“Si tienes miedo a perder, no mereces ganar” son palabras de Björn Borg, ex tenista sueco y ganador de 11 títulos Grand Slam. Una frase que sostiene en gran medida la propuesta de Luca Guadadigno en su nueva película Challengers (o Desafiantes en español); una apuesta arriesgada, pero con una fórmula trepidante que acapara emociones a través del deporte blanco. 

La historia sigue a una ex prodigio del tenis convertida en entrenadora, Tashi Duncan (Zendaya), quien ha ayudado a su esposo Art (Mike Faist) a consagrarse campeón de varios torneos Grand Slam, pero que ahora se encuentra en una racha de derrotas de las que no ha logrado salir. Sin embargo, en su lucha por la redención tendrá que medirse con Patrick (Josh O’Connor), con quien Tashi y Duncan ya tienen un pasado amoroso y de amistad respectivamente. En medio de este triángulo romántico, Tashi deberá reflexionar las consecuencias de su estrategia a raíz de las tensiones que se vayan creando en la búsqueda de la victoria.

En Call Me By Your Name y Bones and All, vimos a Guadagnino profundizar en las relaciones humanas a través del drama y el erotismo de forma pertinente, y esta vez vuelve a operar esa misma estructura, pero en un escenario novedoso como lo es la cancha de tenis que representa la composición de un vínculo unido a tres vértices que va más allá de lo romántico, con el fin de explorar esa constante competitividad que tiene cada uno de estos personajes por sobresalir como atletas cuyo egocentrismo, en ocasiones, se vuelve parte de su identidad. El cineasta italiano utiliza el deporte como analogía para narrar la historia del triángulo amoroso que converge en medio de una partida de tenis; y lo hace a través de tres sets que sirven como capítulos para dividir los tres actos del largometraje. 

Zendaya (Dune: Part Two) hace una interpretación tan completa como imponente al darle vida a una atleta convertida en entrenadora. El espíritu competitivo que proyecta en pantalla no solo es magnético, sino que te ayuda a comprender por qué los dos hombres están buscando su atención. Por otro lado, este binomio conformado por John O´Connor (The Crown) y Mike Faist (West Side Story) cuentan con una gran química y la personalidad de cada uno es la principal variable para cautivar a la audiencia; esa apariencia libre, despreocupada y carismática de ambos personajes genera empatía en el espectador.

El guion del también dramaturgo Justin Kuritzkes explora el pasado de cada uno de los personajes a través de flashbacks que ocurren a lo largo del partido de tenis entre Art y Patrick. El uso de estos saltos temporales no es para nada confuso, pues sirve como representación de una partida de tenis en donde la pelota se encuentra en constante movimiento hasta rematar en la emocionante culminación del último acto. Asimismo, logra establecer una conexión importante entre los tres protagonistas mediante el erotismo y la competencia que no solo se resume en una historia romántica o por ver quién puede conquistar a Tashi, sino que también existe esa disputa deportiva para alcanzar el olimpo de la victoria.

La cuestión técnica aprovecha el género de esta cinta para explotar los elementos dramáticos que se generan en el deporte. Las secuencias están elaboradas para mostrarnos esa intensidad que se vive en un duelo de tenis en medio de un match point. El director de fotografía Sayombhu Mukdeeprom, quien vuelve a trabajar con Guadagnino después de Call Me By Your Name y Suspiria, utiliza su creatividad con la cámara no solo para persuadir al espectador con la emoción de las escenas deportivas, sino que también aprovecha la composición de la imagen para expresar el vértigo emocional que atraviesan sus personajes, como el estrés, la frustración y el deseo. Por otra parte, el retrato corporal de los tres protagonistas se puede comprender como la simbolización de la sensualidad en sus atributos físicos, por ejemplo, con la musculatura cubierta de sudor; un ideal de belleza al estilo de la Antigua Grecia donde buscaban encarnar la perfección a través de la simetría de sus esculturas. 

El remate técnico lo realizan los compositores Trent Reznor y Atticus Ross mediante una partitura llena de techno cuyo ritmo desenfrenado seduce al espectador, sobre todo cuando se usa para subrayar el melodrama y convertirlo en algo excepcional.

Challengers es una cinta entretenida, emocionante y cautivadora que utiliza el tenis no como un telón de fondo sino como una alegoría para el desarrollo de sus personajes. La ejecución técnica queda a la altura de un largometraje deportivo: con matices dramáticos y un final inquietante. Con esta apuesta tan creativa, Luca Guadagnino ejecuta un servicio digno de Grand Slam.

“Challengers” o “Desafiantes” ya está disponible en cines mexicanos.