En la publicidad de El color púrpura viene la frase “una nueva y audaz versión del aclamado clásico”, refiriéndose claramente a la película del mismo nombre que Steven Spielberg dirigió en 1985. Esta afirmación es un arma de doble filo, pues la película original es un clásico justo por una razón y un recuento de la misma historia siempre llevará a la pregunta: ¿qué justifica la existencia de esta reciente interpretación? Afortunadamente, la cinta del director Blitz Bazawule no solo no le pide nada a su contraparte ochentera, sino que le da  nueva vida a su relato de resistencia y compasión.

Esta es la historia de Celie (interpretada en la adolescencia por Phylicia Pearl Mpasi y en la adultez por ​​Fantasia Barrino). Su vida no es fácil: tras la muerte de su madre (Aunjanue Ellis-Taylor), su padre abusó sexualmente de ella. Como resultado de esto tuvo dos hijos que fueron regalados. Su única compañía es su hermana Nettie (Halle Bailey), de quien también es alejada al ser vendida en matrimonio con un hombre abusivo y ruin (Colman Domingo). En su camino de autodescubrimiento se topa con distintas personas, entre ellas Sofia (Danielle Brooks), una mujer implacable de fuerte carácter, y la seductora Shug Avery (Taraji P. Henson), quien disfruta la vida como si no hubiera mañana.

Con esta sinopsis uno esperaría un dramón doloroso, lleno de sufrimiento, lágrimas y abnegación. De hecho, la obra de Spielberg, aunque tiene muchísimas virtudes, caía un poco en esto. Acá, el director ghanés Blitz Bazawule prefiere darle espacio a la esperanza y los momentos felices que a la melancolía. Si bien los puntos dramáticos son similares, el tono y el cómo se aborda la historia no es por medio del victimismo, sino del empoderamiento. Como bien lo explica una de las canciones iniciales, “la vida nunca puede destruir tu espíritu”. Tal vez sea un mensaje algo ingenuo, pero se agradece el alejamiento de la tristeza y miseria al cual son relegadas las historias sobre minorías (usualmente dirigidas por gente blanca).

Esto es en gran parte a la interpretación de Fantasia Barrino, quien hace su debut en pantalla como Celie, papel al cual igual dio vida en el teatro. Era un gran reto estar a la altura de Whoopi Goldberg, quien dio vida al personaje hace más de 30 años, pero la protagonista de Fantasia es una mujer completamente diferente, acoplada a la nueva visión de la historia. Su Celie no se queda callada todo el tiempo, oculta y sumisa, con miedo del mundo. Si bien estos elementos están presentes en ciertos momentos, tiene una fuerza y curiosidad que le dan más control al personaje sobre su vida. Ayuda mucho definitivamente la sustitución del monólogo interno de la original por poderosos números musicales hechos para explotar el rango vocal de Barrino.

Esto nos lleva al siguiente punto: de manera similar a la más reciente encarnación de Chicas pesadas, esta es una adaptación de un musical de Broadway basado en El color púrpura original. Esto obliga a acelerar ciertas partes o modificar el orden de los acontecimientos para compensar el tiempo dedicado a las canciones. Si bien el desarrollo del personaje de Domingo (Rustin) es el más afectado debido a esto (sobre todo rumbo al final), la mayoría de cambios son en beneficio de la historia y hacen que fluya de forma orgánica en este nuevo género.

El resto del elenco igual ayuda a hacer creíbles los cambios drásticos en sus personajes ante la aceleración de la historia. Danielle Brooks (El pacificador) transmite fuerza pero también muchísimo carisma como Sofia, sobre todo en una vulnerable confesión a Celie durante una comida. Tras ser una gran Ariel en La sirenita, Halle Bailey nos da otra interpretación encantadora como Nettie, además de usar sus talentos para uno de los números musicales más divertidos. Sin embargo, quien se roba el show es Taraji P. Henson (Figuras ocultas) quien hace suyo el personaje de Shug: la convierte en un imán de miradas, una luz que no solo inspira a Celie, sino también a la audiencia. Su interpretación del clásico Miss Celie’s Blues (canción nominada al Oscar de la versión original) muestra su carisma, vulnerabilidad, empatía y sensualidad.

Ahora, es importante resaltar también que esta versión tampoco es tan “audaz” como el marketing promueve: los temas queer sugeridos levemente en la original están un poco más presentes, pero igual se sienten tímidos (quizás por la clara óptica cristiana de la película); la redención y perdón frente al abuso sigue siendo un tema que es resuelto con mucha facilidad; finalmente, su mensaje sigue sintiéndose un poco romantizado, a diferencia de trabajos recientes más complejos sobre mujeres negras, como A Thousand and One, La mujer rey o Clemency

Sin embargo, aún con esto en mente, El color púrpura construye una identidad propia lejos de la sombra de su predecesora. Sus números musicales están llenos de energía, sus actuaciones son memorables y mantiene el mensaje de encontrar alegría incluso en los momentos más oscuros. Tal vez un día podamos tener una versión realmente más arriesgada, pero esta es una bienvenida reimaginación con una voz distinta que celebra la resistencia frente a la adversidad.

“El color púrpura” está nominada al Oscar 2024 a Mejor Actriz de Reparto y ya está disponible en cines mexicanos.