Después de una fuerte campaña de marketing que incluía a la actriz Sidney Sweeney leyendo pasajes de la Biblia o citas de sitios cristianos llamándola blasfema, al fin llega a cines mexicanos Inmaculada (o Immaculate), del director Michael Mohan, la nueva película de terror que promete ser provocadora e irreverente en partes iguales; pero, ¿realmente el escándalo fue para tanto?

La historia sigue a una joven monja estadounidense (Sweeney, también productora de la cinta), quien viaja a Italia para tomar sus votos y se aloja en un pequeño convento dedicado al cuidado de monjas ancianas. Sin embargo, conforme pasan los días descubre que el lugar oculta un terrible secreto.

Hay muchos temas interesantes en la cinta, ante todo la autonomía corporal femenina. El convento es el escenario ideal para explorar la pérdida de control sobre el cuerpo, no solo por la naturaleza misma de la institución, sino por el funcionamiento de éste en particular, en el cual las monjas jóvenes cuidan a las viejas, quienes están allí para pasar sus últimos días. Se genera una dinámica en la cual el valor de la mujer está en su juventud y se la ignora una vez pasada esta etapa, lo cual es un ángulo prometedor. Lastimosamente, justo en eso se queda gran parte del potencial de Inmaculada, tanto en ideas como en ejecución, pues el convento permanece como telón de fondo y los temas se diluyen debido a la falta de enfoque.

El propio Mohan ha dicho que varias de las influencias de la película son clásicos estadounidenses de los 70 (en especial El bebé de Rosemary) y el giallo italiano, subgénero del terror antecesor del slasher caracterizado por una explotación exagerada de la estética, tramas llenas de sangre y giros extremos. Esto es visible en varias decisiones: no solo en un guion acomodado perfectamente a sus convenciones, sino en la edición caótica llena de cortes y el abrumadoramente explícito score (incluso se usa una pieza musical con sintetizador de Bruno Nicolai en una secuencia).

Sin embargo, en lugar de parecer un homenaje o una réplica de ese cine, el director parece tener miedo de comprometerse con sus referencias, lo cual provoca que el resultado final se sienta más como una cinta hecha por un fan del género que trató de meter elementos del mismo sin realmente entenderlo. El principal indicador de esto es la fotografía, la cual es bonita pero para nada va en sintonía con el resto de elementos. Los planos, los movimientos de cámara, el uso de lentes, todo se siente extremadamente moderno, sobrio en relación a la trama y los demás aspectos técnicos. Hay una fuerte disonancia (no en el buen sentido) entre la historia, la música y lo mostrado en pantalla, lo cual mantiene a la cinta lejos de la euforia que busca la trama.

Esta falta de compromiso como ejercicio estético nos deja con un trabajo muy vacío, pues a nivel historia o personajes no ofrece mucho. El personaje de Sidney Sweeney (Con todos menos contigo) es completamente plano y no conocemos gran cosa de ella fuera de que su devoción deriva del hecho de haber sobrevivido a un accidente. No hay mucha evolución o crecimiento, solo funciona como sustituta de la audiencia ante los extraños acontecimientos presentados en pantalla.

A esto se suma una revelación final tramposa e inverosímil, algo que no quedaría mal si la película se ciñera a las convenciones del giallo (donde abundan este tipo de finales), pero como decide tomar un acercamiento más solemne, el final termina sintiéndose ridículo y fuera de lugar. La película se toma demasiado en serio a sí misma, como si pretendiera ser una cinta del ridículamente llamado “horror elevado” en lugar de aceptar su propia naturaleza. La falta de comprensión del género da como resultado una propuesta tímida con crisis de identidad y una desconexión absoluta entre su guion y su dirección.

Con esto no quiero decir que no se puedan mezclar estilos clásicos con modernos de forma coherente, Pearl o Maligno son el claro ejemplo de cómo hacer esto bien; sin embargo, un ejercicio así de ambicioso requiere un director con una visión clara sobre cómo usar dichos elementos en favor de su cinta y pensar en por qué cautivaron a la audiencia en primer lugar. En este sentido, esta película comete errores similares a El exorcista: creyentes: se enfoca en los aspectos superficiales del cine al cual homenajea en lugar de comprender las razones por las cuales dichas obras son clásicos.

Esto es una lástima, pues se nota el compromiso de Sweeney con su historia, tanto en el rol de actriz como el de productora, pues trajo este proyecto a la vida con mucho cariño. Pese a tener una campaña de marketing que le hace honor a su nombre, Inmaculada se queda corta en cuanto a su promesa blasfema y terrorífica debido a una dirección incapaz de explotar su potencial. Si buscas otra cinta con monjas, embarazos perturbadores y referencias religiosas (y prácticamente la misma sinopsis), pero una ejecución impecable, te recomendaría mejor ver La primera profecía.

“Inmaculada” ya está disponible en cines mexicanos.