En 1984, Dan Aykroyd y Harold Ramis escribieron la película original de Los Cazafantasmas. La dirección de Ivan Reitman fue clave para convertir una comedia sobre científicos obsesionados con lo paranormal en un fenómeno de la cultura popular. El hijo de Ivan, Jason Reitman, regresó en 2021 con una secuela de la película original que retomó las imágenes del clásico ochentero para presentarlo ante las audiencias modernas. Ahora, cobijado por Jason, el director Gil Kenan (Monster House) entrega Ghostbusters: Apocalipsis fantasma (Ghostbusters: Frozen Empire), una nueva aventura donde se reúnen dos generaciones de cazadores de fantasmas.

La familia Spengler está de vuelta en la mítica estación de bomberos de la ciudad de Nueva York. Tras un incidente con varios destrozos, Phoebe (McKenna Grace), nieta de uno de los fundadores de los Cazafantasmas, es relegada de las misiones de campo hasta cumplir la mayoría de edad, esto para no ponerla en peligro. Por otra parte, el doctor Ray Stantz (Dan Aykroyd) recibe un extraño orbe que en su interior contiene una terrible amenaza para la humanidad.

Esta nueva aventura de los cazafantasmas es un caos narrativo: en la película anterior vimos el protagonismo de Phoebe, ella es el nexo entre la nueva y la vieja generación de cazadores, y aquí la trama principal gira alrededor de su crecimiento como persona pero queda completamente enterrada pues el guion, escrito por Jason Reitman y Gil Kenan, le quiere dar la misma importancia narrativa a cada uno de los 12 personajes que vemos desfilar en pantalla sin concentrarse realmente en ninguno. Brincamos entre cada uno de ellos, sus subtramas y problemas pero todos pierden fuerza. Por ejemplo, la relación entre la madre de Phoebe y Gary se toca de forma superficial y ni siquiera se aclara si son novios, se casaron o solamente viven juntos, nada. A Finn Wolfhard (It), Logan Kim y Celeste O’Connor (Madame Web), cuyos personajes fueron introducidos en el filme anterior, los podríamos sacar de la película y no pasaría absolutamente nada. Los cazafantasmas originales aparecen muy poco y su presencia se siente más como un cameo alargado.

Las referencias a las películas clásicas son un gran distractor pues el director parece más enfocado en destacar cada homenaje al pasado de la franquicia y no a contar la historia de esta cinta. En Ghostbusters: El legado los guiños eran sutiles al inicio y hacia el final se desbordaron de forma descarada, en Apocalipsis fantasma todo el tiempo tenemos alusiones a objetos, tecnología, personajes o momentos importantes de la franquicia pero, a menos de que seas un fanático de hueso colorado y tengas frescos los filmes anteriores, las referencias no funcionan y son un distractor.

Pese a lo atropellado de su arco de personaje, McKenna Grace (Gifted) carga con el peso dramático del filme pues interpreta a una adolescente llena de miedos, inseguridades e ira que descarga de manera indiscriminada contra quien se le ponga enfrente. Phoebe busca ser tratada como un adulto pero no se detiene a disfrutar su juventud, desgraciadamente el guion no profundiza en lo absoluto más allá de este planteamiento inicial y resuelve todo de forma mágica con el poder de la familia. Paul Rudd (Ant-Man and the Wasp: Quantumanía) y Carrie Coon (Gone Girl) tienen una química increíble y su dinámica dentro del filme es muy divertida, desgraciadamente muchos de sus chistes y gags llegan en momentos desafortunados pues le quitan la seriedad a las situaciones más importantes de la película.

De la vieja guardia de cazafantasmas quien más se divierte y entiende el tono de la película es Dan Aykroyd (The Blues Brothers). Su personaje quiere regresar a la acción, volver a ponerse un traje y una mochila de protones pero al final comprende la necesidad de pasar la antorcha a una nueva generación. Bill Murray (The French Dispatch), por su parte, pareciera detestar aparecer en estas películas: su personaje tiene dos escenas con pocas líneas de diálogo, no cambia la expresión aburrida de su rostro y se siente incómodo todo el tiempo; su presencia puede hacer felices a los fanáticos más acérrimos de la franquicia pero al final queda en un guiño a la cinta original que no tiene nada de divertido.

Ghostbusters: Apocalipsis fantasma se siente como un retroceso por parte de la amada franquicia ochentera. En lugar de mirar hacia delante y concentrar la acción en los personajes más jóvenes, los guionistas prefieren quedarse en el pasado y llenar la pantalla de guiños a la película de 1984. McKenna Grace mantiene viva la llama de la nueva generación de cazafantasmas con un personaje complejo mientras que Dan Aykroyd comprende que es momento de pasar la antorcha y se divierte en el proceso regalándonos algunos de los mejores momentos del doctor Ray. Por desgracia el exceso de chistes y referencias convierten la película en una masa de nostalgia poco efectiva.

“Ghostbusters: Apocalipsis fantasma” ya está disponible en cines mexicanos.