Aunque todo mundo sabe que Christopher Nolan ganará el Oscar 2024 a Mejor Dirección, el nominado que también merecería estar en esa pelea es Jonathan Glazer, quien en The Zone of Interest nos dio un trabajo para la posteridad. Tal vez ahora no se le reconozca, pero el tiempo elevará esta dirección como una de las más vitales de la década.

En The Zone of Interest, Jonathan Glazer creó una película estremecedora sobre cómo los perpetradores no sienten remordimiento al cometer un genocidio, es un estudio sobre nuestra capacidad para la violencia y de cómo la sociedad puede vivir como si nada estuviera pasando mientras miles de personas son asesinadas. 

Después de leer la novela de Martin Amis que plantó las semillas para la producción de esta película y ver la casa en donde vivía la familia del comandante Rudolf Höss a un lado del campo de concentración de Auschwitz, Glazer decidió contar su historia desde ese lado del muro. Para ello, comisionó a archivistas para ayudarle a buscar toda mención sobre la familia y su forma de vida; el director pasó entre dos y tres años sumergido en los archivos del Museo estatal Auschwitz-Birkenau para ensamblar su historia.

En el testimonio de un jardinero llamado Stanislav Dubel, Glazer descubrió la insistencia de Hedwig (interpretada por Sandra Hüller en la película) por quedarse en su casa junto a Auschwitz tras enterarse de que iban a transferir a su esposo: se rehúsaba a irse y dijo que la tendría que arrastrar para sacarla. “Sentí que ese iba a ser el axioma de todo”, explicó Glazer a Screen International en una entrevista. “La idea de que su vida hogareña, su felicidad, su jardín, su casa, era demasiado maravillosa como para renunciar a ella. La disociación era tan extraordinaria”.

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Con ayuda del diseñador de producción Chris Oddy, Glazer reconstruyó la casa de los Höss a 50 metros de Auschwitz y ahí realizó el rodaje, mismo que duró 55 días a lo largo de 18 meses. Glazer y su cinefotógrafo Łukasz Żal colocaron 10 cámaras dentro y fuera de la casa y procedieron a filmar a los actores en largas e ininterrumpidas tomas para así capturar el realismo de la vida cotidiana de los personajes, casi a manera de documental. 

Pero aquí también entra la importancia del diseño sonoro (que explicamos a detalle en este análisis). Glazer filmó de tal manera que tuviera dos películas: la película que ves y la película que escuchas. “Si cierras tus ojos, verás la película que escuchas”, dijo Glazer en una entrevista con Indiewire. A través de una atmósfera sonora precisa y calibrada de tal manera que la audiencia pueda comprender el horror detrás del muro, el director logró que el sonido contara una historia propia.

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“The Zone of Interest” | Cortesía de A24

Fue una experiencia emocionalmente devastadora en la que Glazer y su equipo tenían la tarea de cuidar todo detalle sobre la perpetración del genocidio, comunicar el complicado mensaje y honrar a las millones de personas que ahí murieron. Entre tanta oscuridad, el director estaba “desesperado” por luz, necesitaba incluir algo que mostrara que no todo era una terrible oscuridad. Y la encontró al hablar con una sobreviviente polaca de la guerra que, cuando tenía 14 años se unió a la resistencia (la AK) y durante las noches, escondía frutas en los sitios de construcción para los prisioneros de Auschwitz. “Fue algo tan simple y sagrado, personalmente fue muy importante para mí escuchar y sentir la luz en alguien”, dijo en una entrevista para el podcast Kermode & Mayo’s Take.

Glazer nos muestra este gigantesco acto de heroísmo a través de una cámara termográfica que, además de preservar la filosofía de solo utilizar luz natural en el rodaje, le dio un toque de modernidad a la película para recordarnos que las ideas de los años 40 ya se comienzan a repetir en la actualidad; también creó un escalofriante contraste con el mundo de Höss, pues por la forma, da la impresión de que este acto de bondad ocurre en una dimensión completamente distinta a la de los protagonistas, una en donde sí existe la empatía por este grupo de seres humanos.

Esta es solo una probadita del calibre directorial de Jonathan Glazer, quien no ganará el Oscar a Mejor Dirección pero cuyo trabajo en The Zone of Interest seguirá resonando con fuerza por muchos años. Después de todo, los sistemas de maldad que retrata ya no son cosa del pasado. Están aquí, repitiendo los sonidos del genocidio.