En 2013, el director y animador Makoto Shinkai (Suzume) nos presentó El jardín de las palabras (Kotonoha no Niwa), película que podemos disfrutar nuevamente en la pantalla grande y con la cual el realizador perfeccionó la escritura de los temas que le interesan, el desarrollo de personajes tridimensionales así como el equilibro entre animación deslubrante y argumentos complejos.

Takao (voz de Miyu Irino/Luis Carreño) es un joven de 15 años con la costumbre de faltar a clase los días lluviosos. En lugar de ir a la escuela se dirige al jardín Nacional Shinjuku Gyoen, escoge un banco techado y pasa el día diseñando zapatos de mujer en su pequeño cuaderno. Un día, en su lugar favorito del parque, conoce a Yukari (Kana Hanazawa/Andrea Villaverde), una misteriosa mujer de 27 años con quién forma una relación particular.

A diferencia de otros trabaajos del realizador, El jardín de las palabras es una cinta más tranquila, pequeña en escala y completamente anclada en la realidad. Esto, lejos de ser negativo, beneficia la narrativa de la película pues nos permite concentrarnos en los personajes, en sus emociones y los problemas que enfrentan en su día a día. Takao, por ejemplo, lidia con el constante desinterés y falta de apoyo de su familia y amigos por su sueño de confeccionar zapatos artesanales; mientras que Yukari experimenta una ansiedad constante debido a un problema en su trabajo. El filme explora la soledad y cómo a través de relacionarnos con los demás nuestro verdadero ser es capaz de florecer.

La relación entre los protagonistas podría ser un tema controversial, sin embargo Shinkai la maneja con cuidado y sutileza pues no termina de ser una relación romántica pero tampoco es una simple amistad. Se trata de una conexión genuina entre dos personas solitarias que encuentran algo valioso en la compañía del otro. Takao encuentra en ella a alguien con quién compartir su pasión, se siente escuchado por primera vez; Yukari, una mujer más experimentada, entiende su soledad al lograr conectar con él. Ambos personajes evolucionan gracias a esas pequeñas conversaciones y momentos que vivieron juntos a lo largo del verano.

Los personajes se sienten vivos como consecuencia del tratamiento del guion, escrito por el propio Shinkai, pues utiliza de forma ingeniosa el tema de la lluvia y el jardín para desarrollar la relación entre ambos personajes. Cada una de las conversaciones entre Takao y Yukari es diferente, disfrutamos cuando se dan pequeñas piezas de información para saber más del otro pero sin exponerse por completo; esto crea una dinámica interesante en cada conversación y funciona para la estructura narrativa del filme pues las revelaciones al final son importantes para el golpe emocional que busca el realizador.

La animación, como es de esperarse de cualquier trabajo de Makoto Shinkai, es espectacular. La atención al detalle por parte del realizador y su equipo de artistas es sorprendente: logran transmitir toda la belleza del jardín bajo la lluvia gracias a una paleta de colores cálidos que le da vida a todo el universo de los personajes. La minuciosidad en las gotas de lluvia, las hojas de los árboles y los charcos del suelo es impresionante. Las imágenes hiperrealista de Tokio, su sistema de transporte, los minúsculos departamentos o los alimentos y su método de preparación son obras de arte por sí mismas.

El jardín de las palabras está lejos de la epicidad romántica de Your Name o Weathering with You, pues se trata de una aproximación más íntima a las obsesiones de Makoto Shinkai en una historia contenida con personajes complejos y un mensaje importante sobre encontrarnos a nosotros mismos y sanar gracias al amor de compartir los pequeños momentos acompañados de personas a las que les importamos.

“El jardín de las palabras” ya está disponible en cines mexicanos.