Los Juegos del Hambre se convirtió en un fenómeno mundial a mediados de la década pasada. La saga creada por Suzanne Collins conquistó al público juvenil gracias a sus temáticas adultas distintas al romance de Crepúsculo o al coming-of-age mágico de Harry Potter. Ahora, casi 10 años después de finalizada la tetralogía original, la franquicia regresa a los cines con Los juegos del hambre: Balada de pájaros cantores y serpientes (The Hunger Games: Ballad of Songbirds and Snakes), precuela que nos cuenta los orígenes del malvado Presidente Snow.

Han pasado 10 años desde los Días Oscuros y Coryolanus Snow (Tom Blyth), descendiente de una noble familia empobrecida por la guerra, está por graduarse como el mejor estudiante de la Academia, desgraciadamente para él, la Doctora Gaul (Viola Davis) y el Decano Highbottom (Peter Dinklage) condicionan la entrega de un cuantioso premio monetario a la persona que logré generar más espectáculo y, en el proceso, atraer más espectadores a la transmisión televisiva de los décimos Juegos del Hambre. Para conseguirlos asignan a los estudiantes más destacados de la Academia como mentores de alguno de los 24 tributos, ¿el problema para Coryo? Le asignaron a la tributo femenina del Distrito 12: Lucy Gray Baird (Rachel Zegler).

El director Francis Lawrence no es ningún desconocido para la franquicia, dirigió tres de las cuatro cintas originales, por lo que su elección como cabeza de esta precuela ayuda a conservar el mismo tono de las películas anteriores, algo difícil de emular como ya lo demostraron Animales Fantásticos o El Hobbit. El estilo visual de la cinta es consistente e inclusive podemos ver pinceladas y guiños al futuro de Panem tanto en el diseño de producción y el vestuario: la opulencia y extravagancia del Capitolio, la pobreza de los distritos, los medios de transporte rudimentarios, los uniformes de los Agentes de la Paz. Entendemos de dónde vienen muchos elementos reconocibles y eso transmite una sensación de familiaridad.

Desgraciadamente, Balada de pájaros cantores y serpientes tiene problemas para decidir qué nos quiere contar. El guion bombardea al espectador con múltiples subtramas que entorpecen la narrativa y alargan el filme. El argumento central nos plantea a Coryo tratando de regresarle a su casa la gloria de los tiempos previos a la guerra mediante la transformación de su tributo Lucy Gray en un espectáculo. Esto funciona para mostrar la personalidad manipuladora del personaje, pero la idea se diluye cuando se empiezan a introducir las subtramas: tenemos a un chico procedente de los distritos con sus propios conflictos internos llamado Sejanus Plinth (Josh Andrés Rivera), el odio del Decano Highbottom hacia Snow y la amenaza constante de la Doctora Gaul. El hilo conductor se pierde y el retrato del Presidente Snow que se buscaba construir termina siendo impreciso pues por momentos llegas a simpatizar con él. Al final se utiliza el romance para intentar dirigir nuevamente la cinta hacia el ascenso al poder del personaje pero esto se siente apresurado. La película está atascada, los cineastas copian imágenes del libro pero sin darles el suficiente tiempo para desarrollarse o impactar al espectador.

La subtrama con peor desarrollo y más importancia es el romance entre Coryo y Lucy Gray. Desde el material de origen la relación entre ambos personajes se siente forzada, sin embargo la adaptación no hace nada para mejorar esto: recorta las interacciones de los personajes e intenta construir un romance profundo a partir de un par de escenas. Tom Blyth (Benediction) y Rachel Zegler (¡Shazam! La furia de los dioses) hacen su mejor esfuerzo en pantalla y tienen mucha química, pero al final no entendemos las decisiones de sus personajes y el desenlace de su relación se siente gratuito.

Quienes se roban la película son Viola Davis (AIR: La historia detrás del logo) y Peter Dinklage (Cyrano). Viola entrega un personaje sobreactuado pero consistente con el universo de Los juegos del hambre; es impresionante verla pasar de carcajadas malévolas a miradas frías y aterradoras. Dinklage, por otra parte, interpreta un personaje conflictuado y melancólico que le sienta bastante bien a la emotividad en las expresiones faciales del actor.

Los Juegos del Hambre: Balada de pájaros cantores y serpientes es una precuela para fans. Quienes sean ajenos a todo este universo y busquen entrar en esta historia difícilmente podrán hacerlo a través de esta película pues no se molesta en explicar nada; aquí se le presta más atención a una subtrama romántica y se intenta utilizar la excusa de un corazón roto como justificación de las acciones del futuro villano. Los apartados técnicos y el elenco secundario hacen mucho más disfrutable la experiencia, pero aun así por momentos llega a sentirse demasiado larga. Regresar a un universo tan rico y complejo siempre es interesante, sin embargo Balada de pájaros cantores y serpientes ofrece muy poco.

“Los Juegos del Hambre: Balada de pájaros cantores y serpientes” ya se encuentra disponible en cines.