El cineasta venezolano Ignacio Márquez trabajó ocho años como profesor de teatro en “Apoye”, una institución civil para personas con síndrome de Down dedicada a la formación integral de jóvenes y adultos con esta enfermedad. Esta experiencia le enseñó muchas cosas sobre la forma en que las personas Down son aceptadas e integradas en la sociedad y, lo que es más importante, le abrió los ojos sobre la falta de discurso que hay sobre su sexualidad. La necesidad de dar una plataforma a estos temas lo inspiró a escribir y dirigir “Especial”, una película centrada en Chúo (interpretado por el actor Down Greyber Rengifo), un adulto con síndrome de Down de 23 años con una incipiente necesidad de independencia de su padre José (Ruper Vásquez), un músico fracasado que usa el alcohol para escapar de la realidad.

“Una de las cosas de las que nunca se habla es de su sexualidad y su despertar sexual. Social, familiar y culturalmente se les trata como eternos niños”, nos contó Márquez en entrevista. “Me pareció importante explorar su aceptación e integración como adultos”.

En la película, que tuvo su estreno mundial en el Festival Internacional de Cine de Chicago 2020, José sigue tratando a Chúo como niño y no sabe qué hacer con él. Está demasiado ocupado ahogando sus penas en alcohol como para prestar atención a las impresionantes dotes artísticas que su hijo despliega en sus dibujos.

A través de la historia, Márquez intenta crear conciencia sobre cómo la sociedad trata a su población con síndrome de Down, al tiempo que destaca su expresión creativa y la necesidad de crear las condiciones ideales para su desarrollo humano.

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Imagen cortesía de CIFF 2020

Como parte de nuestra cobertura del Festival Internacional de Cine de Chicago, en donde “Especial” ganó el Hugo de Plata en la Competencia de Nuevos Directores, platicamos con Ignacio Márquez sobre la realización del filme, trabajar con Greyber Rengifo, la industria del cine en Venezuela, las referencias a lucha libre en la película y mucho más.

Tengo entendido que trabajaste en una asociación para jóvenes con síndrome de Down, ¿cómo influenciaron esas vivencias en la realización de “Especial”?

Hace 20 años, siete padres de jóvenes con síndrome de Down crearon una institución llamada “Apoye” para trabajar con adultos porque aquí no existía algo así. Yo tengo bagaje en teatro y cine, e hice teatro con ellos ininterrumpidamente durante ocho años. Luego comencé a dedicarme más al cine y le cedí mi lugar en la institución a una actriz. Sin embargo, me mantuve en conexión con ellos permanentemente. Conocerlos y ser amigo de ellos me hizo tener una empatía particular con su universo y su manera de ver las cosas. Por un lado tienen una gran ingenuidad y me siento muy empático con eso. Estar en una sala de ensayos con ellos es el espacio de trabajo que más he disfrutado en mi vida. 

Todo lo que está en la película es ficcionado e inclusive no tiene que ver directamente con la vida de Greyber, quien interpreta al protagonista. Eso es muy interesante porque él está haciendo un verdadero trabajo de interpretación.

Yo sentía que una de las cosas de las que que no se habla es de su sexualidad y sobre todo, del despertar de ella. Social, familiar y culturalmente los tratan como eternos niños. Yo sentía que era importante profundizar en su acepción e integración como adultos. Parte de ese interés originó la escritura de este guion.

¿Cómo escogiste a Greyber?

Grebyer todavía no entraba a la institución cuando yo dejé de trabajar con ellos. Me mantuve en contacto con la persona que tomó mi lugar, que es la actriz que interpreta a la maestra en la película. En 2014 hice un taller de iniciación a la realización audiovisual para ellos y ahí conocí a Greyber. Me impactó su capacidad. 

Los Down tienen una predisposición natural al juego que yo digo es la condición esencial para la actuación. A veces los actores profesionales se olvidan. Entonces tú les planteas un marco y ellos entran y se creen todo lo que pasa. El Down realiza, actúa y juega. Greyber tiene eso en mayúsculas. Lo conocí en medio del proceso de escritura de mi guión y cuando vi esa capacidad, inmediatamente pensé en él como protagonista. De hecho postulé el proyecto en desarrollo a Guadalajara con él en la portada del mismo.

¿Qué desafíos hubo al trabajar con él?

El trabajo con Greyber es una de las cosas más encantadoras que tuve en la experiencia de esta película. Él tiene una gran capacidad de improvisación y yo no la quería perder. Me retó a generar un diseño de trabajo que precisamente considerara su capacidad. 

Comencé a trabajar con Rúper Vásquez, quien interpretó a su padre, tres meses antes del rodaje de “Especial” justamente para llevarlo al reto actoral porque él era más músico que actor. Junté a Greyber y Rúper dos meses antes de que comenzara a grabar la película. Generé dinámicas para establecer confianza entre ellos y para que, en las escenas duras desde el punto de vista dramático, él entendiera la diferencia entre ficción y realidad.

Estas dinámicas eran ejercicios y juegos que pudieran ser espejos del guión. Por ejemplo, yo les plantee una escena en la que él era un enfermero y tenía que rescatar a una persona en el piso. Esto es porque hay una escena en la que debe levantar a su padre del piso y ponerlo en la cama.

Para foguear a Rúper y Brenda Moreno, actriz que hizo de Melissa, con el trato a Greyber, hice ensayos con mi persona siendo Chúo. Para utilizar un término boxístico, yo era de sparring. Greyber es muy encantador y fácilmente se gana tu corazón, entonces tenía que curtirlos para que, cuando tuvieran que rodar las escenas, el trabajo fuera como demandaba el guion. Previo al rodaje logramos ensayar algunas escenas pero otras las dejamos abiertas al momento de trabajar directamente en el set.

En el set, sobre todo en la casa, establecimos una dinámica donde yo trabajaba solo con ellos dos en el set, luego entraban las personas más indispensables para que vieran el ensayo, grabábamos y luego revisábamos en un monitor aparte. En el set estábamos solamente los dos actores, camarógrafo, foquista, microfonista y yo.

¿Cómo lograste financiar la película?

Como toda película latinoamericana, fue un camino largo. Es como de manual. Yo postulé este proyecto a un laboratorio de desarrollo en el Festival de Margarita en Venezuela en el 2015 que fue organizado por el Encuentro Cinelatino de Toulouse. Después postulamos a Ibermedia y fuimos seleccionados pero como Venezuela tiene una deuda con Ibermedia, no se hizo efectivo. Pero eso nos ayudó mucho para postular a Guadalajara, en donde salimos seleccionados y conseguimos una coproducción internacional. Eso nos dio fuerza para hacer la película. Además de eso, contamos con financiamiento de socios que establecimos en Venezuela y de un un aporte del Centro Nacional de Cine de Venezuela que fue de aproximadamente el 20%. Entre coproducciones internas, internacionales más el aporte del fondo venezolano, logramos el financiamiento de la película. En 2019 salimos seleccionados en el mercado Ventana Sur en donde establecimos conexión con distribuidores, agentes de ventas y programadores de festivales.

¿Qué problemáticas hay en la industria de cine en Venezuela?

Estamos atravesando la crisis más aguda tal vez de toda nuestra historia. Tenemos cuatro años de hiperinflación y una crisis política con dos presidentes, dos congresos y un bloqueo internacional importante. Tenemos una oposición que al apostar al fracaso del gobierno, termina apostando al fracaso del país porque ha propulsado una serie de medidas y bloqueos que afecta a la gente. En medio de esto, sobrevivimos y creamos. Es en los momentos más críticos cuando emerge la creatividad. Ha habido mucho éxodo y cineastas venezolanos se han ido; filman acá y se van otra vez porque al tener una doble economía, nuestros costos de producción son más accesibles para una persona que trae dinero de afuera. Hay un grupo de cineastas que estamos apostando estar acá porque no es desquiciado hacerlo e incluso logramos producir una película de alta factura e íntegramente hecha aquí. 

En la película incorporas asaltos como algo cotidiano.

El foco siempre está en la relación íntima entre padre e hijo, pero también era importante colocarlos en el contexto de donde viven. Estoy interesado en colocar ciertos elementos que pudieran conectarnos con una realidad. El tema de la inseguridad no forma parte de mi imaginario, es real. No pasa todo el tiempo, pero pasa y hay ciertas rutas donde es más común. También existe esa intimidación. Yo no conozco a una persona que use transporte público y que no le haya pasado algo así. Forma parte de nuestro cotidiano.

Durante el transcurso de la película podemos ver ciertos elementos artísticos de lucha libre, ya sea en pósters o playeras. ¿De dónde viene esta influencia?

*Se para para ir por una máscara de Blue Demon*

Cuando era pequeño me gustaban mucho las películas del Santo y Blue Demon y ver lucha libre. Me gusta por lo tribal y lo parateatral. Una persona que se pone una máscara, asume un personaje y un rol, y la gente que va a verlo sabe que están viendo algo ficticio pero igual participan como si no lo fuera. Eso es muy atractivo para mí. Tuve la posibilidad de ir a CDMX en 2001 y en 2009, y a Guadalajara en 2017. En todas esas visitas fui a la Arena.

Tengo una historia con Místico. Yo vi a Místico en el 2009 haciendo la Mística en Arena Coliseo. Pasó el tiempo, se fue a Estados Unidos. Cuando fui a Guadalajara en 2017, me llevaron a la lucha libre. Y ahí vi a Carístico, que era el nuevo nombre del primer Místico que vi en 2009. Tras su lucha y mientras Carístico se tomaba fotos, se sube al ring un chico con un suéter rojo. Seguridad intentó apartarlo pero Carístico se puso a “pelear” con él y fingió ser vencido. Cuando se despide y se voltea, el chico era Down y traía un suéter rojo. Curiosamente, con anterioridad habíamos hecho un afiche de “Especial” en donde utilizamos el suéter rojo que utiliza Greyber en la película. Me explotó el cerebro. 

Mi casa productora se llama El Dorado Films y yo diseñé el logo, que es una máscara. La playera con un estampado de lucha que utiliza el padre en las primeras escenas es mía. Y a lo largo de la película fuimos dejando cosas como si fueran parte de ese imaginario del papá. Todo tiene un trasfondo personal.

¿Qué le hace falta a la sociedad para alcanzar una verdadera inclusión y ayudar a personas con síndrome de Down a integrarse? ¿Qué papel tiene el gobierno?

En Venezuela se creó una figura institucional llamada Consejo Nacional para la Discapacidad que engloba a todo tipo de discapacidad para poder generar programas de inclusión. En la película, cuando contratan a Chúo, se habla de eso. Aquí hay una ordenanza que exige que el 5% de los empleados de una empresa tienen que tener algún tipo de discapacidad. El hecho de que exista un organismo que vele por las personas con discapacidad ya los hace visibles.

Pero, ¿qué es lo que he detectado que hace falta? Hace falta crear canales de conexión. En el campo laboral convencional, lo máximo a lo que pueden llegar a aspirar es ser asistente de oficina, pero en el campo del arte derrumban barreras y diferencias. Las obras que vemos en la escena de la exhibición son hechas por muchachos Down a partir de un trabajo de inclusión que hizo una galería privada. Fue un trabajo de formación como artistas plásticos y como galeristas. Ves las obras que hacen y te das cuenta que están a la altura de cualquier artista plástico. Lo que he percibido es que en el campo del arte tienen la capacidad de derribar diferencias y colocarse para hablar de tú a tú, como pasa en la actuación y en la expresión artística. Lo que hace falta es crear más planes al respecto, tanto públicos como privados. Nadie sabe las capacidad que ellos tienen hasta que las reconocen. Por ejemplo, cuando ves la película y lo que puede hacer un actor Down, es que se dan cuenta de ello. Y eso es algo que le pasa a los papás. Creen que su hijo no es capaz de hacer algo y cuando tú les muestras lo que pueden hacer, es que se sorprenden. Es necesario crear planes que los lleven a un terreno en donde puedan expresarse porque creativamente tienen una gran imaginación y una gran capacidad expresiva. Hay que crear planes para fomentar y exhibir eso. Y evidentemente, eso cambia los paradigmas.

Hay una gran musicalidad en la película, ¿qué influencias tuviste para crear esta atmósfera?

Hay una influencia más que musical y tiene que ver con la escritura de la película: Rubén Blades. Él es un compositor de salsa panameño que vive en Nueva York y actualmente actúa en “Fear the Walking Dead”. En su canción ‘Pablo Pueblo’ dice “Su paso no lleva prisa, su sombra nunca le alcanza”. Él es el primer y único autor de salsa que incluye poesía y metáfora dentro del relato cotidiano. Esa carga que hay en la película de metáfora y realidad está influenciada por Rubén. Si escuchas esa canción vas a hacer la conexión. A través de esa misma canción comencé a trabajar con Rúper, quien es percusionista y cantante. Entonces, Blades me influenció sonoramente a nivel de tono y para convertir lo cotidiano en poesía o cómo poetizar lo cotidiano. La canción que escuchas al inicio de “Especial” fue compuesta por Rúper y las demás piezas son de Alfredo Naranjo, quien además de aparecer en la película, me dejó escoger libremente de entre sus canciones para ponerlas en la película y compuso una canción original que escuchas en varias escenas, incluyendo los créditos. 

Nuestro segundo asistente de dirección es Down, protagonizó mi cortometraje “Sueño Down”, es muy inteligente y tiene amplios conocimientos de cine. Se llama Alberto Sasson. Parte del equipo pensaba que estábamos haciendo labor social pero no fue así, él estaba ahí por su capacidad. Esa experiencia fue muy positiva y también nos ayudó para que Greyber no se sintiera tan ajeno y tuviera a alguien propio de su condición cerca y con quien pudiera desahogarse e inclusive hablar mal del director. Nosotros de verdad llevamos a cabo la tarea de inclusión, no solamente de forma, sino de contenido.

¿Qué opinas de la inclusividad en Hollywood? ¿Está funcionando?

Yo lo veo un poco sobreactuado. Lo hacen hacia las cámaras. Pero no importa si es así. Si eso va a permitir que haya inclusión y visibilidad, bienvenida sea la sobreactuación. Mientras realmente se haga la inclusión y se visibilicen los temas y las personas, entonces pasa a un segundo plano cuál es el espíritu. Lo que me interesa es que al final se logre la inclusión y visibilización, pues con el transcurso del tiempo, eso va a generar un cambio de paradigmas en la sociedad, lo cual es fundamental.

Puedes seguir a Ignacio Márquez en su cuenta de Twitter (@nachomarx).