esto en mente, The Peasants sigue siendo una pieza visualmente fascinante con una técnica muy original y comparte una historia de gran importancia en Polonia al resto del mundo. DK Welchman y Hugh Welchman nos traen una película narrativamente más caótica que su trabajo anterior, pero cuyas ambiciones se aplauden aunque no siempre rindan frutos. Esperemos su próximo trabajo ponga todo este talento al servicio de una cinta que lo utilice de mejor manera.

“The Peasants” está disponible en cines estadounidenses a partir del 26 de enero.

Foto de portada cortesía de Sony Pictures Classics.