Hace 20 años se estrenó Chicas pesadas (o Mean Girls), una comedia adolescente tan exitosa que lanzó a la fama a Lindsay Lohan y Rachel McAdams, además de darnos muchas frases y chistes vigentes hasta el día de hoy. De forma similar a Hairspray, Matilda y El color púrpura, la película fue adaptada a un musical de Broadway, el cual ahora los directores Samantha Jayne y Arturo Perez Jr. traen a pantallas de cine para un público más joven.

La historia sigue siendo la misma: Cady (Angourie Rice) es una chica que se muda de Kenia a Estados Unidos y pasa de estudiar en casa a vivir la experiencia de la preparatoria. Allí se hace amiga de Janis (Auli’i Cravalho) y Damian (Jaquel Spivey), dos chicos impopulares pero buena onda. Juntos hacen un plan para derrocar a la temida Regina George (Reneé Rapp), líder de las “plásticas” (las chicas más populares del colegio). Sin embargo, Cady poco a poco pierde su identidad en el camino.

El guion escrito por Tina Fey (quien hizo también el de la película original y el del musical de Broadway), hace algunos pequeños cambios para que la historia no se sienta exactamente igual a la cinta de hace 20 años. Los principales ajustes están en darle más protagonismo a las plásticas y a los amigos de Cady, agregar el uso de redes sociales y actualizar los chistes para las sensibilidades actuales. De esta forma, la película mantiene el humor e ingenio de su predecesora sin caer en ser una réplica exacta.

Los elementos más destacables son el elenco y los números musicales. Reneé Rapp, quien ya había interpretado a Regina George en teatro, tenía unos zapatos muy grandes que llenar: la encarnación de Rachel McAdams es icónica e inolvidable. Afortunadamente, Rapp logra darle una personalidad propia al personaje y se impone como la estrella del show. Cada número de Regina es espectacular, todo se detiene (literal y metafóricamente) para dejarla cantar, y Rapp tiene la voz y la presencia necesarias para recordarnos por qué todos estamos tan obsesionados con Regina.

Janis tiene mucho más tiempo en pantalla en esta versión, junto a la villana es el personaje con más intervenciones musicales, y Auli’i Cravalho (Darby y los espíritus) aprovecha al máximo cada una de ellas. Jaquel Spivey es el encargado de la mayoría de chistes y carcajadas, mientras que las dos plásticas restantes (Bebe Wood y Avantika) tiene cada una su canción. La de Bebe Wood (Love, Victor) es inesperadamente conmovedora y reflexiona sobre las inseguridades de las chicas adolescentes. Por su lado, Avantika (El año de mi graduación) es divertídisima como Karen y tiene el número más chistoso (y tiktokero) de todos.

Lastimosamente, esta expansión en los personajes secundarios deja a Cady como un poco sosa. Además de deshacerse del monólogo interno de la original, la película le da menos canciones que a Regina y Janis, y las suyas no son tan memorables. Angourie Rice (Honor Society) hace un buen trabajo pero el material no le da mucho fuera de ser la ingenua e inocente chica nueva. Es hasta la segunda mitad, al estar más metida en el mundo de la fama y la popularidad, cuando el guion le permite explotar otras aristas más interesantes. Otros personajes poco desarrollados respecto a su contraparte no musical son el interés romántico de Cady, Aaron Samuels (Christopher Briney), y la maestra Norbury (Tina Fey), quien antes era una especie de mentora de la protagonista.

¿Es Chicas pesadas lo suficientemente diferente para justificar su existencia? Pues, no del todo. Verla es como escuchar un disco de covers de tu banda favorita: las canciones siguen siendo increíbles y las disfrutas, pero no alcanzan la magia de la original. El exceso de canciones hace que la trama avance demasiado rápido, varios chistes funcionan solo si entiendes la referencia de la película pasada y otros son exactamente iguales pero estaban mejor contados en la anterior. Aún así, su gran elenco, números llenos de vida y unos cuantos giros la hacen lo suficientemente fetch para ir de rosa a disfrutarla en la sala de cine.

“Chicas pesadas” ya está disponible en cines mexicanos.